miércoles, 25 de julio de 2012

Un beso en Londres capitulo 10


                                       10


         Dani vino a buscarme al día siguiente para llevarme otra vez al set, no  me apetecía nada otra vez pasarme todo el  día sin hacer nada. Pero sabía que si Marc lo había enviado era para volver a verme.
         Me llevo directamente a la caravana, me lleve una grata sorpresa al ver preparada la mesa para el desayuno, me derretí de amor cuando descubrí el plato lleno de torrijas ¿De donde las había sacado?
         Marc entro caracterizado de su personajes, no quería mirarme directamente a la cara, estaba avergonzado.
-Siento mucho lo de ayer, fue un día loco, tuvimos algunos problemas- se paro ante mí, yo no quería mirarle a la cara- Irene mírame.
         Cuando estaba con él todas las decisiones tomadas se desmoronaban como castillos de arena. No soportaba estar tan cerca y a la vez tan lejos. Me sentía igual que cuando estaba en Londres, sin voz ni voto.
         Pero estaba allí con Marc, era lo suficientemente importante para él, como para querer estar conmigo mientras trabajaba y había conseguido torrijas.
         Me levante y le ofrecí una rebanada, la mordió sin dejar de mirarme a los ojos. Con mis manos repetí mi caricia de nuestra primera vez.  Fundir mi cuerpo contra él era todo un placer. Su boca volvía tener sabor a canela y azúcar. No nos dio tiempo a nada mas,  habíamos comenzado ya a “arrancarnos la ropa”, cuando llamaron a la puerta, su mirada lo decía todo. Decepción.
         Pase dos horas paralizada delante del desayuno, no sabía que hacer, nadie con quien hablar, ni a donde ir. La puerta se volvió a abrir de pronto, para dejar pasar a una señora seca y amargada. Me miro desdeñosa.
-¿Chica ya te has divertido suficiente?-Me miro de arriba a bajo, me sentí fuera de lugar- Limpia todo esto y llévalo a la cocina.
         Se marcho como había entrado, un nudo se formo en mi garganta, tanto se notaba que era camarera. Decidí ponerme en marcha e ir a la cocina.
         Moverme por allí con una bandeja en las manos no era nada fácil, por todas partes había cables y cajas de embalajes. Un chico con un martillo en la mano, se paró un momento a observarme, debía parecer una estúpida allí parada en medio de ese caos sin saber que hacer.
-¿Puedo ayudarte?-la bandeja tintineo, me tomo por sorpresa.
-Por favor, ¿Dónde esta la cocina?-Puse mi mejor sonrisa, siempre funcionaba.
-Claro, te acompaño. Me tomaré un descanso.
         Era el típico americano, ese chico agradable que se ve en las películas, me hacía gracia, este país estaba lleno de chicos guapos, por todas partes y este chico rubio era uno de ellos.
         Muy amable me indico el camino, sonriéndome todo el tiempo. Me ponía un poco nerviosa ser el centro de atención de otro chico, una campanilla en lo mas profundo de mi cerebro me estaba indicando que algo no estaba bien.
         El comedor era una carpa enorme, blanca repleta de mesas y sillas. Estaban preparándolo todo para la hora del almuerzo. La cocina estaba bastante bien equipada, un montón de personas deambulaban por allí muy atareadas trabajando. Un chico bajo y moreno se acerco a mi para llevarse la bandeja.
-Gracias, señorita-me quede alucinada, por fin encontraba alguien que hablaba español, buen español con acento latino.
-De nada- el también me miró sorprendido, yo sabía que no parecía española, pero mi español carecía de acentos.
-¿Española?-Solo pude afirmar con la cabeza.
-Encantado señorita, me llamo Jairo Martínez- estaba tan emocionado como yo.
-Yo soy Irene González.
-¿Qué hace por aquí esta rosa de España?
-¿Trabajo?-No se de donde salió eso.
         Me indico que esperara, estuvo hablando con un hombre que parecía el jefe, era grande, corpulento y también parecía latino, de echo allí había un crisol de nacionalidades.
         Volvió en seguida con una sonrisa en los labios. No me podía creer mi suerte empecé a trabajar ese mismo día, en ese instante. Les ayudaría con los malditos gringos.
-Veo que ya eres una de los nuestros, yo soy Bill- me había olvidado totalmente de él.
-Creo que si- me puse colorada.
-Irene-se toco un sombrero imaginario y se despidió hasta la hora del almuerzo.
         Los chicos de la cocina pusieron música, me pusieron a preparar las mesas junto a Puchi y Nana dos chicas indias muy simpáticas, nos comunicábamos en un Ingles rudimentario, ellas también eran nuevas en aquel país.  Se movían entre las mesas como unas expertas todo en ellas era femineidad y eficacia.
         Pronto tomamos un buen ritmo, entre las tres preparamos el comedor en un periquete. Nos toco llenar las bandejas del Buffet, no me entro nada por ojo, demasiadas salsas y especias.
         Gerardo el cocinero jefe me estaba vigilando, su cara seria me intimidaba, creo que no le gustaba nada. Bueno el sueldo propuesto no estaba mal, para trabajar sin papeles,  al día ganaría unos cincuenta dólares, con la comida incluida. No podía quejarme, había echo trabajos peores y por menos.
         Me sentía satisfecha, no tendría que tocar el sobre con dinero que me había dado Marc para gastos. Tomaba otra vez el control de mi vida, era autosuficiente.
