Capitulo 4
Seguí con mi vida lo mejor posible,
haciendo las mismas cosas de siempre. No le conté nada a Charly
pero el sabía que pasaba algo, nunca me dejaba sola.
En esos meses
me gustaría decir que fui fuerte, que espere hasta que el llamara.
Pero no me llamó y yo en mi desesperación casi fundo mi móvil.
Nunca respondió a mis llamadas, lo busque incansable por Internet,
solo había imágenes de su nueva película.
En algunas de los videos colgados en
Internet, se le podía ver pensativo en los descansos. Era una
ilusa, pero me gustaba creer, que estaba tan serio porque pensaba en
mí.
Marcar su número sin descanso, no servía
para nada, pero no podía dejar de hacerlo. Cada día estaba más
sumida en mi mundo, me reprochaba no haber sabido comportarme en la
fiesta, tenía que haber estado a la altura. Se había olvidado de mí
en dos segundos.
Mi mente me decía que estaba en lo
cierto, era una fan más que se había beneficiado, alguien famoso.
Pero mi corazón se negaba a olvidarle, cada día se hacía más
preocupante mi enganche, todo el día pendiente de las noticias y
revistas. Esto no podía seguir así, el destino había querido que
nos encontrásemos, y si era para mí pues lo sería.
Charly estaba desesperado, mi cara
deprimida era un poema. Hasta que un día en el Pub de siempre,
me levanté de pronto y grite ¡Se acabo! En un perfecto castellano,
“ya estoy harta de esta situación, no volveré a deprimirme por
ningún tío”, oí a Charly traducir a los demás, me miraban
alucinados, y aplaudieron mi determinación. En mi interior había
encontrado por fin el interruptor de la felicidad. Estaría bien,
todo se arreglaría. No más sufrimiento.
Esa noche termine bailando y cantando en
una mesa del garito. Quedamos con los demás en casa al día
siguiente, les cocinaría una paella. Charly se quedó en casa a
dormir, creo que no se fiaba de mí.
Estaba en el trabajo resignada a mi
suerte, cuando me entere por unas chicas que Marc había regresado a
la ciudad, firmaría autógrafos en el centro comercial.
Pensamientos encontrados, ir o no ir, ¿como podía dejar pasar la
ocasión de verle en directo?
Pedí un par de horas libres en el
trabajo. Los gritos desesperados se oían desde casi dos calles mas
atrás, tendría suerte si podía verle. Empujones, carreras y mucha
desesperación pora poder verle. Aunque llegue la última la diosa
fortuna me ayudó, conseguí situarme al final de la fila cerca
del coche. Ya era tarde y se marchaba, estaba saludando a todo el
personal, firmando autógrafos y posando para las fotos.
A mi lado estaba el grupo mas escandaloso,
el se demoró un poco mas con ellas. Creo que si las hubiesen dejado,
lo habrían cortado en cachitos como recuerdo. En un segundo estuvo
ante mí, alguien tenía una cámara y él creyó que quería una
foto.
Cuando me rodeo con su brazo, lo hizo de
una manera totalmente impersonal. Sentí su brazo sobre los hombros,
me acorde de la textura de su hombro al ser mordido, sus dedos largos
descansaban sobre mi brazo.
Las voces y las luces ayudaban a
crear un ambiente irreal, todo quedo en segundo plano, cuando me
encontré otra vez entre sus brazos. Su mano se retiraba ya de mis
hombros, cuando lo atrape por la barbilla, bese el lunar doble de su
nuca, ese que había intentado borrar a lametazos. Me miró con
sorpresa unos momentos, su mirada traspaso la mía.
Escupió el chicle
que masticaba incansablemente, para apoderarse de mis labios. Mis
manos se curvaron posesivas en su espalda, las suyas agarraban mi
cintura apretando sin ningún miramiento, nuestras bocas se
separaron para volvernos a mirar.
-Marc…-
me miraba fijamente a los labios, volvió a apoderarse de ellos.
La magia del momento fue rota por los
agentes de seguridad, unos brazos fuertes me apartaron. Marc quiso
seguirme, pero se lo impidieron; le hicieron subir al coche.
Me revolví furiosa, las chicas estaban
frenéticas. Los periodistas comenzaron a dar la noticia del ataque
de una loca. Me quede quieta cuando me di cuenta que era
Dani el que me llevaba como un fardo, me metió en un taxi, le dio la
dirección de un hotel. En el estómago empecé a sentir mariposas
cuando me guiño un ojo.
