viernes, 7 de septiembre de 2012

Un beso en Londres Capitulo 16


Capitulo 16


El sol de Andalucía era diferente a cualquier otro,  estaba en casa. Me resultaba extraño no  tener que  hablar continuamente en Ingles, era refrescante poder enterarme a la primera de todo lo que se hablaba a mi alrededor.
No me sentí con fuerzas de soportar un largo viaje en autobús, por las ardientes carreteras de la costa. En el sobre me quedaba  bastante dinero, lo cambie por euros, estaba muy satisfecha de mi independencia, hice un trato con un taxista y él me llevaría directamente a casa.
Me dormí en el largo trayecto, llegue ya anocheciendo, mi cuerpo estaba totalmente desfasado. Estaba rota por el largo viaje, me había llevado casi dos días de viaje llegar a casa.
Mis piernas estaban hinchadas, cogí mi socorrida maleta roja, me había acompañado en mi increíble aventura. Borre el pensamiento de un plumazo, ya había llorado  como para llenar un pantano.
Escapo de mis labios un suspiro de alivio, al ver mi casa, mi refugio. Deseaba estar con mi madre con locura, ella era muy sabía a su manera. Siempre contenta y optimista, ningún problema podía con ella, era mi puntal en mi vida. Mi padre mis  muletas para poder sobrellevarlo todo, era bueno estar en casa.
Entre con un vendaval los pille viendo las noticias y cenando. Se levantaron como si tuviesen un resorte. Gritos, besos y abrazos, mis tías no tardaron en llegar despavoridas, mas besos y achuchones, no entendía nada de lo que decían, parecía que estaba dentro de un gallinero, si desde luego era bueno estar en casa.
Mi madre se dio cuenta de que algo me pasaba, estaba muy cansada y con los ojos rojos, despidió sin mucho miramiento a las visitas y me metió en la cama con un vaso de leche caliente. Se sentó a mi lado, en la penumbra de mi habitación.
-¿Qué te ha pasado amor?-tomo mi cara entre sus manos.
-¡Oh, mama…!-estaba realmente angustiada, mi voz era casi un susurro.
-No te preocupes, mañana todo será mejor, ahora estas en casa-ella todo lo arreglaba así, todo era mejor para ella al día siguiente.
         Me acurruque en mi cama, caliente, calida y sobre todo conocida. No pude evitar pensar en él, su voz que me erizaba la piel, su sonrisa que siempre me hacia reír,  lo bien que le sentaba la ropa y lo bien que estaba sin ella, una punzada de dolor, al recordar como me besaba, como si le fuese la vida en ello.
         Encontrar a la pareja ideal era casi imposible, yo por un tiempo había creído que había hallado la mía. Reaccionaba como yo por impulsos y sexualmente estábamos conectados. No necesitábamos hablar para decirnos las cosas, o podíamos hablar durante horas. Con una sola caricia nos encendíamos, a veces una mirada bastaba.
         Pero mi futuro con él era imposible, yo no encajaba allí y desde luego él en mi pueblo minúsculo aún menos. Esto era mi realidad, la suya estaba a miles de Kilómetros. 
         Mi móvil seguía muerto sobre mi mesilla de noche, tenía que encenderlo para hablar con Charlie y disculparme con Dani, pero aún no estaba preparada.
         Las horas pasaban, pero a pesar del cansancio no conseguía dormirme, seguía mirando fijamente  mi móvil, como esperando que cobrase vida propia. Sabía que me moría de ganas de saber si Marc me había llamado, si se acordaba de mí. Me daba vergüenza saber lo que pensaba de mí.
         Realmente me había comportado como una niñata inmadura, que no había sido capaz de tomar su puesto, en el corazón de un chico que se lo había pedido cada día. Siempre escondida y atemorizada por el que dirán.
         Estaba cansada de ser tan cobarde, otras chicas habían salido con famosos y no pasaba nada. La seguían un poco y ya esta, pero no podía olvidar el escarnio publico que vivían algunas. Y desde luego las fans de Marc eran terribles. Se me lanzarían al cuello enseguida y los periodistas me harían trizas.
         Tenía un gran complejo de inferioridad, no me sentía a la altura de las circunstancias.
-Marc te quiero- escapo de mis labios.
         Esa era mi verdad, lo querría siempre. Antes de caer en el bendito sueño del olvido, le desee lo mejor.

