Capitulo 5
Me
había llevado una gran bronca en el trabajo, por dejarles tirados
toda la tarde. Todo lo que me estaba ocurriendo me parecía irreal,
tuve la cara dura de pedirme también esa tarde libre. La
emoción me salía por los poros, era tan feliz, parecía como si
flotase por la habitación. No paraba de mirar el reloj, los minutos
no pasaban.
Espere en la puerta de
casa, quería que lo acompañara al aeropuerto a despedirle. Un taxi
paro ante mi, Marc no se bajo del coche para no ser visto, Dani
estaba sentado al lado del conductor, para darnos intimidad.
-¡Hey,
Irene¡ ¿Cómo estas?-sus ojos brillaban.
-Bien-
yo me sentí un poco cortada.
Me senté junto a él,
salte como un resorte cuando paso un brazo sobre mis hombros. Estaba
totalmente relajado, su sonrisa me puso la carne de gallina.
-Estas
bien, nena- lo dijo en un susurro mientras acercaba su boca a la mía.
-Aja-
me quede como tonta.
-¿Has
dormido bien?- me acarició el brazo muy sensual, estaba
inclinado hacia mi, permitiéndonos cierta intimidad – para mi ha
sido desde luego, una noche estupenda, la mañana también fue
fantástica.
Yo no necesitaba mas
incentivos, su voz, sus caricias y el olor de su colonia, me tenían
saturada. Puse las manos en su cara fuertemente para que no se me
escapara, mi deseo era salvaje. No sabía como me iba a ser posible
dejarle marchar.
Hicimos el amor con
nuestras bocas, totalmente ajenos a lo que nos rodeaba. Perdimos un
poco el control, estaba recostada sobre el asiento, mientras Marc se
cernía sobre mí.
Dani carraspeo para llamar
nuestra atención, estábamos llegando. En la puerta de acceso nos
esperaba la familia de Marc al completo. Esto si que no me lo
esperaba.
-Todo
despejado Marc, podéis salir.
Estaba roja como un tomate,
la respiración de ambos aún estaba agitada, pase la mano
sobre sus cabellos desordenados, con total amor en mis ojos, era mi
despedida.
Tomo mi mano y me saco del
taxi, no me dio tiempo a decirle que mejor yo me volvía a
casa. Nos acercamos a ellos, esto me daba más miedo que los
periodistas, conocer a sus padres para mí era muy fuerte, pero pensé
que en su cultura esto era de lo más normal.
-Irene,
estos son Margie y Robert mis padres, a mis hermanas ya las conoces.
-Encantada-
Les dí un beso a todos, ignore sus manos extendidas.
Me saludaron cordialmente,
pero no les pude entender casi nada, hablaban demasiado deprisa, yo
sonreía y asentía. Pronto su atención se centro en Marc. Yo
intentaba soltarme de su mano, pero él me tenía bien sujeta. No
pille casi nada de su conversación, pero cuando volvía a insistir
en soltarme, se acerco nuestras manos enlazadas para besarme la
mano.
-Tranquila.
Me derretí allí mismo,
permanecí a su lado disfrutando de nuestras manos entrelazadas. Se
estaba despidiendo de su familia, supe que era mi turno cuando se
volvió hacia mi.
-Nos
veremos pronto, esta noche sin falta te llamo-apretó mi mano como
para sellar un pacto.
-Aja-
no podía hablar, estaba al borde de las lágrimas.
Me dio un beso en la
mejilla un último apretón de manos y desapareció en el interior de
la sala de embarque.
Me sentí toda cortada y
desesperada por llorar, no quisieron dejarme marchar sola a casa.
Tuve que aguantar el tipo, todo el viaje de vuelta, me hacían
preguntas sobre mi y mi vida. Yo las contestaba lo más sinceramente
posible. Esta vez el recorrido realmente se me hizo eterno.
Suspire aliviada cuando
llegue a casa, este se convirtió en desesperación por la
separación. No estaba preparada para sentir tanto amor, ya lo
añoraba terriblemente.
“Marc Lewis enamorado”
Con ese titular despertó
la ciudad, por un momento sentí pánico, pero me tranquilizo saber
que solo eran especulaciones. Lo habían visto pasear con la chica de
turno de esa semana.
Me miré en el espejo
comparando mi figura con la de la otra chica, por supuesto perdí en
la comparación. Nota mental, solo verduras y frutas esa semana.
Estaba otra vez
desesperada, él llevaba de rodaje casi tres meses al otro lado del
mundo, hablábamos por la noche de madrugada por el ordenador. Para
ello realizaba todo un ritual, me acostaba en cuanto podía y una
hora antes de la hora de contactar, sesión de maquillaje y
peluquería.
Me pasaba el día buscando
en Internet su cara, sus noticias. Sabía que se lo podía preguntar,
pero me daba vergüenza. Cada momento del día, pensaba en él, ¿qué
estar haciendo ahora?, ¿Dónde dormirá esta noche? Y la peor de
todas ¿dormirá solo?
Pero nunca le preguntaba
nada comprometido, terminábamos teniendo conversaciones
bastante tontas.
-¿Estas
siendo buena? No te tires al cuello de nadie hasta que yo no este ahí
contigo.
-No
te preocupes solo me gusta tu cuello- si lo tuviese ahora a mi
alcance…
-Umm,
eso me gusta demasiado, ya lo sabes-se estaba poniendo cariñoso.
-¿Has
conocido a otra loca fan?- No quería preguntar, prefería no saber.
-Nadie
tan loco como tú-se peino el pelo con las manos- ni tan guapa.