         Como trabajo temporal no estaba mal, pero sabía que iba a ser agotador,  pero así podía estar cerca de él. Otra cuestión era saber como se tomaría el la noticia. Un escalofrío me recorrió la espalda.
-Viene el primer turno.
         Nana dio el aviso justo cuando los operarios entraban en tropel. Las voces inundaron el comedor, se servían la comida a toda velocidad. Los actores principales se sentaban apartados, eran los intocables.  Su zona aun estaba vacía.
         Tuve que hacer una maratón para conseguir mantener llenas mis bandejas asignadas. Se repitieron los guiños y besos lanzados a la nueva, me puse colorada como un tomate. Las mujeres estaban entre ellos ponían los ojos en blanco.
         Estaba tan centrada en mi trabajo que no me di cuenta cuando Marc y sus compañeros ocuparon sus asientos. Nana tiro de mi brazo para que la acompañara.
         Los actores  se repartían en varias mesas pero los principales no se relacionaban con los figurantes. Me sentí torpe al repartir el pan, me sentía nerviosa no sabía la reacción de Marc al verme.
         El estaba haciendo alguna broma, porque toda su mesa se reía sin parar, cuando me acerque a la mesa las manos me sudaban. Me tembló un poco el pulso al soltar la bandeja del pan.
         Pero no ocurrió nada, Marc no me había dirigido ni una sola mirada. Esto era de lo mas usual, el servicio por arte de magia nos solíamos convertir en invisibles.  Cuando me recupere de la primera impresión, estudie la manera de hacerme ver.
         Repartíamos los platos calientes, aun me quedaban unas pocas para llegar a él. Casi se me cae una sopa humeante sobre un guapo chico moreno. No me podía concentrar con él tan cerca. Las chicas de reparto estaban guapísimas, los celos me devoraron.  Sabía que el esperaba que le aguardara en la caravana, bien escondida.
         Se estaba acercando demasiado a una increíble morena, le prestaba toda su atención. Me indigne cuando la vi tomarle por las manos, me mordí la lengua para no gritar “eso no se toca”.
         Nana me miró furiosa, me había quedado parada mirando fijamente la mesa de Marc y se estaba acumulando el trabajo. Me puso dos platos humeantes en las manos.
         Al fin me tocaba su mesa, uno, dos, tres, al fin me tocaba él. Puse el plato ante él y volvió a ignorarme. Acaricie su cuello, me miro sorprendido, se levanto con un gran estrépito. Todos se nos quedaron mirando.
-¿Qué…?-estaba muy nervioso.
-¿Quiere algo más?- Le pregunte muy educada, dándole una salida.
         Volvió a sentarse, pero no aparto  la mirada de mí. Yo le hice un saludo con la cabeza y seguí satisfecha con mi trabajo.
         Ahora la que lo ignoro fui yo, era una buena venganza por dos noches sola. Su mesa siguió con el jolgorio pero ya no volví a oír su voz.
         Comenzamos a recoger las bandejas y a repartir los postres, Marc tomo el suyo de mi mano.  Sabía que estaba enfadado, toco mi mano con sus dedos, hizo una presión de advertencia.
         Teníamos que hablar lo sabía,  me había estado preparando toda la mañana para este momento. Pero no tenía ni idea de cómo iba a reaccionar él, espero que no se lo tomara demasiado mal.
         Estaba sumida en mis pensamientos, no pude evitar tropezar y caerme en el regazo de un chico que estaba en las mesas centrales. Mis brazos y piernas se agitaron intentado encontrar un apoyo para levantarme.
-Irene, que amable dejarte caer por aquí.
         “Tierra trágame”, logre ponerme de pié, estire mi ropa y le mire avergonzada.
-Lo siento mucho.
         Me había ido a caer encima del simpático Bill. Desde luego acaba de tener un Deyavu pero a diferencia de lo que me paso con Marc no había tenido un deseo irrefrenable de besarle. Esperaba que no me hubiera visto hacer semejante ridículo.
-¿Tomamos un café luego?- no esperaba que Bill parara mi huida.
-No tomo café- me zafe de su mano.
         Intente llegar de una pieza a la zona de platos, necesitaba unos minutos para recuperar la compostura. Pero Bill me seguía a poca distancia.
-Pues tomemos otra cosa, ¿venga, qué me dices?-se acercaba a mi cada vez mas, esto no me gustaba nada.
-¿señorita me trae mas sal, por favor?- Marc venía a mi rescate.
-Por supuesto señor, ahora mismo- Pero Bill no estaba dispuesto a moverse.
-¿Puede esperar? Esta hablando conmigo.
-Yo soy la que no puedo esperar- Le di un buen empujón y salí muy decidida, los platos tintineaban.
         Pude oír a Bill algo sobre los malditos ingleses, pero no se atrevió ha hacer nada, Marc era una estrella y se jugaba su trabajo.
         Estábamos recogiendo ya las mesas, mis compañeras estaban enfrascadas en una conversación interminable, no entendía nada de nada.
Me reproche no haber hablado con Marc antes de haber aceptado trabajar allí. Pero me encantaba tener algo que hacer.
         Volvieron a poner la música, me encantaba la bachata. Marc me pillo tatareando, tenía cara de pocos amigos.
-¿Señorita, podría traerme un té a mi caravana, por favor? – lo decía como una orden indiscutible, odiaba sentirme como una niña pequeña pillada en una travesura.



