miércoles, 20 de junio de 2012

Un beso en Londres Capitulo 4


          Capitulo 4

         Seguí con mi vida lo mejor posible, haciendo las mismas cosas de siempre. No le conté nada a Charly pero  el sabía que pasaba algo, nunca me dejaba sola.
 En esos meses me gustaría decir que fui fuerte, que espere hasta que el llamara. Pero no me llamó y yo en mi desesperación casi fundo mi móvil.  Nunca respondió a mis llamadas, lo busque incansable por Internet, solo había imágenes de su nueva película.
         En algunas de los videos colgados en Internet, se  le podía ver pensativo en los descansos. Era una ilusa, pero me gustaba creer, que estaba tan serio porque pensaba en mí.
         Marcar su número sin descanso, no servía para nada, pero no podía dejar de hacerlo. Cada día estaba más sumida en mi mundo, me reprochaba no haber sabido comportarme en la fiesta, tenía que haber estado a la altura. Se había olvidado de mí en dos segundos.
         Mi mente me decía que estaba en lo cierto, era una fan más que se había beneficiado, alguien famoso. Pero mi corazón se negaba a olvidarle, cada día se hacía más preocupante mi enganche, todo el día pendiente de las noticias y revistas. Esto no podía seguir así, el destino había querido que nos encontrásemos, y si era para  mí pues lo sería.
         Charly estaba desesperado, mi cara deprimida era un poema. Hasta  que un día en el Pub de siempre, me levanté de pronto y grite ¡Se acabo! En un perfecto castellano, “ya estoy harta de esta situación, no volveré a deprimirme por ningún tío”,  oí a Charly traducir a los demás, me miraban alucinados, y aplaudieron mi determinación. En mi interior había encontrado por fin el interruptor de la felicidad. Estaría bien, todo se arreglaría. No más sufrimiento.
         Esa noche termine bailando y cantando en una mesa del garito. Quedamos con los demás en casa al día siguiente, les cocinaría una paella. Charly se quedó en casa a dormir, creo que no se fiaba de mí.
         Estaba en el trabajo resignada a mi suerte, cuando me entere por unas chicas que Marc había regresado a la ciudad, firmaría autógrafos en el centro comercial.  Pensamientos encontrados, ir o no ir, ¿como podía dejar pasar la ocasión de verle en directo?
          Pedí un par de horas libres en el trabajo. Los gritos desesperados se oían desde casi dos calles mas atrás, tendría suerte si podía verle. Empujones, carreras y mucha desesperación pora poder verle. Aunque llegue la última la diosa fortuna me ayudó,  conseguí situarme al final de la fila cerca del coche. Ya era tarde y se marchaba, estaba saludando a todo el personal, firmando autógrafos y posando para las fotos.
         A mi lado estaba el grupo mas escandaloso, el se demoró un poco mas con ellas. Creo que si las hubiesen dejado, lo habrían cortado en cachitos como recuerdo. En un segundo estuvo ante mí, alguien tenía una cámara y él creyó que quería una foto.
         Cuando me rodeo con su brazo, lo hizo de una manera totalmente impersonal. Sentí su brazo sobre los hombros, me acorde de la textura de su hombro al ser mordido, sus dedos largos descansaban sobre mi brazo.
         Las voces y las luces  ayudaban a crear un ambiente irreal, todo quedo en segundo plano, cuando me encontré otra vez entre sus brazos. Su mano se retiraba ya de mis hombros, cuando lo atrape por la barbilla, bese el lunar doble de su nuca, ese que había intentado borrar a lametazos. Me miró con sorpresa unos momentos, su mirada traspaso la mía.