Le vería en pocos minutos, ¿Qué
le diría? ¿Qué me diría? Esperaba que la reacción por el beso
significase que me recordaba, que yo le importaba. Pero no podía
mentirme, no nos habíamos visto ni hablado en meses.
Llegue al hotel justo cuando se marchaba
la limusina que llevaba a Marc. Las piernas no me respondían muy
bien, subí las escaleras y en el mismo hall estaba Marc, paseándose
de un lado a otro, pasándose insistentemente las manos por el pelo.
Me estaba esperando.
-¡Hola
Marc!- estaba totalmente avergonzada.
-¡Ire!
como siempre me has sorprendido-me tomo de la mano y me llevo a los
ascensores.
Sin cruzar ni una palabra me llevo a su
habitación, tiraba de mí a toda velocidad no paro de correr
hasta que pasamos dentro de la habitación. Se apoyo en la puerta,
con los ojos cerrados.
-¿Irene,
esto se va a convertir en una costumbre? Por favor no juegues
conmigo.
“¿Que no juegue con él? ¿Había oído
bien?” ¡Era algo increíble! Me culpaba a mí. Cuando abrió los
ojos pude ver el sufrimiento, el mismo que yo había vivido. No fui
capaz de articular palabra. Respiré hondo intentado tranquilizarme.
Tenía que poner las cosas claras, yo también lo había pasado mal,
sin saber de él, solo las informaciones que me llegaban a través de
las revistas y de los programas de televisión. Tragué saliva.
-
Estuve intentando comunicarme contigo durante mucho tiempo después
de que te marcharas, no has contestado ninguna de mis llamadas, ni a
mis mensajes- él intento hablar, pero no se lo permití-No es nada
gracioso pedir a alguien que te llame si no piensas contestar- sentía
que mis ojos ardían, necesitaba soltar toda la frustración-. La
verdad es que tú eres el único que se ha divertido con toda
esta situación- odiaba ponerme dramática.
Él se acercó a mí, me puso su mano en
mi hombro y me fue acercando hacia él, me deje hacer, necesitaba que
me abrazara, necesitaba su calor.
-
No lo sabía- me susurró al oído- lo siento muchísimo, no tengo
disculpa, pero mi manager me confisco mi móvil personal, me
dijo que nadie se había puesto en contacto conmigo.
Lo mire a los ojos entre lagrimas, no era
el momento de estar enfadados, estábamos de nuevo juntos. El
espacio físico desapareció entre los dos, sus brazos me rodeaban y
por fin mi cuerpo sintió estar en casa.
Besos suaves, miradas de reconocimiento.
Pude darme cuenta de las ojeras bajo sus ojos, estaba más delgado.
Acariciaba mi cara, pasaba sus dedos por mis labios, para luego darle
paso a su boca.
En ese momento dejé de ser suave, mi
cuerpo ardió . Mis piernas rodearon sus caderas, acercándole más a
mí. Una pared fría toco mi espalda, besos ardientes en su cuello,
sentía sus manos en mi trasero, sujetándome fuertemente.
Cuando abrí los ojos no recordaba donde
estaba, pero una mano entre mis pechos me hizo recordarlo, en la cama
con él, con mi amor.
Todo estaba en silencio, podía oír su
respiración acompasada en un profundo sueño. Sentí su calor en
cada centímetro de mi piel, me sobresalte cuando su mano empezó a
moverse sobre mi pecho, aguante la respiración me acerque a él aún
más.
-¿Estas
despierta?-su voz ronca me toco la fibra sensible.
Me revolví frenética buscando sus labios
de nuevo, otra hora de amor desmesurado. Le necesitaba.
Esta vez estuve muerta para el mundo hasta
el día siguiente. Me desperté al oír un ruido, Marc estaba
levantado y viendo la televisión.
Me metí en el baño, me dí una larga
ducha. Los albornoces de los hoteles buenos son comodísimos. Me
seque el pelo con una toalla y salí a enfrentarme al mundo.
Habían traído el desayuno,
mientras me duchaba. Marc estaba sirviendo el té y preparando una
tostada. Me quede unos momentos contemplándole, llevaba una camiseta
blanca y unos tejanos ceñidos. Un deseo de posesión me inundó,
quise que fuese mío, que solo fuese un albañil o un oficinista,
alguien anónimo a quien poder amar.
-Buenos
días-se volvió y muy lentamente se acercó a mí.
-Buenos
días princesa-un dulce beso de buenos días, que fácil era amarlo.