viernes, 20 de julio de 2012

Un beso en Londres Capitulo 9


                                    9


         Me levante del asiento molida, Marc no tenía mejor aspecto. Nos hacía falta una buena ducha. Le atuse los cabellos los mejor que pude, y el hizo lo mismo conmigo.
         Esta vez nos dejaron para el final, tuvimos que esperar una hora para poder bajar. Me sorprendí cuando no nos llevaron a la terminal, fuimos a un hangar cercano con una avioneta de juguete.
-Aún nos queda otro ratito.
         Mi cuerpo se negaba a creerlo, mas horas de avión ¡Noooo!, esta vez el interior era minúsculo.  Nos sentamos apretados, cerré los ojos cuando despegamos, Marc tomo mi mano fuertemente.
         No tuve fuerzas para hablar y él tampoco. Realmente estábamos agotados,  solo nuestras manos unidas me daban consuelo. Este país era muy grande y había que recorrer grandes distancias.
         Me despertaba de golpe
         Me despertó el fuerte aterrizaje, estaba desorientada. Marc había cruzado su brazo sobre mi cuerpo para evitarme algún impacto con el asiento delantero.
-Buenos los que sea-mi voz estaba ronca y rasposa.
-Buenas tardes.
         Me alegré cuando pude poner mis pies en el suelo. Cuando Dani se acerco con un flamante coche negro a buscarnos, no puede evitar darle dos sonoros besos en cada mejilla, el me llevaría a una cama.
         Nos dejamos caer en los asientos como dos sacos de patatas, estaba muy mareada, me apetecía tomar una cola bien fría. Dani y Marc durante el trayecto estuvieron hablando del viaje y de los planes de rodaje del día siguiente. Su voz me adormilaba.
         Llegue como muerta a la habitación, me fui quitando la ropa según iba acercándome a la cama, creo que el ultimo metro lo hice a cuatro patas. El cansancio pudo con mi dignidad.
         Marc me dio un beso en la frente y me dijo que tenía una reunión con el director. Intente meterlo conmigo en la cama, pero no tenía fuerzas. Apago la luz y se marcho.
         El día llego demasiado pronto, pero me sentí de nuevo llena de energía, me desinfle un poco al darme cuenta de que había dormido sola.  No tenía ni idea de donde estaba Marc.
         Me metí en la ducha, mis maletas estaban al lado de la puerta. Cuando salí, me volví a sentir persona de nuevo. Sonó el teléfono, al descolgar alguien desconocido comenzó a hablar sin descanso. Sabía que era Ingles pero no entendía nada. 
-Lo siento no entiendo.
-… Desayuno…- lo único que logre entender.
-Si claro.
         Me senté a esperar lo que fuese que me fueran a traer, a los diez minutos me trajeron una bandeja con té y tostadas. La dejaron en una pequeña mesa junto a la ventana. Estaba hambrienta.
         El paisaje dejaba mucho que desear, no había nada interesante que ver,  solo habían casas pequeñas, parecía un pueblo muy tranquilo. Brillaba el sol.
         Me asustó la llamada a la puerta,  Dani ocupo toda mi visión, desde luego era como un armario . Me miraba divertido.
-¿Qué quieres hacer hoy?
-¿Dónde esta Marc?
-Creía que me sorprenderías-quería picarme.
-Ya ves, soy muy previsible.
         Recorrimos las calles despacio, quería verlo todo. El rodaje estaba un poco alejado pero en media hora llegamos sin problemas. Dani me coloco una tarjeta en el pecho de visitante. Y nos metimos en el set de rodaje.
         Estaba tan nerviosa que no me podía quedar quieta,  Dani me sujetaba junto a él por los hombros. Tenía que hablar con Marc, desde luego su guardaespaldas no me tenía mucha confianza.
         Pasamos dos o tres controles,  él seguía sin soltarme, supe donde estaba Marc trabajando al ver el tumulto de fans con las mismas tarjetas que yo. Todas en un silencio sepulcral, si no las echaban.
         La escena se estaba grabando a unos diez metros, no se veía muy bien lo que estaban haciendo, les rodeaban muchísimas personas, cámaras y pantallas. Me sorprendía que se pudiesen mover.
         Me quede mirándole fascinada, estaba muy serio, no me cuadraba nada. Marc siempre sonreía y bromeaba. Pero este era su trabajo. Cuando terminaron la escena, las chicas cobraron vida. Todas dando saltos y gritos para llamar la atención de los actores.
         Marc se paro justo delante de mi, Dani cubría mis espaldas. Vi duda en sus ojos.
-Si te doy un beso ¿todas querrán uno?
-Creo que sí- le ofrecí la mano.
         Me la estrecho con fuerza y con la cabeza le indico a Dani algo. Este me saco del tumulto, su sola presencia imponía. Me llevo hasta una rulote blanca y con una gran franja azul, abrió la puerta y me indico que entrará.
         No me moví del centro de la habitación, todo estaba limpio e inmaculado. Me dio miedo desordenar algo, miraba con recelo el sofá de vivos colores, todos los cojines perfectamente alineados.  Aun no  me había movido ni un centímetro cuando Marc irrumpió en la habitación.   
-¿Qué tal has dormido?- me abrazó tiernamente.
-Sola-no pude evitar hacer un mohín.
-No te enfades, esto es un caos, ayer terminamos la reunión tardísimo y hoy hemos empezado al alba.
         Nos dejamos caer en el sofá, me sentí rastrera y egoísta. El no había descansado como yo, toda la noche.
-Te doy un masaje-le mire muy picara.
-Ummm..., eso sería estupendo, pero solo tengo cinco minutos.
         Estaba realmente agotado, bajo de todo el maquillaje podía ver las ojeras de cansancio. Me subí a horcajadas sobre él, para darle un masaje en las sienes.
-Eso también me encanta….