Escupió el chicle que masticaba incansablemente, para apoderarse de mis labios. Mis manos se curvaron posesivas en su espalda, las suyas agarraban mi cintura apretando sin ningún miramiento,  nuestras bocas se separaron para volvernos a mirar.
-Marc…- me miraba fijamente a los labios, volvió a apoderarse de ellos.
         La magia del momento fue rota por los agentes de seguridad, unos brazos fuertes me apartaron. Marc quiso seguirme, pero se lo impidieron; le hicieron subir al coche.
         Me revolví furiosa, las chicas estaban frenéticas. Los periodistas comenzaron a dar la noticia del ataque de una  loca. Me quede quieta cuando me di cuenta que  era Dani el que me llevaba como un fardo, me metió en un taxi, le dio la dirección de un hotel. En el estómago empecé a sentir mariposas cuando me guiño un ojo.
         Le vería en pocos  minutos, ¿Qué le diría? ¿Qué me diría? Esperaba que la reacción por el beso significase que me recordaba, que yo le importaba. Pero no podía mentirme, no nos habíamos visto ni hablado en meses.
         Llegue al hotel justo cuando se marchaba la limusina que llevaba a Marc. Las piernas no me respondían muy bien, subí las escaleras y en el mismo hall estaba Marc, paseándose de un lado a otro, pasándose insistentemente las manos por el pelo. Me estaba esperando.
-¡Hola Marc!- estaba totalmente avergonzada.
-¡Ire! como siempre me has sorprendido-me tomo de la mano y me llevo a los ascensores.
         Sin cruzar ni una palabra me llevo a su habitación,  tiraba de mí a toda velocidad no paro de correr hasta que pasamos dentro de la habitación. Se apoyo en la puerta, con los ojos cerrados.
-¿Irene, esto se va a convertir en una costumbre? Por favor no juegues conmigo.
         “¿Que no juegue con él? ¿Había oído bien?” ¡Era algo increíble! Me culpaba a mí. Cuando abrió los ojos pude ver el sufrimiento, el mismo que yo había vivido. No fui capaz de articular palabra. Respiré hondo intentado tranquilizarme. Tenía que poner las cosas claras, yo también lo había pasado mal, sin saber de él, solo las informaciones que me llegaban a través de las revistas y de los programas de televisión. Tragué saliva.
- Estuve intentando comunicarme contigo durante mucho tiempo después de que te marcharas, no has contestado ninguna de mis llamadas, ni a mis mensajes- él intento hablar, pero no se lo permití-No es nada gracioso pedir a alguien que te llame si no piensas contestar- sentía que mis ojos ardían, necesitaba soltar toda la frustración-. La verdad es  que tú eres el único que se ha divertido con toda esta situación- odiaba ponerme dramática.
         Él se acercó a mí, me puso su mano en mi hombro y me fue acercando hacia él, me deje hacer, necesitaba que me abrazara, necesitaba su calor.
- No lo sabía- me susurró al oído- lo siento muchísimo, no tengo disculpa, pero mi manager me confisco  mi móvil personal, me dijo que nadie se había puesto en contacto conmigo.
         Lo mire a los ojos entre lagrimas, no era el momento de estar enfadados, estábamos de nuevo juntos. El espacio físico desapareció entre los dos, sus brazos me rodeaban y por fin mi cuerpo sintió estar en casa.
         Besos suaves, miradas de reconocimiento. Pude darme cuenta de las ojeras bajo sus ojos, estaba más delgado. Acariciaba mi cara, pasaba sus dedos por mis labios, para luego darle paso a su boca.
         En ese momento dejé de ser suave, mi cuerpo ardió . Mis piernas rodearon sus caderas, acercándole más a mí. Una pared fría toco mi espalda, besos ardientes en su cuello, sentía sus manos en mi trasero, sujetándome fuertemente.

