Capitulo 16
El
sol de Andalucía era diferente a cualquier otro, estaba en
casa. Me resultaba extraño no tener que hablar
continuamente en Ingles, era refrescante poder enterarme a la primera
de todo lo que se hablaba a mi alrededor.
No
me sentí con fuerzas de soportar un largo viaje en autobús, por las
ardientes carreteras de la costa. En el sobre me quedaba
bastante dinero, lo cambie por euros, estaba muy satisfecha de mi
independencia, hice un trato con un taxista y él me llevaría
directamente a casa.
Me
dormí en el largo trayecto, llegue ya anocheciendo, mi cuerpo estaba
totalmente desfasado. Estaba rota por el largo viaje, me había
llevado casi dos días de viaje llegar a casa.
Mis
piernas estaban hinchadas, cogí mi socorrida maleta roja, me había
acompañado en mi increíble aventura. Borre el pensamiento de un
plumazo, ya había llorado como para llenar un pantano.
Escapo
de mis labios un suspiro de alivio, al ver mi casa, mi refugio.
Deseaba estar con mi madre con locura, ella era muy sabía a su
manera. Siempre contenta y optimista, ningún problema podía con
ella, era mi puntal en mi vida. Mi padre mis muletas para poder
sobrellevarlo todo, era bueno estar en casa.
Entre
con un vendaval los pille viendo las noticias y cenando. Se
levantaron como si tuviesen un resorte. Gritos, besos y abrazos, mis
tías no tardaron en llegar despavoridas, mas besos y achuchones, no
entendía nada de lo que decían, parecía que estaba dentro de un
gallinero, si desde luego era bueno estar en casa.
Mi
madre se dio cuenta de que algo me pasaba, estaba muy cansada y con
los ojos rojos, despidió sin mucho miramiento a las visitas y me
metió en la cama con un vaso de leche caliente. Se sentó a mi lado,
en la penumbra de mi habitación.
-¿Qué
te ha pasado amor?-tomo mi cara entre sus manos.
-¡Oh,
mama…!-estaba realmente angustiada, mi voz era casi un susurro.
-No
te preocupes, mañana todo será mejor, ahora estas en casa-ella todo
lo arreglaba así, todo era mejor para ella al día siguiente.
Me acurruque en mi cama, caliente, calida
y sobre todo conocida. No pude evitar pensar en él, su voz que me
erizaba la piel, su sonrisa que siempre me hacia reír, lo bien
que le sentaba la ropa y lo bien que estaba sin ella, una punzada de
dolor, al recordar como me besaba, como si le fuese la vida en ello.
Encontrar a la pareja ideal era casi
imposible, yo por un tiempo había creído que había hallado la mía.
Reaccionaba como yo por impulsos y sexualmente estábamos conectados.
No necesitábamos hablar para decirnos las cosas, o podíamos hablar
durante horas. Con una sola caricia nos encendíamos, a veces una
mirada bastaba.
Pero mi futuro con él era imposible, yo
no encajaba allí y desde luego él en mi pueblo minúsculo aún
menos. Esto era mi realidad, la suya estaba a miles de Kilómetros.
Mi móvil seguía muerto sobre mi mesilla
de noche, tenía que encenderlo para hablar con Charlie y disculparme
con Dani, pero aún no estaba preparada.
Las horas pasaban, pero a pesar del
cansancio no conseguía dormirme, seguía mirando fijamente mi
móvil, como esperando que cobrase vida propia. Sabía que me moría
de ganas de saber si Marc me había llamado, si se acordaba de mí.
Me daba vergüenza saber lo que pensaba de mí.
Realmente me había comportado como una
niñata inmadura, que no había sido capaz de tomar su puesto, en el
corazón de un chico que se lo había pedido cada día. Siempre
escondida y atemorizada por el que dirán.
Estaba cansada de ser tan cobarde, otras
chicas habían salido con famosos y no pasaba nada. La seguían un
poco y ya esta, pero no podía olvidar el escarnio publico que vivían
algunas. Y desde luego las fans de Marc eran terribles. Se me
lanzarían al cuello enseguida y los periodistas me harían trizas.
Tenía un gran complejo de inferioridad,
no me sentía a la altura de las circunstancias.
-Marc
te quiero- escapo de mis labios.
Esa era mi verdad, lo querría siempre.
Antes de caer en el bendito sueño del olvido, le desee lo mejor.
Dormí casi dos días, la verdad es que no
quería levantarme, para mí el día siguiente no había traído nada
bueno. Mi corazón seguía roto en mil pedazos.
-Sea
lo que sea, lo que te haya pasado en la cama no lo vas a solucionar.
Mi padre ya estaba cansado de esperar, me
arrastre fuera de la cama, mi pelo era un total revoltijo, un nido de
rata tenía mejor aspecto. Necesitaba una ducha.
-La
bella durmiente se ha despertado-me dijo mi padre desde el sillón.
Mi madre en seguida me puso todo lo que
había por la cocina, platos que no pensaba tocar. Pero mi estomago
protesto, me obligue a probar bocado.
Cuando pude meterme bajo la ducha
fue el paraíso, quise lavar toda la tristeza y el dolor de mi
cuerpo, no pude evitar echarme a llorar de nuevo. Mis padres me
esperaban angustiados, no me atreví a mirarlos a la cara, mi casa
ahora me parecía un sitio pequeño y muy pasado de moda.
Solo había pasado unos días en el lujo,
pero desde luego era muy fácil acostumbrarse. Otra puntilla mas para
el ataúd de mi corazón, no podía imaginarme a Marc sentado en ese
minúsculo salón, rodeado de tapetitos blancos.