Creo que se me quedo cara de tonta, el me
arrastro a la mesa para el desayuno. Preparo un montón de tostadas
con mermelada.
-Siento
que no sea pan con canela- me dijo con buen humor.
-Cuando
quieras te las preparo-le sonreí a mi vez.
Movió su cabeza leonina, mirándome con
sus ojos rasgados. Estaba tan relajado esa mañana. Tan perfecto,
quizás un poco pálido, tendría que llevármelo a la playa.
-Me
vuelves loco-me dijo como si no pudiese creerlo.
-¿Eso
es malo?-estaba muy preocupada.
-Eso
es lo mejor que me ha pasado en mi vida- sus ojos centelleaban de
alegría.- siento que contigo puedo ser yo mismo, no se como lo haces
pero me tienes atrapado. Eres preciosa.
-Tu
si que eres guapo- no me creía ni una sola palabra, pero me dolía
la cara de sonreír.
Mientras comíamos
me contaba sus peripecias en los platos de medio mundo, me contó lo
mal que lo pasaba lejos de casa, odiaba dormir en hoteles, eran fríos
e impersonales cuando no se tenía la compañía adecuada, me guiñó
un ojo. Bromeo mucho con la idea de ir a revisarse los oídos, las
fans estaban acabando con ellos.
El humor de Marc de repente cambio, estaba
dándole vueltas a algo pero no terminaba de exponerlo. Me daba miedo
lo que pudiera decir y sin más lo soltó.
-No
me rechaces Irene, todo lo que me rodea es irreal, yo solo hice mi
trabajo y ahora no puedo salir a la calle sin escolta. Esto es una
pesadilla, en cada entrevista me preguntan lo mismo, ¿tienes novia?
Y cuando digo que no se vuelven locas- se aparto el pelo de la cara
con nerviosismo- Yo solo soy el chico que vivía en la Calle Mile
End, sacaba malas notas y los fines de semana se emborrachaba como
una cuba con sus amigos. Nunca conseguí a la chica, ninguna me hacía
caso y ahora por arte de magia…- note desesperación en su voz-Me
desean todas. Lo que quiero es gustarte a ti de verdad…
Mis brazos rodearon su cabeza, él
permaneció sentado mientras yo me acercaba mas a él, me senté
a horcajadas sobre sus piernas, hasta mirarnos de nuevo a los ojos.
-
A mi me gustas, chico de la calle Mile- le bese en la nariz-Porqué
eres simpático, divertido y un poco loco-besé sus labios-y tan
sensible que parece que en cualquier momento te vas a resquebrajar
entre mis manos.
Tome su cara y le mire fijamente, que se
le puede decir al hombre que te vuelve loca, cuando realmente lo
primero que me enamoro fue su papel en esa película Ahora ves de
verdad al ser humano, y eso te enamora mucho mas.
Le bese los lunares del cuello,
lentamente. Un suspiro escapo de sus labios, me estrecho fuertemente.
-¡Vas
a acabar conmigo!- sus manos abrieron mi albornoz, acarició mi alma.
Ahora la que suspiraba era yo.
Después de un interludio tan apasionado,
teníamos que enfrentarnos a la realidad. No me podían ver salir del
hotel, aun era pronto y queríamos ver hacía donde nos llevaba esa
relación, no podía ser vista. Le deje el número de mi móvil
escrito en una bonita hoja con el nombre del hotel impreso. “no lo
pierdas”- le recordé
Salí del hotel y un grupo de periodistas
esperaban al otro lado de la calle, pase sin problemas. Era él quien
se enfrentaba a aquello cada día. Traído de aquí para halla, una
máquina de hacer dinero.
Luego pude ver una entrevista en la
televisión. Se había puesto otra camiseta, la anterior había
quedado muy deteriorada después de nuestro encuentro. Eso me hizo
sonreír.
Le preguntaron sobre mi, bueno mas bien
sobre la fan loca. Menos mal que ninguno pudo captarme bien. En su
boca se formo una sonrisa delatadora. Le preguntaron si le había
hecho gracia, noté que se puso nervioso no supo que contestar.
Empezó a sentirse violento. Sufrí por él, comprendí el daño que
le hacían, antes de conocerlo también quería saber absolutamente
todo sobre su vida. No era un modo de vivir.
Le volvieron a preguntar por su novia, en
el corazón sentí un pellizquito, me hubiera gustado que dijese que
si, que era mío, pero como estaban las cosas era una auténtica
locura.
Cuando terminó la entrevista me
telefoneó, quedamos vernos esa misma tarde...
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