Capitulo
2
Tres días
de auténtica depresión, no podía olvidar aquel beso, se
repetía una y otra vez. Mi estómago estaba saturado por culpa del
chocolate, era lo único que me consolaba. Charly no paraba de
decirme que estaba equivocaba, que no era él.
-
Yo conozco al amigo de un amigo, qué lo conoce. No te preocupes
conseguiré que lo veas.-intentaba darme esperanzas.
Todos
los petardos de Londres habían salido a tomar café aquella tarde,
en todas sus variantes. No tenía ganas de trabajar, pero
tampoco me apetecía volver a casa. Esa noche la pasaría en vela,
pensando en él, mi amor platónico estaba tomando unos tintes de
obsesión peligrosa.
-¿Qué
va a tomar?- Pregunté mecánicamente, mientras me acercaba a la
máquina del café.
-
Un chocolate, por favor- Una voz inconfundible para mí, la oía cada
día en mi portátil, le mire desencajada.
-Si…claro-¡Tierra
trágame¡ Nada inteligente me venía a la cabeza, ningún comentario
gracioso ¡Nada¡
No sé si le puse café o
chocolate mi cerebro había desconectado, bonito momento para
hacerlo. Él me miraba divertido, debía de estar muy cómica.
-Gracias-
se despidió levantando su vaso.
Cuando se dio la vuelta pensé
en saltar del mostrador y agarrarle, pero
mi vena madura afloró, el trabajo era el trabajo, esto era algo para
recordar siempre, lo estúpida que se puede llegar a ser. Me vino una
visión a la cabeza.
Flash
Marc
Lewis compra un café y continúa su camino.
(Dentro
de la cafetería se me puede ver a mí mirándolo con la boca
abierta)
Mi mente se llenó de las
imágenes de las revistas, todas las había estudiado con cuidado, en
algunas aparecía con vasos de café, paseando por las calles, me
preguntaba que había sentido la chica que lo había atendido, ahora
lo sabía de primera mano.
Me
había quedado de piedra, solo podía ver sus ojos claros mirándome
directamente. Tenía un gorro negro calado hasta ellos, haciéndolos
mas visibles, su boca había dibujado una sonrisa traviesa, dedicada
solo a mí. Ahora me daba cuenta de que me había ido a mi lugar de
fantasía. Cuando mis ojos volvieron a enfocar, él ya no
estaba a la vista, un grupo de chicos se acercaba al mostrador.
Les atendí totalmente
atolondrada, necesitaba tiempo para recuperarme, les puse todo
lo que pidieron lo mejor posible. Mi compañera me ayudo a darles el
cambio, no atinaba a marcar en la caja.
Cuando se fueron me llevé la
sorpresa de mi vida, Marc Lewis, mi Marc Lewis estaba en una mesa
mirándome muy atento a mis movimientos. Tuve que pellizcarme una
pierna disimuladamente para comprobar que no estaba soñando.
-¡Ey,
Marc¡- Salude tontamente con la mano.
Mi compañera me empujó hacia
fuera del mostrador, aquel local era muy pequeño así que casi caigo
otra vez encima de él.
-jajá
jajá- no pude evitar la risa, que tonterías estaba haciendo.
Su sonora carcajada me recorrió
por entero, nunca hubiese pensado verle reír en directo. Me agarre a
la silla que estaba frente a él, me había quedado blanca por la
impresión, me indico con la mano que me sentara, lo hice como un
autómata. Nota mental, llevarme a casa la silla donde su
trasero había descansado.
-Soy
Marc, encantado de conocerte…
-Irene-
al menos me había acordado de mi nombre.
-Por
un momento pensé que ibas a besarme otra vez-¡vaya corte¡ se
acordaba de mí, su cara no reflejaba fastidio, solo diversión.
-Dame
tiempo-le guiñé un ojo.
Se había puesto colorado, no lo
podía creer, mi corazón estaba enloquecido. Se acordaba de mí y de
mi beso, deje escapar un suspiro.
-Sigue
así y te lo daré ahora mismo.
-¿Me
lo prometes?- por un momento mi corazón se sobresalto, pero
comprendí que debía estar de broma.
-¿Qué
haces aquí en Londres?- en ese momento me pareció una buena
pregunta, suficientemente alejada de los besos.
-Pues,
buscarte a ti- ahí fue cuando se me congeló la sangre en las
venas, ¡Lo decía en serio¡ No pude articular palabra, abría la
boca pero de ella no salía sonido alguno.
-¿Quieres
cenar conmigo, señorita Irene?- lo dijo mirándome directamente a
los ojos, note que realmente estaba nervioso por mi respuesta, esto
hizo saltar las alarmas en mi cabeza.
-¿Esto
es un truco, verdad?- levante la mirada para buscar las cámaras,
esto debía ser una broma, esas que hacen los amigos sicópatas, el
nombre de Charly se cruzo por mi mente.