-¿Qué
te ha pasado, niña?-mi padre se estaba enfadando.
-Nada
la historia de mi vida, un mal de amores- trague saliva con
dificultad-ya se me pasara.
-¿Eso
nada mas?-me miraban incrédulos.
No estaba preparada para contar mi
historia aún, mis labios se negaron a abrirse para dar una
explicación. Mi padre comprendió enseguida mi actitud, hablaría
cuando estuviese preparada, salio de la casa en silencio.
Me sorprendí que cerrara la puerta tras
él, siempre estaba abierta. Mi familia se había puesto de luto
conmigo, nadie nos molestaría mientras yo quisiera, ame más a mis
padres por eso.
-¿Cómo
se llama?-mi madre me sobresalto, estaba ensimismada en mis
pensamientos.
-Marc
Lewis- lo dije sin pensar.
Enseguida me tranquilice, mi madre no
sabía de quien estaba hablando, no veían programas del corazón.
-¿Es
de buena familia?-mi madre estaba desesperada por sacarme
información.
-Si,
su padre vende casas, su madre es muy simpática y tiene dos
hermanas.
-¿Es
de Francia?
No pude evitar reírme, mi madre al oír
el nombre del pueblo “French Lick” había dado por hecho que
estaba en Francia, sabía que era tiempo perdido explicarle en que
lugar de mundo estaba.
-¿No,
es Ingles?-se me quebró la voz.
-¿Cómo
es?
-Es
muy guapo, muy alto, como el tío Antonio. Tiene los ojos muy azules
y sonríe sin parar, es muy trabajador y atento…
-¿Va
a venir?
-No
mama, no va a venir-rompí a llorar- porque soy una estúpida.
Mi madre me abrazo, y aguanto mi llanto,
me sentí como una niña pequeña, por todos los medios intente
recomponerme.
-Ya
esta mama, ya pasó.
-Si
es tú destino, será para ti. Todo pasara cuando tenga que pasar.
Cuando hablaba así parecía una bruja, me
dejo para trajinar en la cocina. Todo lo que decía había que
tenerlo muy en cuenta, era una mujer muy sabía.
Mi móvil, pesaba en mi bolsillo, decidí
abrirlo, mi buzón estaba saturado, no quise mirar ninguno, le dí al
numero de Charlie.
-¡Mi
amor! ¿Dónde estas, no he podido localizarte?-hablaba
atropelladamente.
-Estoy
en casa.
-Lo
siento, lo siento. Tuve que decírselo, ese gigantón me dio un miedo
terrible.
-¿Qué
gigantón, que le has dicho?-me estaba asustando.
-Un
moreno gigantesco, le dije que Salvador sabría donde estabas-replico
avergonzado- me zarandeó, me dio mucho miedo.
-Debe
de ser Dani-trague saliva-¿Marc no iba con él?
-No
querida… ¿Qué te ha hecho ese cerdo?
-No,
me ha hecho nada.
Me llevo un buen rato tranquilizarle,
contarle mi versión de los hechos. No me esperaba que Charly
lo defendiese, pensaba que había hecho muy mal dejándole. Yo no
quería oír aquello, me sentí mal durante todo el día, ¿me habría
precipitado?
Abrí las puertas de casa, mis primas
invadieron mi casa. Todas querían escuchar mis aventuras, yo no
tenía ningunas ganas, ni tampoco quería mentir. Les dí largas, se
fueron decepcionadas.
Mis tías pasaron de mi, fueron directas a
la fuente de la información mi madre. Huí de casa, me fui a
pasear por la orilla del mar, la tristeza me volvió a embargar, esta
era la playa donde me imaginaba a Marc.
Mis días eran muy sencillos, ayudaba a mi
madre en casa y pasaba todas las tardes con mis primas en la playa.
En unos pocos días mi piel se había bronceado. Estaba mas gordita,
mi madre pensaba que para el mal de amores un buen plato, era la
mejor medicina.
Mi padre me seguía mirando con recelo, no
sabía lo que le habían contado. Pero no soportaba ver mi cara
triste, a él no podía engañarlo. Estaba devastada, había dejado
pasar mi tren de la felicidad, tenía en mi haber demasiados
fracasos, pero ninguno como aquel, esto había sido amor verdadero.
Se sentía culpable por haberme animado a
partir, era yo la que había tomado mis propias decisiones, era yo la
que tenía toda la culpa. Ahora lloraría como una viuda el amor
perdido. No sabía cuanto me llevaría reponerme, lo mas
probable que nunca lo hiciera.
Me aterraba imaginarme dentro de unos años
vieja y ajada, como la Señora Ana, loca de amor, llorando toda la
vida por las calles. Un novio la dejo y nunca se repuso, se volvió
loca. ¿Era ese mi destino?
Los días pasaban con pasmosa lentitud,
esa mañana me encontraba intranquila, nada era capaz de distraerme.
La televisión era tediosa a aquella hora.
-Irene,
hay un extranjero en la plaza, nadie lo entiende.
Me había convertido en la traductora del
pueblo, muchos guiris se perdían por aquellas carreteras
interminables, en el desierto. El sol quemaba de verdad, me
gustaba hablar en Ingles, me había acostumbrado y me encantaba poder
ayudar a la gente.
Era un coche alquilado, el que obstruía
la calle principal del pueblo, un chico alto, desgarbado, rubio…
El corazón se me paro, Marc estaba en mi
pueblo, en mi plaza y estaba esperándome. Me acerqué muy despacio,
me daba miedo pensar que mi mente se había inventado aquel
espejismo.
-¿Marc…?
-¡Me
van a salir canas por tu culpa!- Me envolvió en sus brazos.