miércoles, 27 de junio de 2012

Un beso en Londres capitulo 6


Capitulo 6


         Esa tarde tenía mucha prisa,  las calles estaban atestadas de gente, tenía que esquivarlos. Me estaban esperando para salir a cenar, me apresure para que me diera tiempo a cruzar la calle.
Fui parada en seco por un chico alto, vestido totalmente de negro con una capucha que le tapaba la cabeza y parte de la cara. Le miré indignada, pero le reconocí en un segundo. Las luces de un anuncio luminoso, me dejo ver una pequeña porción de su cara.
-Marc…-me asalto un jadeo incontrolado.
-Te estaba buscando-  parecía enfadado.
         Me cogió del brazo avanzamos varias calles, hasta meternos en una  alejada del bullicioso centro. Fuimos a una cafetería pequeña y oscura. No podía dejar que lo reconociesen, mirábamos a los lados furtivamente.
         Mirarle se me hacia imposible, la enfadada debía ser yo, pero en cambio me sentía como pillada en alguna falta. Una situación muy incomoda para ambos.
-¿Dónde estabas? He estado en tu casa mil veces- Me miro a la cara crispado- ¿Estas con alguien?
-Yo?…  por supuesto que no. Mi primo regresó, ya sabes, es  el dueño del piso donde vivía. Por eso he tenido que irme a vivir con Charly, mientras busco piso.
-¿Cuándo pensabas decírmelo?- Estaba enfadado de verdad. Una bilis caliente me subió por la garganta.
-No pensé que te importara- intente parecer muy tranquila.
-¿Qué no me importa?- Creo que eso le saco de sus casillas- Llevo dos semanas intentado localizarte. Cuando envié a mis hermanas a tu trabajo y me dijeron que te habías despedido…-desvió la mirada- tome el primer vuelo- me miro con mucha intensidad-llevo dos días buscándote y nadie sabía decirme donde diablos estabas.
-Yo…pensé que estabas muy ocupado…-Estaba alucinada, el corazón tronaba en mis oídos.
-¡Si, muy ocupado!- bajo el tono- pero me gusta saber donde esta mi “NOVIA”.
         Sus palabras resonaban en mi cabeza, no es posible. Yo solo era el polvo oportuno, nada en su vida perfecta. Las imágenes de fiestas fastuosas donde se codeaba con las más guapas del mundo, las miles de fans, me sentí minúscula y desechable. Eso no era verdad, yo no pintaba nada en su vida.
-Creo que esto no nos lleva a ninguna parte- la voz se me quebró al final- todo esto es una gran equivocación.
-No, no me digas eso- me tomo las manos- tu eres lo que me mantiene cuerdo. Por ti soy capaz de sobrellevar toda esta locura en la que estoy inmerso.
-Seguir así no es bueno para ninguno de los dos, yo no pertenezco a tu mundo y tú ya no perteneces al mío.
-Recuerda que yo soy ese chico de la calle Mile, que tuvo un poco de suerte- me apretó las manos- solo pido que tengas un poco de paciencia pronto terminara todo esto, se darán cuenta de que todo fue una locura pasajera y se olvidaran de mí.
-Esto es demasiado duro para mí…
-¿Quieres que lo haga público?- algo brillo en sus ojos.
-Ya me imagino los titulares “La fea novia”- me reí de mi misma- creo que no es lo mas adecuado…yo...-tiro de mis manos hacia él.
-Yo te necesito, dime que debo hacer.
         Estaba realmente desesperado, no me lo podía creer, era yo la que tenía que estar suplicando por su amor.
         Yo y mis reacciones impulsivas. En un segundo estaba sentada a horcajadas sobre sus piernas, besándole profundamente. Le quería tanto, era yo la que realmente le necesitaba como el respirar. Por un momento olvidé que teníamos público, Marc tampoco era consciente y me estaba sacando la camiseta del pantalón. Lo paré desesperada, le mire a la cara histérica.
-Estoy como una cabra, reacciono sin pensar. Te metería en mil líos-Me beso en la mandíbula.
-Eso es lo que mas me gusta de ti-Me abrazo fuertemente-Intentémoslo, por favor.
         Un momento mágico y muy íntimo, estaba siendo visionado por unas veinte personas en el pequeño recinto. Estaba segura que lo metería en muchos líos si seguía con él.
         Baje como pude, las piernas me temblaban. La gente nos miraba,  intente recuperar la compostura, Marc no parecía darse cuenta de nada. Me senté muy rígida en mi silla, me acerco de un tirón a su lado.
-No me digas que no funciona, porque esta bien claro  que nosotros conectamos- su mano recorrió mi muslo con una caricia salvaje.
-Podríamos probar un tiempo- mi boca estaba seca- sin ataduras, viviremos nuestras vidas como siempre y cuando podamos nos veremos.
         Tenía que tener una salida, mi sentido de posesión era total respecto a él. Pero me habían engañado demasiadas veces, estaba preparada para  la decepción, de hecho la esperaba.
-Esto es lo último que esperaba oír de tus labios. Yo no estoy dispuesto a esa clase de relación.
-Yo no puedo vivir pendiente de una llamada – estaba claro que le guardaba rencor.
-Ya se que es mi culpa, pero yo también vivo pendiente de hacerte esa llamada-me esquivo la mirada- siempre con el temor de no ser contestada, porque hayas encontrado a un chico que pueda estar siempre contigo.
         No podía verle sufrir, levante su barbilla para mirarle directamente a los ojos. No podía entender el porque de tanta vacilación en él. Yo le daba la salida perfecta, cero complicaciones.
-Marc, yo me muero de celos cuando estas fuera, no lo puedo evitar- el dolor me cerraba la garganta.
-Eso es exactamente lo que me pasa a mí contigo.
         ¡Celos! Marc Lewis sentía celos por mí. Deje mi cuerpo relajarse en un baño de satisfacción. Ni en mis sueños más locos pensé que él albergara esos sentimientos hacia mí.
-Eso me resulta difícil de creer, con todas esas chicas que te persiguen constantemente.
-Pero la única que me interesa eres tú. ¿Por qué crees que he cruzado medio mundo?- se estaba empezando a impacientar de nuevo.
         Me sentí derrotada, ni por un momento creí una palabra, aunque por otro lado deseara hacerlo por encima de todas las cosas. Pero esos meses pasados en soledad, con el móvil como parte de mi cuerpo, habían sido los mas duros de mí vida.
         Por otro lado recordaba vividamente todas las noticias relacionadas con sus idas y venidas,  acompañado de bellas mujeres.
-Marc yo… quisiera…-a pesar de todos mis sentimiento enfrentados le deseaba sobremanera, ya me arrepentiría después. Mis manos se aferraron fuertemente al asiento de la silla, no quería moverme ni un centímetro, el calor me quemaba la cara, estaba congestionada.
-¿Qué quieres…?-Cuando me miró a la cara algo debió de ver,  porque él también se puso rojo y con los ojos encendidos-¡Marchémonos!
         Salimos de allí como alma que lleva el diablo, la noche ya había caído, las calles estaban iluminadas con las brillantes farolas, Marc me guiaba por  la ciudad, yo creía que me llevaba a su hotel. Pero me quede sorprendida cuando paro en un pequeño bloque de ladrillo rojo, cerca del museo.
         Era un edificio antiguo, subimos las escaleras hasta el segundo piso. Paro en una puerta verde, saco las llaves y la abrió.
-Bienvenida a casa- me hizo entrar sin mucha ceremonia.
         Era un piso calido, mucho más grande que mi antiguo apartamento, algunos muebles aún estaban con fundas de plástico, cajas de cartón se acumulaban en los rincones. Las paredes estaban desnudas, estaba claro que era su piso de Londres, pero que no lo habitaba habitualmente.
-¿Es esta tú casa?
-Si, la compre hace unos meses, cuando me marche la última vez.
         No debía hacerme ilusiones, un cosquilleo de placer me recorrió el cuello. Por un momento pensé que quería decir que la había comprado para estar cerca de mí. Pero sabía que ésta era su ciudad y que lo más normal es que quisiera tener una residencia permanente.
-Algunos muebles me los ha mandado mi madre, pero no te preocupes podrás amueblarla a tu gusto- me lo dijo de pasada, como si cualquier cosa.
-Pero…-creo que la sangre escapo de mi cuerpo.
-Esto iba a ser una sorpresa cuando volviera-  abarco la habitación con su manos-Yo si que voy enserio, eres tú la que no se quiere comprometer conmigo ¿Tan terrible soy?
         Las cosas iban demasiado deprisa para mi, yo la loca de los impulsos incontrolados, no estaba preparada.
-¿Estas seguro que no hay cámaras por aquí y esto no es una broma?
-Estoy cansado de que no me creas- Se le había acabado la paciencia, me dio la espalda.
         En un segundo estaba colgada de el rodeando su pecho con mis brazos, apoyando mi cara en su espalda.
-Lo siento Marc, esto es demasiado, hay que ir un poco mas despacio-me sorprendí a mi misma diciendo eso.
-¿Y eso me lo dices tú que me enciendes como la yesca en un segundo?-dio la vuelta sobre si mismo para enfrentarse a mí cara a cara-¿Qué debo hacer para mantenerte junto a mí?
-Respirar-un susurro sobre sus labios.
         Un hambre loca nos devoró a los dos,  no teníamos suficiente piel que tocar y saborear. Me tomo en brazos y me llevo a su habitación. Me tiro sobre las sabanas desordenadas de su cama.
-¿Por donde íbamos?-su mirada ardiente me recorrió.
-Ven aquí que te refresque la memoria- le contesté mirándolo con picardía.
         Las ropas volaron por toda la habitación, me dolía el cuerpo de las ansias de sentirlo, le había echado muchísimo de menos. Oírle gemir de placer, por una caricia mía me llevaba a la locura. El provoco mil pequeñas muertes en mi misma, toque el cielo junto a él.