         Dormí casi dos días, la verdad es que no quería levantarme, para mí el día siguiente no había traído nada bueno. Mi corazón seguía roto en mil pedazos.
-Sea lo que sea, lo que te haya pasado en la cama no lo vas a solucionar.
         Mi padre ya estaba cansado de esperar, me arrastre fuera de la cama, mi pelo era un total revoltijo, un nido de rata tenía mejor aspecto. Necesitaba una ducha.
-La bella durmiente se ha despertado-me dijo mi padre desde el sillón.
         Mi madre en seguida me puso todo lo que había por la cocina, platos que no pensaba tocar. Pero mi estomago protesto,  me obligue a probar bocado.
         Cuando pude meterme bajo la ducha  fue el paraíso,  quise lavar toda la tristeza y el dolor de mi cuerpo, no pude evitar echarme a llorar de nuevo. Mis padres me esperaban angustiados, no me atreví a mirarlos a la cara, mi casa ahora me parecía un sitio pequeño y muy pasado de moda.
         Solo había pasado unos días en el lujo, pero desde luego era muy fácil acostumbrarse. Otra puntilla mas para el ataúd de mi corazón, no podía imaginarme a Marc sentado en ese minúsculo salón, rodeado de tapetitos blancos.
-¿Qué te ha pasado, niña?-mi padre se estaba enfadando.
-Nada la historia de mi vida, un mal de amores- trague saliva con dificultad-ya se me pasara.
-¿Eso nada mas?-me miraban incrédulos.
         No estaba preparada para contar mi historia aún, mis labios se negaron a abrirse para dar una explicación. Mi padre comprendió enseguida mi actitud, hablaría cuando estuviese preparada, salio de la casa en silencio.
         Me sorprendí que cerrara la puerta tras él, siempre estaba abierta. Mi familia se había puesto de luto conmigo, nadie nos molestaría mientras yo quisiera, ame más a mis padres por eso.
-¿Cómo se llama?-mi madre me sobresalto, estaba ensimismada en mis pensamientos.
-Marc Lewis- lo dije sin pensar.
         Enseguida me tranquilice, mi madre no sabía de quien estaba hablando, no veían programas del corazón.
-¿Es de buena familia?-mi madre estaba desesperada por sacarme información.
-Si, su padre vende casas, su madre es muy simpática y tiene dos hermanas.
-¿Es de Francia?
         No pude evitar reírme, mi madre al oír el nombre del pueblo “French Lick” había dado por hecho que estaba en Francia, sabía que era tiempo perdido explicarle en que lugar de mundo estaba.
-¿No, es Ingles?-se me quebró la voz.
-¿Cómo es?
-Es muy guapo, muy alto, como el tío Antonio. Tiene los ojos muy azules y sonríe sin parar, es muy trabajador y atento…
-¿Va a venir?
-No mama, no va a venir-rompí a llorar- porque soy una estúpida.
         Mi madre me abrazo, y aguanto mi llanto, me sentí como una niña pequeña, por todos los medios intente recomponerme.
-Ya esta mama, ya pasó.
-Si es tú destino, será para ti. Todo pasara cuando tenga que pasar.
         Cuando hablaba así parecía una bruja, me dejo para trajinar en la cocina. Todo lo que decía había que tenerlo muy en cuenta, era una mujer muy sabía.
         Mi móvil, pesaba en mi bolsillo, decidí abrirlo, mi buzón estaba saturado, no quise mirar ninguno, le dí al numero de Charlie.