         Pero su mente estaba pensando en otra cosa, empezó a recorrer mi cintura con sus manos, apretando y masajeando. Tenía muchas ganas de besarle, pero me daba miedo estropearle el maquillaje.
-¿Dónde esta mi beso?
-¿Estas seguro?- me ruborice.
         Abrió los ojos como platos, al principio tenía cara de confusión pero luego comenzó a reírse.
-¡Qué vergüenza! No me acordaba de esto- paso su mano sobre sus labios.
-Estas muy guapo- le pase mi dedo sobre los labios, estaban suaves por el carmín.
         Me apoderé de su boca, le había echado muchísimo de menos, durante todo el día. Me obligue a no tocarle el pelo, las chicas de maquillaje me iban a matar. Me agarre al sofá,  necesitaba ese apoyo para ejercer presión sobre sus labios. Marc  cogió mis manos y se las puso en el cabello,  un gemido de placer se perdió entre nuestras bocas.
         Unos golpes fuertes en la puerta nos hicieron volver a la realidad, Marc tenía que volver al trabajo. Sus pupilas estaban dilatadas, respirábamos con dificultad.  Se levanto conmigo encima  y en dos pasos estaba ante la puerta.
-Esto lo terminaremos esta noche- Seguía besándome sin parar
-Aja-no podía dejarle marchar.
         Otra vez golpes en la puerta, deje que mi cuerpo resbalara por su cuerpo, Marc puso sus manos en mi trasero.
-Este va a ser un día muy largo.
         Cuando él se fue Dani vino a buscarme, volvimos al pueblo. Fuimos a almorzar una hamburguesa, me quede perpleja al ver el tamaño, era enorme. Pero aun me sorprendió mas ver el tamaño de la hamburguesa que se iba a meter entre pecho y espalda Dani.
         Al final acabamos haciendo un concurso de mordiscos,  media hamburguesa termino en el suelo, no pude evitar la risa.  Al terminar la comida me sentí súper pesada, recorrimos la calle principal de arriba a bajo.
-Eres un tío muy  genial pero… ¿no tenías que acompañar a Marc?
-Es mi día libre y no tenía nada mejor que hacer- le mire con admiración le agarre fuerte del brazo.
-¡Vamos, te invito a un helado!
         No me pareció tan buena idea, cuando me senté ante la copa de helado mas grande que había visto en mi vida y con dos guindas en la cima.
-¿Quieres competir Irene?
-¡Nooo!
         La tarde paso de lo mas agradable, hablamos de su trabajo y de lo divos que eran algunos personajes.  Enseguida empezamos a competir con quien había tenido el peor trabajo. Dani ganó.
         Al llegar al hotel enseguida abrí mi portátil para hablar con mi madre, sabía que había ido a Estados Unidos pero creía que era con una amiga a trabajar una temporada. La suerte para mí es que ella pensaba que America estaba un poco más allá de Gibraltar. No tenía ni idea de que yo estaba a miles de kilómetros.
         Tuve que dejarle un mensaje, mi prima Mercedes no estaba conectada tenía que  preguntar a Marc la diferencia horaria, estaba echa un lío.
Aproveche para mandarle otro a Charly, solo sabía que estaba en Indiana en un pueblecito llamado French Lick, era muy pequeño y muy americano. Como explicar la similitud, de pronto tuve una idea, le hice la comparación con la película “Los chicos del maíz”.
         El pensaba que aquella película era todo un clásico y yo que desde luego que dejaba mucho que desear, prefería las películas de zombies. Le conté todo lo que había visto en set, pero lo adorne todo un poco, desde luego aquel mundo del cine había perdido para mi un poco de lustre. Tanta gente tan apiñada con tantos cables y aparatitos.
         Cuando cerré el ordenador me di cuenta de que no tenía nada mejor que hacer,  no me gustaba estar ociosa, tampoco sabía cuanto iba a tardar Marc en volver.  No me atrevía a bajar a buscar un libro, aun no sabía muy bien ingles y me costaba mucho entender muchas cosas, aunque hablarlo cada día se me daba mejor.
         El sonido de la tele me amodorraba, pero no me podía concentrar en ver nada. Estaba pendiente de la caída del sol, cuando todo se quedo a oscuras solo iluminado por las imágenes del televisor, todos mis temores volvieron a carcomerme.
         ¿Estaba haciendo lo correcto? ¿Qué hacia yo tan lejos de casa? ¿Por qué Marc estaba tan bueno? Le seguía como un perro faldero sin nada mejor que hacer. Esto no era nada propio de mí.
         Había pasado ya de alguna forma por todo esto y me había prometido a mi misma no volverlo hacer. Esperar de alguna manera encajar en la vida del otro, en algún momento.
         Desde luego lo que sentía ahora no era comparable con nada,  pero aun escocía en mi corazón el rechazo de mi antiguo novio. El también en su momento me pareció el mejor del mundo y solo veía por sus ojos. Se marcho a trabajar fuera y al principio todo eran llamadas y visitas. Pero su atención se fue espaciando hasta no quedar nada.
         En ese momento decidí no esperar a nadie y vivir la vida, mi vida en el momento. Y ahora me descubría a mi misma sufriendo y sola en una habitación de hotel, en Indiana, yo no tenía ni idea donde estaba eso.
         Pero ansiaba volver a ver a Marc, su cara, su risa y el movimiento de sus manos mientras hablaba. Sabía que la culpa de alguna manera la tenía yo, en el set había visto algunas de las parejas de los actores y actrices, muy contentas hablando entre ellas de lo más animadas.
         Pero no me veía capaz de tomar aún ese paso, no estaba segura de nada. ¿Y si nuestro amor era solo un capricho? Si nadie lo sabía sería menos doloroso volver a mi vida anterior.
        