lunes, 25 de junio de 2012

Un beso en Londres capitulo 5


Capitulo 5



        Me había llevado una gran bronca en el trabajo, por dejarles tirados toda la tarde. Todo lo que me estaba ocurriendo me parecía irreal, tuve  la cara dura de pedirme también esa tarde libre. La emoción me salía por los poros, era tan feliz, parecía como si flotase por la habitación. No paraba de mirar el reloj, los minutos no pasaban.
         Espere en la puerta de casa, quería que lo acompañara al aeropuerto a despedirle. Un taxi paro ante mi, Marc no se bajo del coche para no ser visto, Dani estaba sentado al lado del conductor, para darnos intimidad.
-¡Hey, Irene¡ ¿Cómo estas?-sus ojos brillaban.
-Bien- yo  me sentí un poco cortada.
         Me senté junto a él, salte como un resorte cuando paso un brazo sobre mis hombros. Estaba totalmente relajado, su sonrisa me puso la carne de gallina.
-Estas bien, nena- lo dijo en un susurro mientras acercaba su boca a la mía.
-Aja- me quede como tonta.
-¿Has dormido bien?- me acarició el brazo muy sensual,  estaba inclinado hacia mi, permitiéndonos cierta intimidad – para mi ha sido desde luego, una noche estupenda, la mañana también fue fantástica.
         Yo no necesitaba mas incentivos, su voz, sus caricias y el olor de su colonia, me tenían saturada. Puse las manos en su cara fuertemente para que no se me escapara, mi deseo era salvaje. No sabía como me iba a ser posible dejarle marchar.
         Hicimos el amor con nuestras bocas, totalmente ajenos a lo que nos rodeaba. Perdimos un poco el control, estaba recostada sobre el asiento, mientras Marc se cernía sobre mí.
                   Dani carraspeo para llamar nuestra atención, estábamos llegando. En la puerta de acceso nos esperaba la familia de Marc al completo. Esto si que no me lo esperaba.
-Todo despejado Marc, podéis salir.
         Estaba roja como un tomate, la respiración de ambos aún estaba agitada,  pase la mano sobre sus cabellos desordenados, con total amor en mis ojos, era mi despedida.
         Tomo mi mano y me saco del taxi, no me dio  tiempo a decirle que mejor yo me volvía a casa. Nos acercamos a ellos,  esto me daba más miedo que los periodistas, conocer a sus padres para mí era muy fuerte, pero pensé que en su cultura esto era de lo más normal.
-Irene, estos son Margie y Robert mis padres, a mis hermanas ya las conoces.
-Encantada- Les dí un beso a todos, ignore sus manos extendidas.
         Me saludaron cordialmente, pero no les pude entender casi nada, hablaban demasiado deprisa, yo sonreía y asentía. Pronto su atención se centro en Marc. Yo intentaba soltarme de su mano, pero él me tenía bien sujeta. No pille casi nada de su conversación, pero cuando volvía a insistir en soltarme,  se acerco nuestras manos enlazadas para besarme la mano.
-Tranquila.
         Me derretí allí mismo, permanecí a su lado disfrutando de nuestras manos entrelazadas. Se estaba despidiendo de su familia, supe que era mi turno cuando se volvió hacia mi.
-Nos veremos pronto, esta noche sin falta te llamo-apretó mi mano como para sellar un pacto.
-Aja- no podía hablar, estaba al borde de las lágrimas.
         Me dio un beso en la mejilla un último apretón de manos y desapareció en el interior de la sala de embarque.
         Me sentí toda cortada y desesperada por llorar, no quisieron dejarme marchar sola a casa. Tuve que aguantar el tipo, todo el viaje de vuelta, me hacían preguntas sobre mi y mi vida. Yo las contestaba lo más sinceramente posible. Esta vez el recorrido realmente se me hizo eterno.
         Suspire aliviada cuando llegue a casa,  este se convirtió en desesperación por la separación. No estaba preparada para sentir tanto amor, ya lo añoraba terriblemente.
        