-¡Mi amor! ¿Dónde estas, no he podido localizarte?-hablaba atropelladamente.
-Estoy en casa.
-Lo siento, lo siento. Tuve que decírselo, ese gigantón me dio un miedo terrible.
-¿Qué gigantón, que le has dicho?-me estaba asustando.
-Un moreno gigantesco, le dije que Salvador sabría donde estabas-replico avergonzado- me zarandeó, me dio mucho miedo.
-Debe de ser Dani-trague saliva-¿Marc no iba con él?
-No querida… ¿Qué te ha hecho ese cerdo?
-No, me ha hecho nada.
         Me llevo un buen rato tranquilizarle, contarle mi versión de los hechos. No me esperaba que Charly  lo defendiese, pensaba que había hecho muy mal dejándole. Yo no quería oír aquello, me sentí mal durante todo el día, ¿me habría precipitado?
         Abrí las puertas de casa, mis primas invadieron mi casa. Todas querían escuchar mis aventuras, yo no tenía ningunas ganas, ni tampoco quería mentir. Les dí largas, se fueron decepcionadas.
         Mis tías pasaron de mi, fueron directas a la fuente de la información mi madre. Huí de casa, me  fui a pasear por la orilla del mar, la tristeza me volvió a embargar, esta era la playa donde me imaginaba a Marc.     
         Mis días eran muy sencillos, ayudaba a mi madre en casa y pasaba todas las tardes con mis primas en la playa. En unos pocos días mi piel se había bronceado. Estaba mas gordita, mi madre pensaba que para el mal de amores un buen plato, era la mejor medicina.
         Mi padre me seguía mirando con recelo, no sabía lo que le habían contado. Pero no soportaba ver mi cara triste, a él no podía engañarlo. Estaba devastada, había dejado pasar mi tren de la felicidad, tenía en mi haber demasiados fracasos, pero ninguno como aquel, esto había sido amor verdadero.
         Se sentía culpable por haberme animado a partir, era yo la que había tomado mis propias decisiones, era yo la que tenía toda la culpa. Ahora lloraría como una viuda el amor perdido. No sabía cuanto  me llevaría reponerme, lo mas probable que nunca lo hiciera.
         Me aterraba imaginarme dentro de unos años vieja y ajada, como la Señora Ana, loca de amor, llorando toda la vida por las calles. Un novio la dejo y nunca se repuso, se volvió loca. ¿Era ese mi destino?
         Los días pasaban con pasmosa lentitud,  esa mañana me encontraba intranquila, nada era capaz de distraerme. La televisión era tediosa a aquella hora.
-Irene, hay un extranjero en la plaza, nadie lo entiende.
         Me había convertido en la traductora del pueblo, muchos guiris se perdían por aquellas carreteras interminables, en el desierto.  El sol quemaba de verdad, me gustaba hablar en Ingles, me había acostumbrado y me encantaba poder ayudar a la gente.
         Era un coche alquilado, el que obstruía la calle principal del pueblo, un chico alto, desgarbado, rubio…
         El corazón se me paro, Marc estaba en mi pueblo, en mi plaza y estaba esperándome. Me acerqué muy despacio,  me daba miedo pensar que mi mente se había inventado aquel espejismo.
-¿Marc…?
-¡Me van a salir canas por tu culpa!- Me envolvió en sus brazos.


