domingo, 17 de junio de 2012

Un beso en Londres capitulo 2


Capitulo 2
Tres días de  auténtica depresión, no podía olvidar aquel beso, se repetía una y otra vez. Mi estómago estaba saturado por culpa del chocolate, era lo único que me consolaba. Charly no paraba de  decirme que estaba equivocaba, que no era él.
- Yo conozco al amigo de un amigo, qué lo conoce. No te preocupes conseguiré que lo veas.-intentaba darme esperanzas.
 Todos los petardos de Londres habían salido a tomar café aquella tarde, en todas sus variantes.  No tenía ganas de trabajar, pero tampoco me apetecía volver a casa. Esa noche la pasaría en vela, pensando en él, mi amor platónico estaba tomando unos tintes de obsesión peligrosa.
-¿Qué va a tomar?- Pregunté mecánicamente, mientras me acercaba a la máquina del café.
- Un chocolate, por favor- Una voz inconfundible para mí, la oía cada día en mi portátil, le mire desencajada.
-Si…claro-¡Tierra trágame¡ Nada inteligente me venía a la cabeza, ningún comentario gracioso ¡Nada¡
         No sé si le puse café o chocolate mi cerebro había desconectado, bonito momento para hacerlo. Él me miraba divertido, debía de estar muy cómica.
-Gracias- se despidió levantando su vaso.
         Cuando se dio la vuelta pensé en saltar del mostrador y agarrarle,  pero mi vena madura afloró, el trabajo era el trabajo, esto era algo para recordar siempre, lo estúpida que se puede llegar a ser. Me vino una visión a la cabeza.

Flash
Marc Lewis compra un café y continúa su camino.
(Dentro de la cafetería se me puede ver a mí mirándolo con la boca abierta)
           
            Mi mente se llenó de  las imágenes de las revistas, todas las había estudiado con cuidado, en algunas aparecía con vasos de café, paseando por las calles, me preguntaba que había sentido la chica que lo había atendido, ahora lo sabía de primera mano.
Me había quedado de piedra, solo podía ver sus ojos claros mirándome directamente. Tenía un gorro negro calado hasta ellos, haciéndolos mas visibles, su boca había dibujado una sonrisa traviesa, dedicada solo a mí. Ahora me daba cuenta de que me había ido a mi lugar de fantasía.  Cuando mis ojos volvieron a enfocar, él ya no estaba a la vista, un grupo de chicos se acercaba al mostrador.
         Les atendí totalmente atolondrada,  necesitaba tiempo para recuperarme, les puse todo lo que pidieron lo mejor posible. Mi compañera me ayudo a darles el cambio, no atinaba a marcar en la caja.
         Cuando se fueron me llevé la sorpresa de mi vida, Marc Lewis, mi Marc Lewis estaba en una mesa mirándome muy atento a mis movimientos. Tuve que pellizcarme una pierna disimuladamente para comprobar que no estaba soñando.
-¡Ey, Marc¡- Salude tontamente con la mano.
         Mi compañera me empujó hacia fuera del mostrador, aquel local era muy pequeño así que casi caigo otra vez encima de él.
-jajá jajá- no pude evitar la risa, que tonterías estaba haciendo.
         Su sonora carcajada me recorrió por entero, nunca hubiese pensado verle reír en directo. Me agarre a la silla que estaba frente a él, me había quedado blanca por la impresión, me indico con la mano que me sentara, lo hice como un autómata.  Nota mental, llevarme a casa la silla donde su trasero había descansado.
-Soy Marc, encantado de conocerte…
-Irene- al menos me había acordado de mi nombre.
-Por un momento pensé que ibas a besarme otra vez-¡vaya corte¡ se acordaba de mí, su cara no reflejaba fastidio, solo diversión.
-Dame tiempo-le guiñé un ojo.
         Se había puesto colorado, no lo podía creer, mi corazón estaba enloquecido. Se acordaba de mí y de mi beso, deje escapar un suspiro.
-Sigue así y te lo daré ahora mismo.
-¿Me lo prometes?- por un momento mi corazón se sobresalto, pero comprendí que debía estar  de broma.
-¿Qué haces aquí en Londres?- en ese momento me pareció una buena pregunta, suficientemente alejada de los besos.
-Pues, buscarte a ti- ahí fue cuando se me congeló  la sangre en las venas, ¡Lo decía en serio¡ No pude articular palabra, abría la boca pero de ella no salía sonido alguno.
-¿Quieres cenar conmigo, señorita Irene?- lo dijo mirándome directamente a los ojos, note que realmente estaba nervioso por mi respuesta, esto hizo saltar las alarmas en mi cabeza.
-¿Esto es un truco, verdad?- levante la mirada para buscar las cámaras, esto debía ser una broma, esas que hacen los amigos sicópatas, el nombre de Charly se cruzo por mi mente.
Flash
Marc Lewis colabora en una broma a una fan
(Mi rostro totalmente avergonzado, mientras todos se mueren de risa)