Marc Lewis enamorado”

         Con ese titular despertó la ciudad, por un momento sentí pánico, pero me tranquilizo saber que solo eran especulaciones. Lo habían visto pasear con la chica de turno de esa semana.
          Me miré en el espejo comparando mi figura con la de la otra chica, por supuesto perdí en la comparación. Nota mental, solo verduras y frutas esa semana.
         Estaba otra vez desesperada, él llevaba de rodaje casi tres meses al otro lado del mundo, hablábamos por la noche de madrugada por el ordenador. Para ello realizaba todo un ritual, me acostaba en cuanto podía y una hora antes de la hora de contactar, sesión de maquillaje y peluquería.
         Me pasaba el día buscando en Internet su cara, sus noticias. Sabía que se lo podía preguntar, pero me daba vergüenza. Cada momento del día, pensaba en él, ¿qué estar haciendo ahora?, ¿Dónde dormirá esta noche? Y la peor de todas ¿dormirá solo?
         Pero nunca le preguntaba nada comprometido,  terminábamos teniendo conversaciones bastante tontas.
-¿Estas siendo buena? No te tires al cuello de nadie hasta que yo no este ahí contigo.
-No te preocupes solo me gusta tu cuello- si lo tuviese ahora a mi alcance…
-Umm, eso me gusta demasiado, ya lo sabes-se estaba poniendo cariñoso.
-¿Has conocido a otra loca fan?- No quería preguntar, prefería no saber.
-Nadie tan loco como tú-se peino el pelo con las manos- ni tan guapa.
         Recobrar la respiración, dejar de poner los ojos como platos. Aún no me creía que yo le pudiese gustar a Marc realmente. Temía cada día la hora de las noticias del corazón, que una novia oficial fuese presentada.
-Siempre me dices lo que quiero oír- intente darle un tono de broma.
-Me gusta ser complaciente con mi mayor fan.
-A mi me gusta que me lo diga mi actor favorito.
         Éramos dos tontos muy tontos, bastante empalagosos. Pero su trabajo era muy difícil, siempre de acá para allá. Por el móvil era casi imposible hablar, siempre estaba comunicando, o su manager lo tenía confiscado. En el último mes estaba siendo más complicado poder contactar.
          Pasaba por mi vida como un fantasma. Solo me llenaba de vida cuando podía verlo através de la cam. Era todo demasiado irreal, tener un novio en la distaría era demasiado duro. De todas formas tenerlo en la puerta de al lado tampoco sería nada fácil. No podríamos tener una relación normal, jamás.
         Por lo general intentaba mantenerme alejada de esos pensamientos tan oscuros, pero sabía que me estaban esperando, agazapados, hasta que bajara la guardia.  
-¿Qué crees que estas haciendo?- me decía mi voz interior, era bastante borde.
         Realmente no tenía ni idea, solo quería amarle, estar cerca de él. Conocer todos sus pensamientos, reírme de sus chistes malos, mirarle a los ojos.
-¿Y quién eres tú?- mi conciencia era una cabrona.
-Nadie no soy nadie- terminaba llorando amargamente.


         Mi vida social estaba otra vez peligrando, no me acordaba la última vez que había salido con mis amigos. Siempre pendiente del ordenador y del Messenger. En cualquier momento el portátil comenzaría a echar humo, lo dejaba todo el día encendido.
         Charly estaba muy enfadado conmigo, sabía que salía con un chico que viajaba, pero no le había dicho que era una súper estrella de cine. No se lo podía contar a nadie.
         En una entrevista que le hicieron a Marc, comentó que el amor a distancia le gustaba. Que así añoraba más a la persona amada y podía alegrarse más por volver a verla. A mi la verdad esto no me hizo mucha gracia, yo era la que debía esperar. Su agenda no era compatible con un romance clandestino. Supongo que si yo fuese rica, podría ir a verlo donde el estuviese, cuando me apeteciese. Lucir bonitos vestidos y estar siempre de fiesta, como esas chicas que veía en las revistas. Pero yo era camarera y no tenía ni voz ni voto en todo aquello. No entendía que es lo que se esperaba de mí. Este amor dolía demasiado.
         Contactar con él cada vez era más difícil, tenía muchos compromisos y el comienzo de una nueva película. No quería parecer un sargento, no le reprochaba nada, pero me dolía cada segundo que tenía que esperar para hablar con él. Yo estaba tan desesperada y a el parecía no importarle demasiado.
         Por supuesto que no lo importaba, tenía a todas esas chicas con las que distraerse. Seguro que estaba cansado de aguantarme, contactaba conmigo por compasión. Esto me sonaba mucho a “Chico mareando la perdiz”
         Quizás esa noche estuviese demasiado sensible, o más bien quemada.  Cuando pude contactar con él a las 4 de la madrugada, quería contarle todo lo que sentía y dejar las cosas mas claras ¿teníamos una relación en realidad?
         Me hizo esperar un rato, supuse que estaba hablando con su familia o con algún amigo.  Hacía dos días que no dormía. Cuando su WebCam se abrió me lleve un sobre salto, vestía un traje de etiqueta, lo note nervioso.
-Irene, preciosa no puedo hablar contigo, voy a recoger un premio. En cuanto pueda hablamos.
         Ni siquiera miraba a la cámara, junto a Marc había mas personas de etiqueta. Algunas eran chicas, le apartaron para decirme adiós con la mano y lanzarme un beso. No me dio tiempo a contestar, su ordenador estaba desconectado.
         Me quede con la boca abierta, en estado de shock, me dio un ataque de risa. Había estado esperando hasta las 4 de la mañana para esto. Tenía lo que me merecía por ilusa.
         La vida me había enseñado, a no confiar en ningún hombre, yo lo daba todo por este. Un desconocido. ¿Se puede ser más tonta?
         Por supuesto que se puede ser más tonta, llorar por alguien que se lo esta pasando bomba en ese momento, es de idiotas. Pues yo era la idiota mayor del mundo, no podía dejar de gimotear.
         Marc era mi capricho, llevado al máximo exponente. Alguien totalmente inalcanzable para una camarera de tercera. No entendía nada de lo que pasaba en su mundo.
         Desde luego que no encajaba en su vida, solo otra persona que se dedicarse a lo mismo podría comprenderle. Me lo tomaría con calma, no sabía lo que el destino me tenía preparado, pero no iba a seguir esperando.
         El seguía con su vida, no paraba de aquí para allá con su maravilloso trabajo, con toda esa gente sofisticada. Claro que no tenía tiempo para un españolita de a pie. Me sentí como el polvo seguro, un par de palabras bonitas y cuando vuelve al Londres aquí estoy yo derretida por él.
         Decidí que a partir del día siguiente, volvería a estar abierta al amor Un chico corriente, una vida normal.  Lo que me había pasado era un bonito sueño, del que tenía que despertar.
-No te lo crees ni tu-mi conciencia siempre tan dispuesta a meter el dedo en la llaga.
-Contigo no me hablo-el colmo, estaba hablando sola.