        



lunes, 9 de julio de 2012

Un beso en Londres Capitulo 8


Capitulo 8

         No quería pensar en nada, por si se gafaba mi buena suerte. Esta vez no me iba a dejar tirada, iba a formar  parte de su vida. Le mire intensamente, ¿el príncipe se volvería rana? Ya me había pasado antes, chicos encantadores que no soportaban la monotonía de tener una pareja. Y de pronto ¡puff! El amor de tu vida se convertía en un completo desconocido.
         Marc totalmente ajeno a mi escrutinio, estaba dándole las gracias a una azafata por llevarnos a una zona privada. Yo como una tonta tenía la boca abierta admirando su sonrisa, el nunca sería una rana para nadie.
         No se me escapo las miradas de las empleadas del aeropuerto que buscaban cualquier escusa para verle. A Marc lo miraban con total admiración y a mí como si fuera una sanguijuela molesta.
-¿Marc, espero yo en otro sitio?- él estaba revisando los mensajes en el móvil.
-No cariño- no me prestaba atención, pero tomo mi mano y la beso.
         La empleada mas guapa, una alta, morena y con un tipo de impresión, solo le faltaba arrancarse los pelos, al ver el gesto afectuoso de Marc hacía mí. Realmente me asuste cuando cruzo su mirada con la mía.
-¡ya esta!- me saco de mi ensimismamiento- todo arreglado, Dani nos espera para llevarnos al Hotel discretamente.
-Vale- estaba cohibida con aquellas chicas mirándome fijamente.
-Umm, ¿te estas empezando a arrepentir?- giro mi cara para mirarme a los ojos.
-Bueno no se…- le indique con la mirada lo que me estaba molestando.
         Parecían realmente enfadadas conmigo, en el momento que Marc volvió su mirada hacia ellas, sus caras se trasfiguraron  se convirtieron en puros ángeles,  dispuestas a servirle. Se les notaba en la cara que deseaban acercarse a nosotros.
-Creo que esas quieren hablar contigo…-celos.
-¡Jajá jajá! Seguro, pero a mi solo me interesa lo que tú tengas que decir.
-Yo soy más de acción.
          Su boca voló hacía mí, me hizo olvidar donde estábamos. El ruido de vasos al romperse, nos sobresalto, la belleza morena había tenido por lo visto un tropiezo. Pues muy bien ¡Chupa te esa!
         Cuando anunciaron la puerta de embarque, me sentí muy aliviada. Temía arrepentirme, lo de esas chicas estaba segura se iba a repetir. ¿Estaría preparada para mediar con estos sentimientos de posesión que me invadían? El era un imán para toda clase de chicas, y yo era más bien normalita y del montón, no me veía capaz de competir.
         La sala de embarque a la que nos llevaron estaba totalmente desierta, estaban siendo muy cautos evitando que se produjese un tumulto, si se filtraba la noticia de la presencia de Marc.
 El  pasillo de embarque triplico su longitud según me iba acercando, miles de dudas me asaltaron. Realmente me estaba metiendo en un lío, aquí podía recurrir a amigos si me ocurría algo, pero en Estados Unidos no conocía a nadie. Dependería totalmente de él.
         Pasamos los primeros con los ayudantes de vuelo, directos a primera clase. Asientos de cuero totalmente abatibles, desde luego nada que ver con la clase turista. En cuanto nos sentamos nos trajeron una copa de champán, caramelos y aperitivos exquisitos.
-Esto es cosa de Malcom, sabe como cuidarme.
-Desde luego, están buenísimos- en un segundo dimos buena cuenta de toda la bandeja.
         Los demás pasajeros fueron subiendo,  la primera clase se llenó. Nadie miraba a nadie, todos muy educados y metidos en su papel de ricachones.
         En cuanto despegamos todos sacaron como por arte de magia los portátiles. Nosotros en cambio echamos mano de las revistas que nos ofrecían. Me quede helada al ver a la azafata que nos había tocado, la señorita Pam, la morena de la sala de espera. Necesitaría catadores, en las comidas, no me fiaba nada de su sonrisa de hiena.
-Déjame ver eso-Marc me arranco de las manos la revista que me ofrecía.
-¡Hey, trae para acá!-la pude recuperar.
         Estaba nervioso, pero eso no me distrajo de ver la portada. Marc de fiesta en actitud cariñosa con una chica. Desde luego la azafata tenía mala baba, quería destruirme.
-Había bebido un poco…estoy con todos mis compañeros. Ella solo quería decirme algo al oído.
-No pasa nada…la prensa es así. Ahora estamos juntos ¿no?- se relajo por completo en su sillón.
-Si, estamos juntos- se llevo mis manos a sus labios.
-Solo daré crédito a lo que vea con mis propios ojos-era una promesa.
         Me volví para buscar a la maquiavélica muñeca Barbie, pero esta se había escondido. Más le valía no aparecer por allí.
         Deje que Marc se concentrara en su guión, se había escapado para ir a buscarme. Le esperaban desesperados en el set. No podía evitar tener dudas sobre él, aunque era bastante halagador que hubiese venido a por mí, pero  siempre quedaba la duda de hasta cuando. Disfrutar de lo que se me estaba brindando a vivir, yo estaba viviendo un sueño, aunque siempre la realidad estaba a la vuelta de la esquina.
         Me quede sumida en mis pensamientos, él seguía concentrado en su trabajo y el tiempo pasaba. No podía dejar de mirarlo, realmente se tomaba en serio su trabajo, totalmente desparramado por su asiento y con el ceño fruncido. Pero lo más tierno y lo que me llegaba al corazón, es que con la mano libre, acariciaba la mía.
         Me levante para ir al lavabo,  cuando volví me encontré con un odioso panorama, la “encantadora” Pam intentado ligar con él, medio echada sobre él. El calor subió por mis piernas, me vi como en los dibujos animados, echando humo por los oídos. Como un toro de miura embestí contra ella, la hice trastabillar y casi callo de bruces.