-¡Señor Lewis, si esto es una broma, no tiene gracia¡- le mire muy sería, mientras me levantaba.
        Marc también se puso en pie, verle a mi lado era aún más impresionante, me sacaba una cabeza de altura, me miro a los ojos, a los labios y usando una voz muy sensual, me  susurro.
-Esto no es una broma- y me dio un suave beso en los labios.
- Sí- la afirmación me salió derretida por el calor.
-Muy bien esta noche pasare a recogerte- me sonrió muy satisfecho.
          En un segundo estaba en la puerta, se despidió de mí con un movimiento de la mano y se marcho. Sara se acercó a mi gritando, también estaba alucinada. Ni que decir tiene que ya no  trabajé más en toda la tarde, mi compañera se portó de maravilla yo no me podía mover de mi rincón del mostrador, perdida en mis pensamientos.
         El pánico me sobrevino al comprender, que salir a cenar sería un poco difícil vestida con la ropa del trabajo. Una preocupación más, me hubiera ido a casa a cambiarme pero no me atrevía a ausentarme, no habíamos quedado a ninguna hora en concreto.
         Las horas se me hicieron interminables, pero Marc no llegaba, buscando distraerme, limpie todo el local antes de salir. Fuera en la calle no estaba ese impresionante coche que yo esperaba. Nada, no había nada, si había sido una broma desde luego era de lo más cruel.
Recompuse los cachitos de mi corazón allí mismo en la puerta corredera y me dispuse a volver a casa.  Un coche negro pequeño estaba aparcado en la esquina, allí estaba Marc esperándome. No podía respirar, me acerque a él, muy lentamente.
-Lo siento Irene, alguien se ha enterado de que estaba por aquí- Se veía muy apurado, por lo menos había venido a decírmelo.
-OK, no pasa nada- ¿Por qué mi voz sonaba al borde de las lágrimas? Era una tontería, pero estaba emocionada.
         Me abrió la puerta para que me sentara con él, alguien conducía el coche, un tipo alto, fuerte y moreno.
-¡Hola¡- me senté avergonzada.
-Este es mi amigo Dani, es mi guardaespaldas- sonrió como si eso fuese lo  más ridículo del mundo.
-Encantada Dani, yo soy Irene.
-Señorita- se toco un sombrero imaginario.
         Dani me cayó bien desde el primer momento, parecía un gangster de los años 40 o un boxeador, era del todo imponente en su tamaño, era un hombre de confianza y el que protegía a Marc, creo que a veces de sí mismo.
-Siento no poder llevarte a cenar pero es que…
-¿Por qué no vamos a mi casa?
         No estaba dispuesta a que se me escapara otra vez, alzo sus cejas sorprendido y encantado. Le di la dirección a Dani, cohibida y emocionada permanecí sentada junto a él.
         Su olor llenaba mis fosas nasales, los perfumes eran mi debilidad. Un chico me parecía aún mas guapo si  olía bien, y él había ganaba con creces a todo lo experimentado anteriormente.
-¿Besas a todos lo chicos sobres los que caes?- el brazo lo tenía apoyado en el asiento y su cabeza descansaba sobre su mano, coqueteaba conmigo descaradamente.
-Se podría decir que sí, eres el primero sobre el que caigo y beso- a esto pueden jugar dos.
- Como dije antes, puedes caer sobre mí cuando quieras.
         ¿Me estaba diciendo lo que yo pensaba que me estaba diciendo?, ¿quería que lo besara?. Yo desde luego no necesitaba ningún estímulo para hacerlo. Pero no me creía nada de lo que estaba pasando.
         Llegamos en un periquete a mi edificio, mi casa estaba encima de una librería, era la única vivienda, así que era muy intima. Deseé que todo estuviera estupendo, todo en su lugar.
         Le indique el sillón mientras me cambiaba la ropa del trabajo, por supuesto me  di una ducha rapidísima, los dientes, el pelo y  brillo de labios. Me quede mirando mi cara reflejada en el espejo, quería estar segura de que era yo realmente la que estaba viviendo todo aquello.
         Unos vaqueros y una sudadera con cremallera, por si la cosa se ponía interesante. Cuando salí él estaba viendo la televisión muy entretenido, alzo la vista.
-Muy guapa- tuve que controlarme para no saltar sobre él.
-Gracias- tenía que ponerme en movimiento, si no quería violarlo allí mismo.
          Miré en el frigorífico, no había mucho donde elegir, tomate y un trozo de manzana muy arrugado y seco. Tenía pan duro y leche, decidí hacer unas torrijas ¡Viva la Semana Santa¡
         Me alegré que la cocina estuviese abierta al salón podíamos hablar y sobre todo yo podía verle a mis anchas. Estaba viendo las noticias, cuando apareció su cara ocupando la pantalla.