         Volví a salir con Charly de jarana por la ciudad, me presentaron a todos los solteros más guapos. Intente con todas mis fuerzas interesarme por alguno, pero estaba demasiado colgada aún de Marc.
         Necesitaba ser fuerte por él y por mí. Cortar  por lo sano, aunque mi corazón cada día sangraba un poco más. No podía evitar ver las revistas en los quioscos, mis dedos se crispaban ante la tentación de cogerlas y ojearlas. Esto debía quedar como un amor platónico y nada más.
-¿Qué te pasa princesa?
-Charly, perdona vamos a ver a ese amigo tuyo.
         Me sobresalte cuando nos acercamos a un chico que me daba la espalda, por un momento me pareció que era Marc. Mi alma a los pies cuando se dio la vuelta, se parecía un poquito a él. Era la primera vez que Charly me vio interesarme realmente por alguien.
-No se lo que pasa, pero tienes como una pantalla que te protege a tú alrededor. No dejas que nadie se te acerque demasiado. Ni siquiera yo.
-Creo que exageras- quiso probármelo, acerco una mano hacia mi, me aleje inconscientemente- lo siento.
-Aun no has cortado realmente con ese chico. Sigues colada por él.
-Tienes razón, pero es el quien no me quiere.
-¿Estas segura?
-Yo…
-Tienes que aclararlo para poder continuar con tu vida.
         Al llegar a casa intente encender el ordenador para intentar contactar con Marc.  Pero me pareció de lo mas absurdo, realmente yo no era nada en la vida de él, tenia que superarlo sola. Lloré amargamente toda la noche.
         Las cosas se empezaron a torcerse, mi primo regresó y me expulso de su hogar. Se traía a un guapo canadiense, quería vivir su amor.  Cogí todos mis trastos y me marche a casa de Charly. Me esperaba con los brazos abiertos y  con un Whiskey de crianza.
         Pensé en refugiarme en el trabajo, pero el destino estaba contra mí. Mi jefe me despidió, en cuanto se entero de la llegada de mi primo, con su nuevo amor.
         El día estaba gris, plomizo, el frío se me calaba en los huesos. Me sentí derrotada, mi corazón quería refugiarse en los brazos de Marc. En mi mano fría sujetaba el teléfono, allí en mitad de Londres me sentí muy sola. Solo quería oír su voz.
         No sabía si me contestaría, no había respondido a sus llamadas. Ayer no había sonado en todo el día, ya se había cansado de insistir. Mire mi móvil deseando que fuese una máquina de tele transporte. Mis dedos estaban rígidos, no pude evitar que se me escapara de entre los dedos, un charco acabo con su vida. Ahora si que había acabado con mi único contacto con Marc.
        

        
        
        