Flash
Marc
Lewis colabora en una broma a una fan
(Mi
rostro totalmente avergonzado, mientras todos se mueren de risa)
-¡Señor
Lewis, si esto es una broma, no tiene gracia¡- le mire muy sería,
mientras me levantaba.
Marc
también se puso en pie, verle a mi lado era aún más impresionante,
me sacaba una cabeza de altura, me miro a los ojos, a los labios y
usando una voz muy sensual, me susurro.
-Esto
no es una broma- y me dio un suave beso en los labios.
-
Sí- la afirmación me salió derretida por el calor.
-Muy
bien esta noche pasare a recogerte- me sonrió muy satisfecho.
En un segundo estaba en la
puerta, se despidió de mí con un movimiento de la mano y se marcho.
Sara se acercó a mi gritando, también estaba alucinada. Ni que
decir tiene que ya no trabajé más en toda la tarde, mi
compañera se portó de maravilla yo no me podía mover de mi rincón
del mostrador, perdida en mis pensamientos.
El pánico me sobrevino al
comprender, que salir a cenar sería un poco difícil vestida con la
ropa del trabajo. Una preocupación más, me hubiera ido a casa a
cambiarme pero no me atrevía a ausentarme, no habíamos quedado a
ninguna hora en concreto.
Las horas se me hicieron
interminables, pero Marc no llegaba, buscando distraerme, limpie todo
el local antes de salir. Fuera en la calle no estaba ese
impresionante coche que yo esperaba. Nada, no había nada, si había
sido una broma desde luego era de lo más cruel.
Recompuse
los cachitos de mi corazón allí mismo en la puerta corredera y me
dispuse a volver a casa. Un coche negro pequeño estaba
aparcado en la esquina, allí estaba Marc esperándome. No podía
respirar, me acerque a él, muy lentamente.
-Lo
siento Irene, alguien se ha enterado de que estaba por aquí- Se veía
muy apurado, por lo menos había venido a decírmelo.
-OK,
no pasa nada- ¿Por qué mi voz sonaba al borde de las lágrimas? Era
una tontería, pero estaba emocionada.
Me abrió la puerta para que me
sentara con él, alguien conducía el coche, un tipo alto, fuerte y
moreno.
-¡Hola¡-
me senté avergonzada.
-Este
es mi amigo Dani, es mi guardaespaldas- sonrió como si eso fuese lo
más ridículo del mundo.
-Encantada
Dani, yo soy Irene.
-Señorita-
se toco un sombrero imaginario.
Dani me cayó bien desde el
primer momento, parecía un gangster de los años 40 o un boxeador,
era del todo imponente en su tamaño, era un hombre de confianza y el
que protegía a Marc, creo que a veces de sí mismo.
-Siento
no poder llevarte a cenar pero es que…
-¿Por
qué no vamos a mi casa?
No estaba dispuesta a que se me
escapara otra vez, alzo sus cejas sorprendido y encantado. Le di la
dirección a Dani, cohibida y emocionada permanecí sentada junto a
él.
Su olor llenaba mis fosas
nasales, los perfumes eran mi debilidad. Un chico me parecía aún
mas guapo si olía bien, y él había ganaba con creces a todo
lo experimentado anteriormente.
-¿Besas
a todos lo chicos sobres los que caes?- el brazo lo tenía apoyado en
el asiento y su cabeza descansaba sobre su mano, coqueteaba conmigo
descaradamente.
-Se
podría decir que sí, eres el primero sobre el que caigo y beso- a
esto pueden jugar dos.
-
Como dije antes, puedes caer sobre mí cuando quieras.
¿Me estaba diciendo lo que yo
pensaba que me estaba diciendo?, ¿quería que lo besara?. Yo desde
luego no necesitaba ningún estímulo para hacerlo. Pero no me creía
nada de lo que estaba pasando.
Llegamos en un periquete a mi
edificio, mi casa estaba encima de una librería, era la única
vivienda, así
que era muy intima. Deseé que todo estuviera estupendo, todo en su
lugar.
Le indique el sillón mientras
me cambiaba la ropa del trabajo, por supuesto me di una ducha
rapidísima, los dientes, el pelo y brillo de labios. Me quede
mirando mi cara reflejada en el espejo, quería estar segura de que
era yo realmente la que estaba viviendo todo aquello.
Unos vaqueros y una sudadera con
cremallera, por si la cosa se ponía interesante. Cuando salí él
estaba viendo la televisión muy entretenido, alzo la vista.
-Muy
guapa- tuve que controlarme para no saltar sobre él.
-Gracias-
tenía que ponerme en movimiento, si no quería violarlo allí mismo.
Miré en el frigorífico,
no había mucho donde elegir, tomate y un trozo de manzana muy
arrugado y seco. Tenía pan duro y leche, decidí hacer unas torrijas
¡Viva la Semana Santa¡
Me alegré que la cocina
estuviese abierta al salón podíamos hablar y sobre todo yo podía
verle a mis anchas. Estaba viendo las noticias, cuando apareció su
cara ocupando la pantalla.