-¡Huy, cuanto lo siento!- intente poner cara de circunstancias, pero el odio se me veía en la cara.
-Ven aquí diablillo- tiro de mi mano para que me sentara.
         Yo seguía bufando, con los brazos cruzados me deje caer en mi asiento. El se reía de mi.
-¿Qué te ha dado?
-A mi nada, he tropezado.
-Si, ya.
-Si es verdad, este avión esta fatal.
         Moviendo la cabeza siguió estudiando, volvió a ignorarme otra vez. Yo no podía quedarme allí quieta sin nada que hacer. Me levante para dar una vuelta por allí. Abandone la tranquila y sosa zona VIP, para ir a visitar a la clase turista, estos si que sabían lo que era divertirse. Al final habían colocado a un grupo de estudiantes, que iban de viaje de estudios, tenían formada una fiesta impresionante. Me acerque un poco y como no, empecé ha hablar con ellos,  en unos segundos estaba integrada en el jolgorio.
         Llevaba un buen rato cuando se organizo un revuelo de voces a mis espaldas,  los chicos empezaron a levantarse nerviosos. Me quede helada al ver que Marc había ido a buscarme, la gente se le estaba echando en cima.
         Su cara era sonriente, firmaba todo lo que le ponían por delante y se hacía fotos con todos lo que se lo pedían.  Se acerco al grupo donde yo estaba, las chicas gritaban frenéticas, mas fotos y mas autógrafos.
         Yo estaba paralizada en medio del pasillo, estaba realmente asustada, las azafatas estaban intentando calmar a los pasajeros. Marc me vio la cara de asustada, pasó junto a mí sin mirarme siquiera, saludo a todos los del fondo y a su vuelta me empujo por la espalda hasta llevarme de vuelta a primera clase. A nuestras espaldas aún se podían oír los gritos y aplausos. 
         Marc no paro hasta llegar a nuestros asientos, todos nos miraban. Se sentó en el mío y me sentó en sus rodillas, yo me había quedado helada. Me acariciaba el pelo.
-No pasa nada, todo esta bien.
-¿Cómo va estar bien?-estaba tartamudeando.
-Se me ocurrió ir a buscarte, lo siento.
-Ha sido horrible, creí que te iban ha hacer daño-escondí mi cara en su hombro, estaba totalmente avergonzada.-La culpa es mía.
-¿En que estaría yo pensando…?
         Estaba realmente enfadado, su exasperación me llego al corazón. Era una tonta, me iba a mandar de vuelta en el primer avión. Yo misma me lo había buscado.
-Pero quería ver que hacías y te vi al fondo con esos chicos tan divertida, quise acercarme…soy un idiota.
         Me quede cortada, esta era su vida, no poder hacer nada normal. Siempre vigilando no ser descubierto.
-La culpa la tengo yo.
-De eso nada, yo soy un aburrimiento-realmente estaba fastidiado.
-Estas loco, cualquier chica de ahí fuera o de aquí -mire furiosa a las azafatas- estarían encantadas de estar aquí contigo.
-¿Y tú?
         Realmente era muy vulnerable, me preguntaba a mí si lo encontraba aburrido, yo que me iba a lo desconocido solo por estar con él.
-Te quiero.
         Le miré a los ojos y se me escapo, no quería asustarlo. Pero realmente lo amaba más que a mi vida. Pero el no dijo nada, yo esperaba alguna prueba de su amor por mí, solo unió se boca a la mía, dándome un beso largo y pausado.
         Quise leer en sus ojos algún indicio de sus sentimientos reales, pero no pude ver nada concreto. Sabía que yo le gustaba mucho y eso debería bastar por ahora.
         Me quedé dormida sobre su regazo, me desperté antes que él. Me encantaba verle dormir. Pero desde luego tenía que estar muy incomodo conmigo encima. Intente moverme pero apretó mas sus brazos a mi alrededor.
-¿A dónde vas a hora?
-Al baño.
         Me dejó marchar con una clara mirada de “no te vayas a perder otra vez por ahí”. Todo estaba en silencio y a oscuras. Cuando salí del baño, me encontré a la odiosa azafata esperándome.
-¿Puedo ayudarla, señorita?- no me gusto el tono.
-No gracias.
         Intente pasar pero me obstaculizaba el paso,  se le veía en la cara que tenía ganas de pelea. Yo desde luego no le iba a dar el gusto, no me gustaba nada la situación.
-¿Qué pasa cariño?- Marc había venido en mi ayuda.
-No, pasa nada.
         Me dejo, pasar pero pude sentir mucha violencia, realmente quería pelear conmigo.
-Algunas de tus fans son muy violentas.
-Si…
         No dijo nada más, fue la primera vez que le vi mirar a alguien con puro disgusto. Creo que no le había gustado nada ver aquella reacción de otra mujer ante mí.
-Realmente veo necesario que nadie sepa mi verdadera relación contigo.
-Eso estoy cansada de decírtelo.
         Yo si esperaba aquello, el odio de las mujeres contra mí por estar con él. Volví al asiento muy desanimada, Marc tampoco tenía muy buen aspecto, se había quedado un poco blanco. Quizás ya se había arrepentido de haberme traído. Como un acto reflejo empecé a tocarme el flequillo pasando mis dedos por toda su longitud.
-¿Qué haces?-¡Ups!
-Esto no es nada, es que estaba pensando.
-¿Y…?
-¿A dónde vamos?- me acababa de dar cuenta de que no sabía a donde iba realmente. A Marc le dio un ataque de risa.
-No te rías, me acabo de dar cuenta que Estados Unidos es muy grande.
-Si, ya- Se estaba partiendo de risa- ves porque me gustas-me dio un sonoro beso en la mejilla.
-Me lo vas a decir o es un secreto.
-Vamos a un pueblecito de Indiana.
-Pues me he quedado igual, no se donde esta Indiana-que inculta soy.
-Cuando termine el rodaje, daremos una vuelta por el país ¿Te gustaría?
-Si, pero tengo que ir a casa. Voy cada tres meses a ver a mis padres.
-¿puedo acompañarte?-estaba cortado.
-Pues claro que si- le abrace muy fuerte para que no se me escapara.
         Me quede dormida hablando de nuestros planes de ir a España, a mi me hacía mucha ilusión que me acompañara. Pensar en nosotros paseando por la playa me hacía suspirar de placer.
        