miércoles, 20 de junio de 2012

Un beso en Londres Capitulo 4


          Capitulo 4

         Seguí con mi vida lo mejor posible, haciendo las mismas cosas de siempre. No le conté nada a Charly pero  el sabía que pasaba algo, nunca me dejaba sola.
 En esos meses me gustaría decir que fui fuerte, que espere hasta que el llamara. Pero no me llamó y yo en mi desesperación casi fundo mi móvil.  Nunca respondió a mis llamadas, lo busque incansable por Internet, solo había imágenes de su nueva película.
         En algunas de los videos colgados en Internet, se  le podía ver pensativo en los descansos. Era una ilusa, pero me gustaba creer, que estaba tan serio porque pensaba en mí.
         Marcar su número sin descanso, no servía para nada, pero no podía dejar de hacerlo. Cada día estaba más sumida en mi mundo, me reprochaba no haber sabido comportarme en la fiesta, tenía que haber estado a la altura. Se había olvidado de mí en dos segundos.
         Mi mente me decía que estaba en lo cierto, era una fan más que se había beneficiado, alguien famoso. Pero mi corazón se negaba a olvidarle, cada día se hacía más preocupante mi enganche, todo el día pendiente de las noticias y revistas. Esto no podía seguir así, el destino había querido que nos encontrásemos, y si era para  mí pues lo sería.
         Charly estaba desesperado, mi cara deprimida era un poema. Hasta  que un día en el Pub de siempre, me levanté de pronto y grite ¡Se acabo! En un perfecto castellano, “ya estoy harta de esta situación, no volveré a deprimirme por ningún tío”,  oí a Charly traducir a los demás, me miraban alucinados, y aplaudieron mi determinación. En mi interior había encontrado por fin el interruptor de la felicidad. Estaría bien, todo se arreglaría. No más sufrimiento.
         Esa noche termine bailando y cantando en una mesa del garito. Quedamos con los demás en casa al día siguiente, les cocinaría una paella. Charly se quedó en casa a dormir, creo que no se fiaba de mí.
         Estaba en el trabajo resignada a mi suerte, cuando me entere por unas chicas que Marc había regresado a la ciudad, firmaría autógrafos en el centro comercial.  Pensamientos encontrados, ir o no ir, ¿como podía dejar pasar la ocasión de verle en directo?
          Pedí un par de horas libres en el trabajo. Los gritos desesperados se oían desde casi dos calles mas atrás, tendría suerte si podía verle. Empujones, carreras y mucha desesperación pora poder verle. Aunque llegue la última la diosa fortuna me ayudó,  conseguí situarme al final de la fila cerca del coche. Ya era tarde y se marchaba, estaba saludando a todo el personal, firmando autógrafos y posando para las fotos.
         A mi lado estaba el grupo mas escandaloso, el se demoró un poco mas con ellas. Creo que si las hubiesen dejado, lo habrían cortado en cachitos como recuerdo. En un segundo estuvo ante mí, alguien tenía una cámara y él creyó que quería una foto.
         Cuando me rodeo con su brazo, lo hizo de una manera totalmente impersonal. Sentí su brazo sobre los hombros, me acorde de la textura de su hombro al ser mordido, sus dedos largos descansaban sobre mi brazo.
         Las voces y las luces  ayudaban a crear un ambiente irreal, todo quedo en segundo plano, cuando me encontré otra vez entre sus brazos. Su mano se retiraba ya de mis hombros, cuando lo atrape por la barbilla, bese el lunar doble de su nuca, ese que había intentado borrar a lametazos. Me miró con sorpresa unos momentos, su mirada traspaso la mía.
Escupió el chicle que masticaba incansablemente, para apoderarse de mis labios. Mis manos se curvaron posesivas en su espalda, las suyas agarraban mi cintura apretando sin ningún miramiento,  nuestras bocas se separaron para volvernos a mirar.
-Marc…- me miraba fijamente a los labios, volvió a apoderarse de ellos.
         La magia del momento fue rota por los agentes de seguridad, unos brazos fuertes me apartaron. Marc quiso seguirme, pero se lo impidieron; le hicieron subir al coche.
         Me revolví furiosa, las chicas estaban frenéticas. Los periodistas comenzaron a dar la noticia del ataque de una  loca. Me quede quieta cuando me di cuenta que  era Dani el que me llevaba como un fardo, me metió en un taxi, le dio la dirección de un hotel. En el estómago empecé a sentir mariposas cuando me guiño un ojo.
         Le vería en pocos  minutos, ¿Qué le diría? ¿Qué me diría? Esperaba que la reacción por el beso significase que me recordaba, que yo le importaba. Pero no podía mentirme, no nos habíamos visto ni hablado en meses.
         Llegue al hotel justo cuando se marchaba la limusina que llevaba a Marc. Las piernas no me respondían muy bien, subí las escaleras y en el mismo hall estaba Marc, paseándose de un lado a otro, pasándose insistentemente las manos por el pelo. Me estaba esperando.
-¡Hola Marc!- estaba totalmente avergonzada.
-¡Ire! como siempre me has sorprendido-me tomo de la mano y me llevo a los ascensores.
         Sin cruzar ni una palabra me llevo a su habitación,  tiraba de mí a toda velocidad no paro de correr hasta que pasamos dentro de la habitación. Se apoyo en la puerta, con los ojos cerrados.
-¿Irene, esto se va a convertir en una costumbre? Por favor no juegues conmigo.
         “¿Que no juegue con él? ¿Había oído bien?” ¡Era algo increíble! Me culpaba a mí. Cuando abrió los ojos pude ver el sufrimiento, el mismo que yo había vivido. No fui capaz de articular palabra. Respiré hondo intentado tranquilizarme. Tenía que poner las cosas claras, yo también lo había pasado mal, sin saber de él, solo las informaciones que me llegaban a través de las revistas y de los programas de televisión. Tragué saliva.
- Estuve intentando comunicarme contigo durante mucho tiempo después de que te marcharas, no has contestado ninguna de mis llamadas, ni a mis mensajes- él intento hablar, pero no se lo permití-No es nada gracioso pedir a alguien que te llame si no piensas contestar- sentía que mis ojos ardían, necesitaba soltar toda la frustración-. La verdad es  que tú eres el único que se ha divertido con toda esta situación- odiaba ponerme dramática.
         Él se acercó a mí, me puso su mano en mi hombro y me fue acercando hacia él, me deje hacer, necesitaba que me abrazara, necesitaba su calor.
- No lo sabía- me susurró al oído- lo siento muchísimo, no tengo disculpa, pero mi manager me confisco  mi móvil personal, me dijo que nadie se había puesto en contacto conmigo.
         Lo mire a los ojos entre lagrimas, no era el momento de estar enfadados, estábamos de nuevo juntos. El espacio físico desapareció entre los dos, sus brazos me rodeaban y por fin mi cuerpo sintió estar en casa.
         Besos suaves, miradas de reconocimiento. Pude darme cuenta de las ojeras bajo sus ojos, estaba más delgado. Acariciaba mi cara, pasaba sus dedos por mis labios, para luego darle paso a su boca.
         En ese momento dejé de ser suave, mi cuerpo ardió . Mis piernas rodearon sus caderas, acercándole más a mí. Una pared fría toco mi espalda, besos ardientes en su cuello, sentía sus manos en mi trasero, sujetándome fuertemente.