-¡Que vergüenza!- se paso nervioso la mano por el cabello.
         Casi me quemó con el aceite caliente, había  observado ese movimiento miles de veces en Internet. Me moría por tocar su pelo, ¿le gustaría? A muchos chicos no les gusta que les toquen el pelo.
-Aun no he firmado para eso- estaban hablando sobre los rumores, de la filmación de una nueva película.
- Creo que estarías estupendo de Conde- era una peli de época.
- Si, bueno… ¿Cuál es tu  película favorita?
- “Que Bello es vivir”- lo dije sin pensar.
-Yo creí que era una mía- se estaba  burlando de mí.
         Lo dijo arrastrando las palabras, se me puso la piel de gallina. No podía creer que Marc estuviese en mi salón y sobre todo manteniendo una conversación.
         Terminé las torrijas y las serví en la minúscula mesa frente al televisor con un buen vaso de leche fría, cuando mordió la primera rebanada y pude ver su cara de deleite, agradecí a mi madre que me hubiese enseñado a cocinar.
-¡Umm, delicioso¡
         El siguiente bocado fue aún más grande, reí encantada, yo no podía comer nada, estaba demasiado nerviosa.
-¿Qué es esto?- la boca la tenía llena de azúcar.
         Mi mano limpio su boca como si de un niño se tratara, pero mis movimientos se hicieron  más lentos hasta centrarme solo en sus labios, esos labios que yo tanto había besado en mi imaginación.         
Uní mis labios a los suyos sin darme cuenta, su aliento caliente acaricio mi boca. Hundí mis manos en su cabeza, su pelo acariciaba mis manos.
         Bese su boca, la mandíbula hasta llegar a su cuello.  Era consciente de que el permanecía muy quieto, dejándose hacer, esta quizá fuese mi única oportunidad de tocarle.
         Llevar completamente la iniciativa me cohibía, le mire de nuevo a los ojos, temiendo lo que me podía encontrar. Me tomo por sorpresa, el calor liquido que podía ver en ellos,  eran  azul claro como el cielo. 
-Marc…- susurre en su boca, antes de apoderarme de nuevo de ella.
         Había suplica en mi voz, le quería, era una locura pero estaba enamorada de él. Ahora que lo tenía en carne y hueso entre mis brazos, no podía dejar de tocarlo.
            Sus manos nerviosas comenzaron a acariciar mi cuerpo, lo sentía por todas partes. Le arranque la camisa que llevaba, fuimos como dos antorchas en plena combustión.
         Era la primera vez que toda mi pasión me era devuelta con creces. Hacer el amor con Marc era extremo, pero nada me había preparado para el puro deleite de sentirle dentro.
         Una  tormenta eléctrica, sentía mi cuerpo en tensión, un fogonazo de placer, todo se volvió suave y tierno a mí alrededor. Esto era para recordar todos los días de mi vida. Pero nada comparable al momento de subir la  mirada y encontrarme con su cara sonriente.
-¡Guau¡
-Si, desde luego, gracias- le volví a besar,¡ gracias por ser así, gracias por ser tú, gracias por elegirme a mí, gracias por existir!
-¿Gracias?- me miraba perplejo, de repente me habían salido dos cabezas-¡Gracias a ti!
         Otra vez mis impulsos incontrolables tomaron el mando, lo atrapé y lo  abracé, besaba todo lo que tenía a mi alcance. Solo podía repetir una y otra vez  ¡sí, sí, sí!
         Menos mal que eso a Marc le pareció muy gracioso, me  apartó de sus brazos, acariciándome la cabeza. Me decía palabras tranquilizadoras, me disculpé y me  marché al baño avergonzada. ¡Vaya papelón!
         Cuando salí estaba muy tranquilo comiéndose las torrijas que quedaban,  me detuve un instante para verlo comer, estaba colada hasta las trancas de un amor imposible, yo era camarera de una cafetería y él había estado en los Oscar. Además con ese montón de chicas guapísimas, que siempre lo rodeaban, yo no tenía ninguna posibilidad.
         Ahora estaba en mi minúsculo salón comiendo, viendo las noticias de última hora. Volvió su cabeza y me  pilló cavilando muy pensativa.
-Ven acércate- alargó su mano para tomar la mía y acercarme al sofá junto a él. -¿Estas mejor?
         Realmente estaba preocupado, sabía que me había comportado como una fan desbocada.
-Sí, perdona. Ha sido todo por culpa de la impresión- No me podía hundir mas en el sofá. ¡Tierra trágame!
         Me rodeó con su brazo para ver junto a  mí las noticias, un suspiro de éxtasis se  escapó de entre mis labios.





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