          


                  







        








martes, 3 de julio de 2012

Un beso en Londres Capitulo 7


Capitulo 7

    Me despertó el sonido insistente de mi móvil, Charly debía de estar como loco buscándome. Me sorprendió ver tantas llamadas perdidas, había estado muerta para el mundo, agotada.
         Estaba amaneciendo, somnolienta le mande un mensaje. Charly sabía de la existencia de mi novio viajero. Me acurruque entre los brazos de Marc, me agarraba con mucha fuerza. Era un placer sentir su calor.
        
         Salí de su abrazo de oso, me preparé un té. La cocina estaba casi vacía, no fue difícil encontrar las cosas necesarias. Pare ellos tener Té era como para nosotros tener aceite de oliva. Me quedé en silencio, la cocina estaba en penumbras, me asaltaron las dudas, me angustiaba el no permitirme amarle.
-¿eh, que haces?-se acerco somnoliento.
         Tenía el pelo muy alborotado y la cara hinchada por el sueño. Desde luego en este momento no tenía el aspecto de un galán de cine, pero a mi me parecía el ser mas bello del mundo. Aunque llevase los calzoncillos mas horteras que había visto en mi vida. “Nota mental, llevarle de compras con Charly”.
-¿No querrás escapar tan pronto de mi cama, verdad?- Me abrazó, acariciándome sensualmente, me dijo al oído- aun no he terminado contigo.
         Me sentía protegida entre sus brazos, algo muy bello y frágil. Nunca me cansaba de tocarle y saborear su piel, me encantaba meter mis manos entre su pelo para acercar su boca a la mía.
         La mañana llego demasiado  pronto, pero esta vez nos encontró juntos entrelazados en la cama. Me desperece como un gato satisfecho, había partes de mi cuerpo que no volverían a ser lo mismo, un suspiro de felicidad escapo de mis labios.
         Él todavía se resistía a despertar, me quede contemplándolo, la vergüenza me sobrevino al comprobar las marcas que le había dejado en su blanca piel. Me sentí mas culpable cuando encontré la rojez en su cuello, lo había marcado, pase mis dedos levemente.
-Marcas de guerra-estaba contento con sus heridas- Eres una salvaje- se estaba relamiendo de gusto, me atrajo mas hacía el- Buenos días, gatita.
         Besos de buenos días, un maravilloso despertar. Me dejo pensando en las musarañas y se metió en el baño. La habitación era caótica, ropa por todas partes. Intente arreglar un poco, pero me lleve un chasco al comprobar que los cajones estaban vacíos. Creo que toda su ropa andaba por allí desparramada. Busque una de sus camisas y me fui al salón.
         El sofá era muy mullido y de un color rojo oscuro, desentonaba un poco con la decoración del salón más actual. Me pareció una pieza de museo, me arrellane en él, era suave y confortable, pasé mis manos sobre la tela de terciopelo, sentí el cosquilleo en mis dedos.
         Desde luego que podría quedarme con Marc allí eternamente, podía ver la calle a través de los grandes ventanales. Estaba en su casa, en su sofá y por un breve tiempo, realmente compartía su vida.
-Irene, vamos a desayunar a abajo…-lo note enseguida, había vuelto a la realidad como yo. No podía dejarse ver.
-No te preocupes voy yo a por algo- un denso silencio.
-Como quieras.-repuso de mala gana.
         Cuando salí al aire fresco de la mañana, el corazón latía fuertemente en mis oídos. Quería pasear eternamente, pero él me esperaba para desayunar. Me metí en la primera tienda que encontré.
         No pude comprar mucho, estábamos casi a fin de mes y andaba un poco justa de dinero. Me apetecía mucho comer chocolate, para reponer fuerzas. Salía de la tienda cuando me llamo la atención una revista, allí estaba mi galán de dormitorio. Guapísimo como siempre y con una chica fabulosa colgada del brazo. Unos celos terribles me nublaron la vista por un momento.
         Aunque se salía de mi presupuesto la compre,  tenía que leer todo el reportaje. Esta vez no me ataco por completo la ansiedad,  la causa de mis celos, la noche anterior había dejado claro todo lo que yo le importaba. Por lo menos en esas horas me perteneció a mí por entero.