         Cuando abrí los ojos no recordaba donde estaba, pero una mano entre mis pechos me hizo recordarlo, en la cama con él, con mi amor.
         Todo estaba en silencio, podía oír su respiración acompasada en un profundo sueño. Sentí su calor en cada centímetro de mi piel, me sobresalte cuando su mano empezó a moverse sobre mi pecho, aguante la respiración me acerque a él aún más.
-¿Estas despierta?-su voz ronca me toco la fibra sensible.
         Me revolví frenética buscando sus labios de nuevo, otra hora de amor desmesurado. Le necesitaba.
         Esta vez estuve muerta para el mundo hasta el día siguiente. Me desperté  al oír un ruido, Marc estaba levantado y viendo la televisión.
         Me metí en el baño, me dí una larga ducha. Los albornoces de los hoteles buenos son comodísimos. Me seque el pelo con una toalla y salí a enfrentarme al mundo.
          Habían traído el desayuno, mientras me duchaba. Marc estaba sirviendo el té y preparando una tostada. Me quede unos momentos contemplándole, llevaba una camiseta blanca y unos tejanos ceñidos. Un deseo de posesión me inundó, quise que fuese mío, que solo fuese un albañil o un oficinista, alguien anónimo a quien poder amar.
-Buenos días-se volvió y muy lentamente se acercó  a mí.
-Buenos días princesa-un dulce beso de buenos días, que fácil era amarlo.
         Creo que se me quedo cara de tonta, el me arrastro a la mesa para el desayuno. Preparo un montón de tostadas con mermelada.
-Siento que no sea pan con canela- me dijo con  buen humor.
-Cuando quieras te las preparo-le sonreí a mi vez.
         Movió su cabeza leonina, mirándome con sus ojos rasgados. Estaba tan relajado esa mañana. Tan perfecto, quizás un poco pálido, tendría que llevármelo a la playa.
-Me vuelves loco-me dijo como si no pudiese creerlo.
-¿Eso es malo?-estaba muy preocupada.
-Eso es lo mejor que me ha pasado en mi vida- sus ojos centelleaban de alegría.- siento que contigo puedo ser yo mismo, no se como lo haces pero me tienes atrapado. Eres preciosa.
-Tu si que eres guapo- no me creía ni una sola palabra, pero me dolía la cara de sonreír.
Mientras comíamos me contaba sus peripecias en los platos de medio mundo, me contó lo mal que lo pasaba lejos de casa, odiaba dormir en hoteles, eran fríos e impersonales cuando no se tenía la compañía adecuada, me guiñó un ojo. Bromeo mucho con la idea de ir a revisarse los oídos, las fans estaban acabando con ellos.
         El humor de Marc de repente cambio, estaba dándole vueltas a algo pero no terminaba de exponerlo. Me daba miedo lo que pudiera decir y sin más lo soltó.
-No me rechaces Irene, todo lo que me rodea es irreal, yo solo hice mi trabajo y ahora no puedo salir a la calle sin escolta. Esto es una pesadilla, en cada entrevista me preguntan lo mismo, ¿tienes novia? Y cuando digo que no se vuelven locas- se aparto el pelo de la cara con nerviosismo- Yo solo soy el chico que vivía en la Calle Mile End, sacaba malas notas y los fines de semana se emborrachaba como una cuba con sus amigos. Nunca conseguí a la chica, ninguna me hacía caso y ahora por arte de magia…- note desesperación en su voz-Me desean todas. Lo  que quiero es gustarte a ti de verdad…
         Mis brazos rodearon  su cabeza, él permaneció sentado mientras yo me acercaba  mas a él, me senté a horcajadas sobre sus piernas, hasta mirarnos de nuevo a los ojos.
- A mi me gustas, chico de la calle Mile- le bese en la nariz-Porqué eres simpático, divertido y un poco loco-besé sus labios-y tan sensible que parece que en cualquier momento te vas a resquebrajar entre mis manos.
         Tome su cara y le mire fijamente, que se le puede decir al hombre que te vuelve loca, cuando realmente lo primero que me enamoro fue su papel en esa película Ahora ves de verdad al ser humano, y eso te enamora mucho mas.
         Le bese los lunares del cuello, lentamente. Un suspiro escapo de sus labios, me estrecho fuertemente.
-¡Vas a acabar conmigo!- sus manos abrieron mi albornoz, acarició mi alma. Ahora la que suspiraba era yo.
         Después de un interludio tan apasionado, teníamos que enfrentarnos a la realidad. No me podían ver salir del hotel, aun era pronto y queríamos ver hacía donde nos llevaba esa relación, no podía ser vista. Le deje el número de mi móvil escrito en una bonita hoja con el nombre del hotel impreso. “no lo pierdas”- le recordé
         Salí del hotel y un grupo de periodistas esperaban al otro lado de la calle, pase sin problemas. Era él quien se enfrentaba a aquello cada día. Traído de aquí para halla, una máquina de hacer dinero.
         Luego pude ver una entrevista en la televisión. Se había puesto otra camiseta, la anterior había quedado muy deteriorada después de nuestro encuentro. Eso me hizo sonreír.
         Le preguntaron sobre mi, bueno mas bien sobre la fan loca. Menos mal que ninguno pudo captarme bien. En su boca se formo una sonrisa delatadora. Le preguntaron si le había hecho gracia, noté que se puso nervioso no supo que contestar. Empezó a sentirse violento. Sufrí por él, comprendí el daño que le hacían, antes de conocerlo también quería saber absolutamente todo sobre su vida. No era un modo de vivir.
         Le volvieron a preguntar por su novia, en el corazón sentí un pellizquito, me hubiera gustado que dijese que si, que era mío, pero como estaban las cosas era una auténtica locura.
         Cuando terminó la entrevista me telefoneó, quedamos vernos esa misma tarde...






lunes, 18 de junio de 2012

Un beso en Londres Capitulo 3


CAPITULO 3


         Hacía frío y me  acurruqué más en el sillón, me desperté de un salto ¿Dónde estaba Marc?, mi saloncito estaba vacío, iluminado por el sol, en aquel país no se estilaban las cortinas. Estaba sola.
         Quizás todo había sido un sueño, pero mi ropa olía a él, mi cuerpo aún recordaba su tacto y mi cara estaba un  poco irritada por su barba.
Sí, había estado allí, pero había abandonado a su loca fan.
En la mesita  había dejado un papel, con un mensaje, la letra era peor que la mía. Lo intente traducir, pero al final tuve que echar mano de mi diccionario.
         Tengo una entrevista a primera hora, me encantó ese pan con canela, llámame luego.
                                      Un beso.