         Cuando abrí los ojos no recordaba donde estaba, pero una mano entre mis pechos me hizo recordarlo, en la cama con él, con mi amor.
         Todo estaba en silencio, podía oír su respiración acompasada en un profundo sueño. Sentí su calor en cada centímetro de mi piel, me sobresalte cuando su mano empezó a moverse sobre mi pecho, aguante la respiración me acerque a él aún más.
-¿Estas despierta?-su voz ronca me toco la fibra sensible.
         Me revolví frenética buscando sus labios de nuevo, otra hora de amor desmesurado. Le necesitaba.
         Esta vez estuve muerta para el mundo hasta el día siguiente. Me desperté  al oír un ruido, Marc estaba levantado y viendo la televisión.
         Me metí en el baño, me dí una larga ducha. Los albornoces de los hoteles buenos son comodísimos. Me seque el pelo con una toalla y salí a enfrentarme al mundo.
          Habían traído el desayuno, mientras me duchaba. Marc estaba sirviendo el té y preparando una tostada. Me quede unos momentos contemplándole, llevaba una camiseta blanca y unos tejanos ceñidos. Un deseo de posesión me inundó, quise que fuese mío, que solo fuese un albañil o un oficinista, alguien anónimo a quien poder amar.
-Buenos días-se volvió y muy lentamente se acercó  a mí.
-Buenos días princesa-un dulce beso de buenos días, que fácil era amarlo.
         Creo que se me quedo cara de tonta, el me arrastro a la mesa para el desayuno. Preparo un montón de tostadas con mermelada.
-Siento que no sea pan con canela- me dijo con  buen humor.
-Cuando quieras te las preparo-le sonreí a mi vez.
         Movió su cabeza leonina, mirándome con sus ojos rasgados. Estaba tan relajado esa mañana. Tan perfecto, quizás un poco pálido, tendría que llevármelo a la playa.
-Me vuelves loco-me dijo como si no pudiese creerlo.
-¿Eso es malo?-estaba muy preocupada.
-Eso es lo mejor que me ha pasado en mi vida- sus ojos centelleaban de alegría.- siento que contigo puedo ser yo mismo, no se como lo haces pero me tienes atrapado. Eres preciosa.
-Tu si que eres guapo- no me creía ni una sola palabra, pero me dolía la cara de sonreír.
Mientras comíamos me contaba sus peripecias en los platos de medio mundo, me contó lo mal que lo pasaba lejos de casa, odiaba dormir en hoteles, eran fríos e impersonales cuando no se tenía la compañía adecuada, me guiñó un ojo. Bromeo mucho con la idea de ir a revisarse los oídos, las fans estaban acabando con ellos.
         El humor de Marc de repente cambio, estaba dándole vueltas a algo pero no terminaba de exponerlo. Me daba miedo lo que pudiera decir y sin más lo soltó.
-No me rechaces Irene, todo lo que me rodea es irreal, yo solo hice mi trabajo y ahora no puedo salir a la calle sin escolta. Esto es una pesadilla, en cada entrevista me preguntan lo mismo, ¿tienes novia? Y cuando digo que no se vuelven locas- se aparto el pelo de la cara con nerviosismo- Yo solo soy el chico que vivía en la Calle Mile End, sacaba malas notas y los fines de semana se emborrachaba como una cuba con sus amigos. Nunca conseguí a la chica, ninguna me hacía caso y ahora por arte de magia…- note desesperación en su voz-Me desean todas. Lo  que quiero es gustarte a ti de verdad…
         Mis brazos rodearon  su cabeza, él permaneció sentado mientras yo me acercaba  mas a él, me senté a horcajadas sobre sus piernas, hasta mirarnos de nuevo a los ojos.
- A mi me gustas, chico de la calle Mile- le bese en la nariz-Porqué eres simpático, divertido y un poco loco-besé sus labios-y tan sensible que parece que en cualquier momento te vas a resquebrajar entre mis manos.
         Tome su cara y le mire fijamente, que se le puede decir al hombre que te vuelve loca, cuando realmente lo primero que me enamoro fue su papel en esa película Ahora ves de verdad al ser humano, y eso te enamora mucho mas.
         Le bese los lunares del cuello, lentamente. Un suspiro escapo de sus labios, me estrecho fuertemente.
-¡Vas a acabar conmigo!- sus manos abrieron mi albornoz, acarició mi alma. Ahora la que suspiraba era yo.
         Después de un interludio tan apasionado, teníamos que enfrentarnos a la realidad. No me podían ver salir del hotel, aun era pronto y queríamos ver hacía donde nos llevaba esa relación, no podía ser vista. Le deje el número de mi móvil escrito en una bonita hoja con el nombre del hotel impreso. “no lo pierdas”- le recordé
         Salí del hotel y un grupo de periodistas esperaban al otro lado de la calle, pase sin problemas. Era él quien se enfrentaba a aquello cada día. Traído de aquí para halla, una máquina de hacer dinero.
         Luego pude ver una entrevista en la televisión. Se había puesto otra camiseta, la anterior había quedado muy deteriorada después de nuestro encuentro. Eso me hizo sonreír.
         Le preguntaron sobre mi, bueno mas bien sobre la fan loca. Menos mal que ninguno pudo captarme bien. En su boca se formo una sonrisa delatadora. Le preguntaron si le había hecho gracia, noté que se puso nervioso no supo que contestar. Empezó a sentirse violento. Sufrí por él, comprendí el daño que le hacían, antes de conocerlo también quería saber absolutamente todo sobre su vida. No era un modo de vivir.
         Le volvieron a preguntar por su novia, en el corazón sentí un pellizquito, me hubiera gustado que dijese que si, que era mío, pero como estaban las cosas era una auténtica locura.
         Cuando terminó la entrevista me telefoneó, quedamos vernos esa misma tarde...






No hay comentarios:

Publicar un comentario