         Al llegar a casa me metí directamente en la cocina, ordene mis pensamientos y prioridades. Sabía que el se marcharía pronto, pasaría este día lo mejor posible, escondí la revista en mi bolso.
         Ya se había duchado y vestido, me empujo hacia el salón, se acercó a mí y me dijo que se ocuparía de todo. Esta vez sería mas duro dejarlo marchar.
         Me había preparado la mesa en el salón, preparó té  y dispuso ante mi todo lo que yo había comprado. Le sonreí tontamente, embelesada con él, desde luego esto iba a ser muy duro.
         Nos comimos todo, mas bien lo devoramos. Le animaba a comer más y más, estaba muy delgado.  Me pidió que no le atiborrara, yo me reí de él metiéndole  en la boca otro trozo de bollo.
         Terminamos el desayuno, pero no me dejo ayudarle a quitar la mesa y se marcho con los vasos a la cocina. Empecé a curiosear por la habitación, me sentí un poco mareada al ver la maleta en un rincón, una muestra real de su pronta marcha.
         No iba a ponerme histérica todavía, tenía que comprenderlo era su trabajo y lo mejor de todo "yo no era el polvo de una noche". Me deje caer en aquel sillón tan confortable, empecé a soñar con una vida junto a Marc. Pero la ilusión nunca llegaba a materializarse, solo veía ante mí la soledad de la espera.
-¿Qué haces cariño?- se acerco muy diligente, postrándose ante mí tocándome las rodillas-¿Estas preparada?
-¿Ya me tengo que marchar?-había llegado el momento.
-La verdad es… ¿Te gustaría venir conmigo?-su mirada era intensa.
         ¡Yo con él!, por un momento me dieron ganas de chillar y saltar de alegría, pero la realidad era como un jarro de agua fría.
-Eso es imposible no nos pueden ver por ahí juntos- me mordí el labio.
-Seremos muy discretos, nadie lo sabrá-paso sus dedos por su pelo- Solo quiero saber que estas ahí, que puedo verte en cualquier momento del día-esperanza- ¿Podríamos probar?
         Esa historia tenía muchos flecos, si al final no salía bien ¿En cuales condiciones iba a volver a casa?
- Me encantaría ir de verdad, pero tengo trabajo aquí, Me costo mucho conseguirlo y además…- Paro mi discurso con la mano en mis labios.
-Eso son excusas, trabajas poniendo cafés- se burlo de mí- ves este piso te lo regalo, si no sale bien ya tienes donde volver.
-De eso nada. ¿Intentas comprarme? Yo no quiero nada de ti, ni tu dinero, ni tu fama. Solo el tiempo dirá si esto tiene posibilidades.
         Se levantó nervioso, paseando por la habitación como un león enjaulado.
-¡No, no puedo dejarte atrás!- volvió a ponerse a mi altura- mi vida ahora es caótica, no se cuando podré volver. Estos días sin saber de ti han sido un infierno…te necesito.
         Esa palabra me hacía sentir como un golpe sordo en el estómago. Su cuerpo a mi alcance… no lo pude evitar de un tirón lo puse bajo de mi en el sofá.
-Tienes que contarme como consigues hacer estas cosas- me dijo entre carcajadas- Eres tan impulsiva, loca y ardiente.
         Nuestras bocas se tocaron, nuestros cuerpos convulsionaron al menos eso es lo que me pareció a mí. Besar no era su punto fuerte, a veces parecía que quería engullirme con su boca. En ese momento tenía que tomar el control de la situación, parando su loca acometida, indicándole que parase.
         Pase mi lengua por su labio inferior para luego succionarlo suavemente, besos suaves hasta que los dos explotábamos de nuevo, entonces era yo la descontrolada.
         Mi suerte estaba echada, esa misma tarde viajaría con él. Lo que mas me llamo la atención, es que el ya tuviese los billetes reservados. Desde luego tenía más que pensado llevarme con él.
         Cuando aparecí con Marc en casa de Charly, los gritos se oyeron desde la calle. Charly parecía una gallina clueca a su alrededor. Menos mal que Marc se lo tomo muy bien, respondía a todas sus preguntas amablemente.
         Mi amigo aprovechó la ocasión para sonsacarle información, sobre los actores que a él mas le gustaban.  No paraba de hablar, Marc con la mirada me urgía a que me diera prisa con mis maletas.
         Besos y abrazos, Charly me asfixiaba entre sus brazos, le prometí mil veces que le llamaría cada día, para contárselo todo. Nos pareció mentira a ambos poder descansar dentro del amplio taxi que nos llevo al aeropuerto.