         Me había dejado su teléfono, busque aterrorizada mi móvil, las manos me temblaban, conseguí marcar su número y memorizarlo. Le di a “llamada” pero lo colgué enseguida. No podía molestarle en su trabajo, pero sí podía mandarle un  mensaje con mi nombre, para que me llamara cuando quisiera.
         La piel se me puso de gallina al recordar todo lo vivido la noche anterior. Después de habernos relajado viendo un poco la  tele, Marc sin previo aviso me inmovilizo en el sofá. Me miró como un halcón a su presa, mientras volvía a quitarse la camisa lentamente, como dándome tiempo a rechazarlo. Muy serio y controlado comenzó  a bajarme la cremallera,  la luz mortecina de la lámpara, sacaba destellos rojizos de su pelo. Me sonroje cuando me di cuenta que no me había vuelto a poner el sujetador.
-¡Guau! Necesitaba volver a verlas- estaba encandilado con esa parte de mi anatomía.
         Su cara  desapareció entre ellas, se quedo inmóvil y relajado, mis manos acariciaron su pelo, sentí que todo encajaba en su lugar. El amor que me estaba embargando en ese momento, se me hacía insoportable.  De un movimiento rápido, caímos al suelo esta vez yo encima de él.
-Estas sobre mi, ¿no me das un beso?- su voz era muy sensual.
         Tome su cara entre mis manos, tome aire, tenía que darle un beso que no olvidase en la vida. Besos tiernos y salvajes. El lugar se nos había quedado pequeño, se levanto conmigo sobre él, aferrada a su cintura, terminamos retozando de nuevo en el punto de partida.
         Aún me sonrojaba recordar todo lo vivido, todo esto era muy nuevo para mí. Si el no fuese un chico súper famoso, lo que había ocurrido sería el comienzo de una relación pasional, híper romántica. Pero no sabía como funcionaba con él las cosas, debería conformarme con lo que había vivido, que  ya era bastante.
          Quise llamar también a Charly, pero quién me iba a creer, esto era mi secreto, no quería despertar de mi sueño. Ninguna opinión que me lo estropease, no quería dejar de sentirme así, tan feliz.
         Pensé seriamente en no ducharme, para no perder su olor. Pero la vida sigue y alguien tiene que servir los cafés. Decidí hacer mi vida normal, como siempre.
         Mi té, mis tostadas con mucha mermelada…pero esa mañana algo había cambiado, no tuve fuerzas para abrir el portátil.  Nada de verle a través de una pantalla, ahora tenía mis propios recuerdos, ahora sabía que tacto tenía su piel, el olor que desprendía y la experiencia de ser amada por Marc Lewis.
         Charly me esperaba en el parque, para dar nuestro paseo quema-toxinas, durante el que me contaba sus peripecias en el trabajo y  en lo guapo que era su nuevo novio. Luego comíamos tortilla de patatas, todos los días le tenía que hacer una. Todo un ritual, casi me hace pensar en otra cosa.
         En el trabajo no me fue mejor. Sara no paraba de preguntar y tuve que mentir, le dije que él no había venido a recogerme. Ella me miró suspicaz durante toda la tarde, quizás me delataban mis constantes miradas al móvil. Pero éste no sonó.
         Mi alma al suelo, al comprobar que tampoco estaba el coche en la esquina. Mi vuelta en metro se volvió insoportable, no pude concentrarme en leer, nunca podía permanecer en un sitio estática sin hacer nada, pero me encontraba como sonámbula.
         Abrí el portal, pero mi pobre corazón antes frío como el hielo, chisporroteó al ver a Marc en el último escalón junto a la puerta esperándome.

-Espero que te paguen lo suficiente, ¡Vaya horas!- Me apoyé en la pared mirándole embelesada.
         Cuando por fin pude apartar la mirada de sus ojos, me di cuenta de que estaba vestido de etiqueta.
-¡Que guapo estás!- De repente me sentí como una rata vestida con mis harapos.
-Esto… – Se miró y bufó despectivo- Es solo la ropa del trabajo, tengo que ir a una fiesta- Un nudo se formo en mi garganta, se iba a marchar.
-Estupendo…- no pude terminar la frase.
-Esto…Irene… ¿Quieres venir conmigo?- Creí ver una luz de esperanza en sus ojos.
         Me miré de arriba abajo, no estaba preparada, pero estaba feliz porque me lo hubiese pedido.  Ante mis ojos pude ver claramente la portada de una revista del corazón, con todos sus colores brillantes.
Flash
Marc Lewis se compadece de una bendiga
(Marc perfecto con su traje de diseño y a su lado una mendiga harapienta mirándole embelesada, por supuesto esa chica soy yo)

-Gracias, pero no creo que sea lo adecuado - Bajó las escaleras para tomar mi mano.
-¿Por qué no?- creo que esto no se lo esperaba.
-Soy una chica normal, de hecho demasiado. Creo que no quedaría muy bien en las fotos. Se la fama que tienes y no tardaría ni dos segundos en aparecer en todas las revistas. No quiero ser carnaza de cotilleo, la verdad es que me aterroriza.
-Mis hermanas también van a venir, puedes ir con ellas.
         Estar a merced de las cámaras y de las revistas del corazón, donde lo revisaban todo. Un escalofrío de terror me recorrió de arriba a bajo.
-Creo que no es buena idea, ve tú y diviértete- ¡Mentira podrida! no quería dejarlo marchar ¿y si lo encerraba en casa?, allí podía arrancarle el traje a mordiscos.
         No le miraba a la cara y no lo vi venir, un beso desesperado en la boca. Entre susurros un sutil-ven conmigo- como poder resistir.
-¿Cuándo es la fiesta?
-¡Vendrás!- no entendía tanto entusiasmo, la que tenía que estar como loca era yo.
         Asentí con la cabeza, en mi mente estaba revisando mi vestuario. ¡Qué fastidio, no estaba depilada! Así que unos pantalones y una blusa preciosa que había encontrado la semana pasada, tenían que servir.
-Dentro de una hora Dani vendrá a por ti- Me cogió las dos manos y me miro seriamente a los ojos- No faltes, por favor.
         Desapareció escaleras abajo, con él se llevo mi confianza. ¡Era una locura!  Atiné a duras penas a abrir la puerta, me quité la ropa desesperada, la ducha bien caliente, me lavé el cabello unas tres veces, mucha crema reparadora.
         Tuve que darle un planchado rápido a la ropa. El pánico se apoderó de mí cuando me di cuenta de que no tenía unas medias adecuadas, pillé un par desparejado, esperaba que no se notara.
Flash
¡ Arrg, medias de cada color¡
(Foto detallada de mi metedura de  pata )