miércoles, 5 de septiembre de 2012

Un beso en Londres Capitulo 15


Capitulo 15

         Estaba totalmente embotada, había encerrado mi tristeza  en un cajón en mi cerebro. Necesitaba mi circuito de embellecimiento, para sentirme mejor. Tome una ducha,  mascarilla en el pelo  y una profunda depilación, cejas incluidas. El ritual me hacía sentirme más segura de mi misma, pero dudaba mucho que esta vez me fuese a valer para algo.
         Evite mirar otra vez mi cama vacía, me enfrentaría de nuevo al mundo, el sol estaba alto y la verdad es que el mundo no deja de girar, pase lo que pase.
         Envuelta en un suave albornoz, el único regalo que estaba utilizando, de los muchos que me había enviado Marc, me decidí por tener un buen desayuno.
         El salón estaba un poco desastre, pareciera que Dani hubiera estado revolviéndolo todo. El susto mayor, me lo lleve al descubrir que había alguien durmiendo en el sofá.   No me llevo nada descubrir de quien se trataba, las manos de Marc las tenía gravadas a fuego en mi corazón.
-Buenos días-le susurre mientras lo zarandeaba un poco.
         Me miró totalmente desorientado,  su mirada estaba desenfocada. El sofá no era muy cómodo, seguro que le dolía todo. Se incorporo lentamente, quejándose de un fuerte dolor de espalda, me encantaba ver su cara hinchada y sonrojada. Me hacía sentirle más real, mas persona corriente con mucho talento, una a la que yo podía amar.
         Le deje quejándose, necesitaba hacer algo, el desayuno era una buena idea. No se lo iba a poner tan fácil.  Un escalofrío de dicha me recorrió, tras tantas horas preguntándome con quien habría dormido, el había estado todo el tiempo al otro lado de la puerta.
         Me sobresalte cuando me envolvió con sus brazos, me di la vuelta lentamente, deseaba ver su cara.
-¿Buenos días?-le rodee el cuello con mis brazos, hasta ahí había llegado lo de hacerle sufrir. ¡Vaya tonta!
-Irene…- su voz ronca me revolvió el alma.
         Tenía por arte de magia mis piernas envolviendo su cintura, cuando estaba con él era incapaz de controlarme. Mi manos entre su pelo, ya estaba perdida.
         En dos zancadas estábamos en mi habitación, me dejo sobre la cama y atranco la puerta.
-Dani se puso muy pesado ayer- una sombra paso por su cara-lo siento mucho-parecía sincero.
-Ven…-no quería saber nada, vivir el momento.
         Le espere de rodillas en la cama, se acerco muy vulnerable. Se quedo de pie junto a mí, comencé a quitarle la camisa. Empezaba a entrarme la prisa.
-¡Hey, hey! Espera, tenemos que hablar- paralizo mis manos-No me creo ni por un segundo, que esto lo dejes pasar.
-¡Ufff...! – no quería pensarlo, ni que él lo pensara, intente liberarme.
-Quiero aclarar las cosas, no quiero mal entendidos entre nosotros.
-¿Me dijiste que era solo publicidad, no?- por qué estaba tan serio.
-¿Qué es ese chico para ti?- evito mirarme a la cara.
         Lo que menos me esperaba en ese momento, los celos de Marc. Yo que había pensado, escucharle tranquilamente y creerme todo lo que me tuviera que decir como una buena chica. No pude evitar la carcajada, se me escapo. Estuve un rato riéndome con una risa histérica, las lágrimas corrían por mis mejillas. Me quedé helada, Marc aún me sujetaba envarado.
-No hay nada, solo un amigo.
         Me soltó las manos y camino por la habitación, empecé a inquietarme. Esto no estaba ocurriendo, me parecía del todo surrealista. En serio estaba molesto, la ira me pillo desprevenida, yo si que le había visto haciendo algo censurable. Bill realmente era solo un amigo, al que le gustaba cogerte como si fueses un fardo. Pero él estaba utilizando a es muchacha en su beneficio.
-Si hubieses estado conmigo, todo esto no habría ocurrido.
-¿Qué es lo que ha ocurrido, según tú?-no estaba segura de querer oírlo.
         Se revolvió  inquieto, y se sentó junto a mí en la cama. Puso su cabeza entre sus manos.
-No puedo comer, ni dormir, siempre estoy pensando en ti-estaba susurrando- Donde voy te imagino conmigo, pero se que tú pasas de mí.
         Me quedé sin habla, ¿qué yo pasaba de mi razón de vivir? Con un movimiento magistral conseguí atraparlo bajo mi cuerpo, le inmovilice los brazos a cada lado de la cabeza.
-Marc,  realmente estas tonto.
-Creo que tienes razón-se rió de si mismo- ha sido ese maldito sofá.
-Te quiero- puse en esas palabras toda la pasión de la que era capaz.
         Solté sus muñecas para pasar lentamente mis manos por sus brazos. Llegue a su pecho, desabotone uno a uno los botones de su camisa, sin dejar de mirarle a los ojos. Acaricié su torso, baje mi mano por su vientre plano y perfecto.
         El también había  aprendido, y de un solo movimiento las tornas cambiaron. Ahora era yo la atrapada bajo él, con mis muñecas inmovilizadas.
Pero en esta ocasión, mis manos siguieron inmovilizadas, me acarició el torso con los labios. Ahora era él quien controlaba la situación.
­-Te…deseo-Marc sabía como decir las cosas, un calor liquido mojo mi entrepierna-¿Qué soy para ti? No es tan difícil-estaba jugando sucio, me estaba haciendo un chantaje descarado, me mordisqueaba la oreja.
-Mi…- no podía decirlo, a mi aun me parecía mentira todo aquello solo un sueño. Pero Marc tenía otros planes, me abrió las piernas con las suyas y empezó a presionar mi entrepierna-¡Novio!.
         La caja de Pandora estaba abierta, ¿porque me costaba tanto decirlo?. En el fondo sabía el porque, le daba poder sobre mí, hasta ahora todo había sido como un juego. Pero ahora sabía que tenía una relación en toda regla con Marc Lewis.
         A el parecía encantarle aquella palabra, en cuanto podía la soltaba “Novia”  a mi realmente me encantaba oírla, pero para mi no era tan fácil. No sabía realmente lo que sentía Marc por mí. Sabía que era un romántico redomado, de esos que te abren la puerta y te acompañan a todas partes. Pero yo me había llevado demasiados palos y había aprendido a no fiarme de nadie, vivir el momento, el mañana siempre podía dar un cambio tan drástico que podía destrozarte la vida.
-Bésame…tonto- no le dí tiempo a pensarlo, me apodere de su maravillosa boca.
        