-¡Que
vergüenza!- se paso nervioso la mano por el cabello.
Casi me quemó con el aceite
caliente, había observado ese movimiento miles de veces en
Internet. Me moría por tocar su pelo, ¿le gustaría? A muchos
chicos no les gusta que les toquen el pelo.
-Aun
no he firmado para eso- estaban hablando sobre los rumores, de la
filmación de una nueva película.
-
Creo que estarías estupendo de Conde- era una peli de época.
-
Si, bueno… ¿Cuál es tu película favorita?
-
“Que Bello es vivir”- lo dije sin pensar.
-Yo
creí que era una mía- se estaba burlando de mí.
Lo dijo arrastrando las
palabras, se me puso la piel de gallina. No podía creer que Marc
estuviese en mi salón y sobre todo manteniendo una conversación.
Terminé las torrijas y las
serví en la minúscula mesa frente al televisor con un buen vaso de
leche fría, cuando mordió la primera rebanada y pude ver su cara de
deleite, agradecí a mi madre que me hubiese enseñado a cocinar.
-¡Umm,
delicioso¡
El siguiente bocado fue aún más
grande, reí encantada, yo no podía comer nada, estaba demasiado
nerviosa.
-¿Qué
es esto?- la boca la tenía llena de azúcar.
Mi mano limpio su boca como si
de un niño se tratara, pero mis movimientos se hicieron más
lentos hasta centrarme solo en sus labios, esos labios que yo tanto
había besado en mi imaginación.
Uní
mis labios a los suyos sin darme cuenta, su aliento caliente acaricio
mi boca. Hundí mis manos en su cabeza, su pelo acariciaba mis manos.
Bese su boca, la mandíbula
hasta llegar a su cuello. Era consciente de que el permanecía
muy quieto, dejándose hacer, esta quizá fuese mi única oportunidad
de tocarle.
Llevar completamente la
iniciativa me cohibía, le mire de nuevo a los ojos, temiendo lo que
me podía encontrar. Me tomo por sorpresa, el calor liquido que podía
ver en ellos, eran azul claro como el cielo.
-Marc…-
susurre en su boca, antes de apoderarme de nuevo de ella.
Había suplica en mi voz, le
quería, era una locura pero estaba enamorada de él. Ahora que lo
tenía en carne y hueso entre mis brazos, no podía dejar de tocarlo.
Sus manos nerviosas comenzaron a
acariciar mi cuerpo, lo sentía por todas partes. Le arranque la
camisa que llevaba, fuimos como dos antorchas en plena combustión.
Era la primera vez que toda mi
pasión me era devuelta con creces. Hacer el amor con Marc era
extremo, pero nada me había preparado para el puro deleite de
sentirle dentro.
Una tormenta eléctrica,
sentía mi cuerpo en tensión, un fogonazo de placer, todo se volvió
suave y tierno a mí alrededor. Esto era para recordar todos los días
de mi vida. Pero nada comparable al momento de subir la mirada
y encontrarme con su cara sonriente.
-¡Guau¡
-Si,
desde luego, gracias- le volví a besar,¡ gracias por ser así,
gracias por ser tú, gracias por elegirme a mí, gracias por existir!
-¿Gracias?-
me miraba perplejo, de repente me habían salido dos cabezas-¡Gracias
a ti!
Otra vez mis impulsos
incontrolables tomaron el mando, lo atrapé y lo abracé,
besaba todo lo que tenía a mi alcance. Solo podía repetir una y
otra vez ¡sí, sí, sí!
Menos mal que eso a Marc le
pareció muy gracioso, me apartó de sus brazos, acariciándome
la cabeza. Me decía palabras tranquilizadoras, me disculpé y me
marché al baño avergonzada. ¡Vaya papelón!
Cuando salí estaba muy
tranquilo comiéndose las torrijas que quedaban, me detuve un
instante para verlo comer, estaba colada hasta las trancas de un amor
imposible, yo era camarera de una cafetería y él había estado en
los Oscar. Además con ese montón de chicas guapísimas, que siempre
lo rodeaban, yo no tenía ninguna posibilidad.
Ahora estaba en mi minúsculo
salón comiendo, viendo las noticias de última hora. Volvió su
cabeza y me pilló cavilando muy pensativa.
-Ven
acércate- alargó su mano para tomar la mía y acercarme al sofá
junto a él. -¿Estas mejor?
Realmente estaba preocupado,
sabía que me había comportado como una fan desbocada.
-Sí,
perdona. Ha sido todo por culpa de la impresión- No me podía hundir
mas en el sofá. ¡Tierra trágame!
Me rodeó con su brazo para ver
junto a mí las noticias, un suspiro de éxtasis se escapó
de entre mis labios.
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