         Descartados los tacones, nunca había podido andar con ellos, así que saqué brillo a mis socorridos zapatos planos. Charly tenía que estar ahí ayudándome, pero aún no estaba preparada para contar lo que me estaba pasando.
         No me dio tiempo a pensármelo ya llamaban al timbre. La suerte estaba echada. En mi monedero minúsculo para las ocasiones, metí dinero por si tenía que volver en un taxi, no creía que me dejasen entrar.
         El abrigo fue un problema, pero no pude evitarlo aún no estaba acostumbrada a ese frío, me gustaría ser como las chicas de por aquí, no llevan casi nada puesto con una temperatura de un grado bajo cero, se las ve tan felices.
         Me envolví en mi plumas negro, me costó la vida encontrarlo donde yo vivía, allí no hay este frío que se te mete en los huesos. Una última mirada en el pequeño espejo de la entrada, no estaba mal.
         Dani me esperaba en la puerta con un enorme coche negro, dentro estaban las dos hermanas de Marc. Parecían simpáticas, me saludaron con la mano y me invitaron a subir.
         Rubí y Shila unas simpáticas chicas del sur de Londres, estaban nerviosas como yo por la fiesta. No podía dejar de apreciar el parecido que tenían con Marc, los mismos ojos. Estaban muy delgadas y llevaban unos vestidos deslumbrantes llenos de cristales brillantes de distintos colores. Todo un espectáculo. No parecía importarles que su hermano invitase a una desconocida, eran de lo más agradables.
         Llegamos al local demasiado pronto para mí, me indicaron que dejara el abrigo en el coche. No estaba preparada para esto, una nube de fotógrafos estaban en las puertas, esperando a los invitados.
         Me colocaron entre las dos, parecía una familiar tenía casi la misma estatura que ellas y un tono de rubio similar. Me tranquilizó ver cómo los fotógrafos nos ignoraban, una foto de vez en cuando y pasamos al interior.
         Debía de ser toda una inculta, no reconocía a nadie de la fiesta, quizá alguno de vista. No desentonaba nada con las hermanas, ellas estaban tan alucinadas como yo, según nos adentrábamos, me señalaban a tal persona de tal serie, película o personaje famoso.
         Pero todo ello no las desvió de su objetivo la pista de baile, eran unas fiesteras. ¿Dónde estaba Marc? Debía de estar dando alguna entrevista por alguna parte.
         La música de Rihana comenzó a sonar, nos pusimos a bailar entre la flor y nata de los personajes de Londres. No eran muy diferentes de nosotros los normales, ya no tenía tanto miedo y comencé a relajarme un poco.
         Cuando sentí su cuerpo tras de mí, comenzamos a bailar muy juntos, podía oler su colonia y sentir su calor. No podíamos bailar muy pegados, podían vernos, sus hermanas nos cubrían, era muy divertido. Pronto se lo volvieron a llevar par conocer a no sé quién.
         Me quedé sorprendida del montón de personas que querían conocernos, por ser familia de Marc. Paseamos por todo el local, yo no hablé mucho, no encajarían bien mi falta total de acento y la verdad entre la música y las conversaciones, no entendía nada. Así que una sonrisa tonta y adelante.
         Bailamos con los chicos más guapos de la fiesta, nos lo estábamos pasando genial. Creo que eran modelos, de vez en cuando veía a Marc pasar, hablando con los invitados. Me di cuenta de que estaba muy cansado, se tocaba demasiado el pelo y su sonrisa no llegaba a sus ojos. Esto era su trabajo, no sabía  por qué me había traído a mí. Yo no pintaba nada allí.
         Otra vez mis malditos impulsos, lo hice antes siquiera de haberlo pensado, lo tomé del brazo y me lo llevé al centro de la pista.  Era un buen actor, pero no muy buen bailarín. Lo pasamos de miedo, aunque cometimos el error en un momento dado de bailar abrazados, creo que se notaba demasiado que estábamos liados. Pero Rubí nos echó una mano, nos separó disimuladamente, devolviéndonos a la dura realidad. Una mirada de disculpas, el deseo de mi cuerpo bajo  control, creo que él no lo tenía muy claro, bailaba demasiado rígido.
         Rubí nos llevó afuera a tomar el aire, sacaron los cigarrillos, no nos pudimos acercar uno  a otro porque estaban los fotógrafos haciendo fotos. Mis nervios estaban a flor de piel,  intentó acercarse y yo me retiré asustada. Comprendí que no podía vivir con aquella presión. Yo solo era el rollo de Marc, carne de una sola portada. Me aterrorizaba pensar que en cualquier momento, se pudiera descubrir, para ser odiada por miles y miles de fans del todo el mundo.
-¡Ey, Ire!- Me había quedado ensimismada, absorta en mis pensamientos, Marc movía sus manos delante de mi cara-¿Esto no funciona, verdad?
         Realmente estaba apenado ¿Qué me había perdido? Le miré confusa, ¿Qué quería decir?
-Pensé que sería divertido, pero esto es insufrible. No puedo acercarme a ti.
-Sí, tienes razón. Creo que me marcho a casa. Estoy cansada-Rubí me rodeaba los hombros, para que la prensa no supiese con quien estaba hablando.
-Sí, quizás sea lo mejor- vi en sus ojos la desilusión-Mañana me marcho al rodaje de mi nueva película, no podré volver en dos meses- otra vez esa timidez tan extrema que me encantaba-¿Me llamaras?
-Por supuesto, nos llamamos.
          Dani apareció de la nada, Rubí me acompaño para cubrir las apariencias.
         Fui muy valiente hasta llegar a casa, pero en la misma entrada me derrumbé. ¡Un maldito desastre! Mi vida era un maldito desastre, pero no cometería los mismos errores otra vez.
         Me había marchado de mi casa, de mi país y dejé a mi familia por culpa del desamor. Un amor que devastó mi vida, dejándome sola y desesperada.
         Y ahora mi cuerpo se convulsionaba lastimeramente por la pérdida de un sueño, alguien que nunca podía ser mío. Tenía que recomponerme, yo era una camarera que vivía de prestado y que siempre sacaba ánimos de donde fuera.
          Él se marchaba a hacer su trabajo y yo seguiría con el mío, costase lo que costase. Solo había estado con él dos días y no sabía si era sincero o una manera de dejarme tirada, nadie lo haría otra vez, ni siquiera el hombre más deseado del mundo.