         La reacción de mis compañeros de trabajo cuando llegue al set, me dejo totalmente avergonzada. Pasaban de mí, le había mentido, ya no me consideraban una de ellos. Gerardo no me dejo incorporarme al trabajo, estaba oficialmente despedida. No estaba preparada para volver al hotel, me refugie en la caravana de Marc. Llore un rato, me sentía muy avergonzada, no me gustaba mentir, tenían consecuencias muy dolorosas.
         Dani se había enfadado con mis compañeros, lo deje discutiendo con ellos. Lo iba a empeorar mas, cuando se descubriese que él tampoco era mi hermano.
         Necesite ver de nuevo a Marc, lo busque por todo el set, había un revuelo de periodistas, seguro que estaba allí.  Me gustaba  verlo hablar, movía sus manos de una manera adorable. Estaba enganchada a su expresión corporal, como se movía, sonreía y cuando se turbaba por algo, era realmente encantador.
         Le note totalmente relajado, enganchado a su adorable compañera, la misma de la noche pasada. Una bilis amarga me subió por la garganta, la miraba igual que a mi, unas horas antes, sabía que era muy buen actor, pero eso era demasiado para mi sufrido corazón.
         Yo era realmente una fracasada, me dio mucha pena de mi misma. Otra vez había caído, quizás tenía un radar para los chicos infieles. Pero yo no estaba dispuesta a perdonar nada, lo quería todo por completo de él.
         Sus miradas, caricias, besos, solo para mí. Era una egoísta, Marc era una estrella de nivel mundial y yo pretendía que solo fuese para mí. Desde luego había perdido la cabeza por completo.
         Empecé a sentir un dolor físico, “huir” desee con desesperación estar en casa, en mi habitación, donde tantas veces había llorado y había encontrado consuelo en mi familia. Donde la realidad no era tan cruel.
         Me marche sin pensármelo dos veces, me fui al hotel. Gracias al recepcionista, conseguí un asiento en el autobús a Indianápolis y de allí un vuelo directo a Almería, era mucho más caro que ir a Málaga, pero no soportaba perder más tiempo en el viaje. Había echado mano del dinero de Marc, me sentí un poco culpable, pero se lo devolvería cuando pudiese.
         No podía creerme que gracias a Internet, estaba en camino en menos de una hora, pensé en el destino seriamente, Dani no sabía donde estaba, Marc no sospechaba nada y en menos de dos horas ya estaba de camino a casa. Los astros estaban conformes con mi decisión.
         Me negué a llorar, ni una lágrima sería derramada. Yo me estaba infligiendo mi propio castigo. Sabía que algo no andaba bien en mí. ¿Cómo podía dejar escapar a un chico como a él?, pero no me sentía con fuerzas ni para intentarlo siquiera.
         En un rincón de mi mente, imagine que Marc venía a buscarme. Me reí de mi misma, le estaba abandonando. Esto un chico no lo perdona, ya no querría saber nada de mí, para él sería seguramente una anécdota de su vida, una loca española que le gusto un día y como vino se fue. Perfectamente olvidable.
         Recordaría todo esto como un bonito sueño que no me atreví a vivir, por cobardía. Había conocido a personas maravillosas, tenía unos amigos estupendos, jamás olvidaría a Charlie y a Dani. Cada noche dormiría con el sabor amargo del recuerdo de Marc.
         Le desee lo mejor, que fuese muy feliz, se lo merecía todo. A una chica valiente, con estilo y mucho glamour. Cada vez que lo viese en la tele o en una revista, sabía que me dolería en el alma, pero los sueños en la realidad a veces se convierten en pesadillas.
         No pude evitar llorar como una tonta durante las diez horas y dos trasbordos. Las azafatas intuían que algo malo me pasaba, me traían té, caramelos. Era una situación bastante cómica, realmente daba mucha pena, tenía a todo el vuelo azorado por mi situación. 
         No había vuelta atrás, esto era lo mejor para él. Repetírmelo mil veces a lo mejor tenía algún efecto en mi pena. Pero tenía el corazón roto, cogí todos los pedacitos uno por uno, los mantuve en mis manos dándole calor, pero seguía helado.