Recobrar la respiración,
dejar de poner los ojos como platos. Aún no me creía que yo le
pudiese gustar a Marc realmente. Temía cada día la hora de las
noticias del corazón, que una novia oficial fuese presentada.
-Siempre
me dices lo que quiero oír- intente darle un tono de broma.
-Me
gusta ser complaciente con mi mayor fan.
-A
mi me gusta que me lo diga mi actor favorito.
Éramos dos tontos muy
tontos, bastante empalagosos. Pero su trabajo era muy difícil,
siempre de acá para allá. Por el móvil era casi imposible hablar,
siempre estaba comunicando, o su manager lo tenía confiscado. En el
último mes estaba siendo más complicado poder contactar.
Pasaba por mi vida
como un fantasma. Solo me llenaba de vida cuando podía verlo através
de la cam. Era todo demasiado irreal, tener un novio en la distaría
era demasiado duro. De todas formas tenerlo en la puerta de al lado
tampoco sería nada fácil. No podríamos tener una relación normal,
jamás.
Por lo general intentaba
mantenerme alejada de esos pensamientos tan oscuros, pero sabía que
me estaban esperando, agazapados, hasta que bajara la guardia.
-¿Qué
crees que estas haciendo?- me decía mi voz interior, era bastante
borde.
Realmente no tenía ni
idea, solo quería amarle, estar cerca de él. Conocer todos sus
pensamientos, reírme de sus chistes malos, mirarle a los ojos.
-¿Y
quién eres tú?- mi conciencia era una cabrona.
-Nadie
no soy nadie- terminaba llorando amargamente.
Mi vida social estaba otra
vez peligrando, no me acordaba la última vez que había salido con
mis amigos. Siempre pendiente del ordenador y del Messenger. En
cualquier momento el portátil comenzaría a echar humo, lo dejaba
todo el día encendido.
Charly estaba muy enfadado
conmigo, sabía que salía con un chico que viajaba, pero no le había
dicho que era una súper estrella de cine. No se lo podía contar a
nadie.
En una entrevista que le
hicieron a Marc, comentó que el amor a distancia le gustaba. Que así
añoraba más a la persona amada y podía alegrarse más por volver a
verla. A mi la verdad esto no me hizo mucha gracia, yo era la que
debía esperar. Su agenda no era compatible con un romance
clandestino. Supongo que si yo fuese rica, podría ir a verlo donde
el estuviese, cuando me apeteciese. Lucir bonitos vestidos y estar
siempre de fiesta, como esas chicas que veía en las revistas. Pero
yo era camarera y no tenía ni voz ni voto en todo aquello. No
entendía que es lo que se esperaba de mí. Este amor dolía
demasiado.
Contactar con él cada vez
era más difícil, tenía muchos compromisos y el comienzo de una
nueva película. No quería parecer un sargento, no le reprochaba
nada, pero me dolía cada segundo que tenía que esperar para hablar
con él. Yo estaba tan desesperada y a el parecía no importarle
demasiado.
Por supuesto que no lo
importaba, tenía a todas esas chicas con las que distraerse. Seguro
que estaba cansado de aguantarme, contactaba conmigo por compasión.
Esto me sonaba mucho a “Chico mareando la perdiz”
Quizás esa noche estuviese
demasiado sensible, o más bien quemada. Cuando pude contactar
con él a las 4 de la madrugada, quería contarle todo lo que sentía
y dejar las cosas mas claras ¿teníamos una relación en realidad?
Me hizo esperar un rato,
supuse que estaba hablando con su familia o con algún amigo.
Hacía dos días que no dormía. Cuando su WebCam se abrió me lleve
un sobre salto, vestía un traje de etiqueta, lo note nervioso.
-Irene,
preciosa no puedo hablar contigo, voy a recoger un premio. En cuanto
pueda hablamos.
Ni siquiera miraba a la
cámara, junto a Marc había mas personas de etiqueta. Algunas eran
chicas, le apartaron para decirme adiós con la mano y lanzarme un
beso. No me dio tiempo a contestar, su ordenador estaba desconectado.
Me quede con la boca
abierta, en estado de shock, me dio un ataque de risa. Había estado
esperando hasta las 4 de la mañana para esto. Tenía lo que me
merecía por ilusa.
La vida me había enseñado,
a no confiar en ningún hombre, yo lo daba todo por este. Un
desconocido. ¿Se puede ser más tonta?
Por supuesto que se puede
ser más tonta, llorar por alguien que se lo esta pasando bomba en
ese momento, es de idiotas. Pues yo era la idiota mayor del mundo, no
podía dejar de gimotear.
Marc era mi capricho,
llevado al máximo exponente. Alguien totalmente inalcanzable para
una camarera de tercera. No entendía nada de lo que pasaba en su
mundo.
Desde luego que no encajaba
en su vida, solo otra persona que se dedicarse a lo mismo podría
comprenderle. Me lo tomaría con calma, no sabía lo que el destino
me tenía preparado, pero no iba a seguir esperando.
El seguía con su vida, no
paraba de aquí para allá con su maravilloso trabajo, con toda esa
gente sofisticada. Claro que no tenía tiempo para un españolita de
a pie. Me sentí como el polvo seguro, un par de palabras bonitas y
cuando vuelve al Londres aquí estoy yo derretida por él.
Decidí que a partir del
día siguiente, volvería a estar abierta al amor Un chico corriente,
una vida normal. Lo que me había pasado era un bonito sueño,
del que tenía que despertar.
-No
te lo crees ni tu-mi conciencia siempre tan dispuesta a meter el dedo
en la llaga.
-Contigo
no me hablo-el colmo, estaba hablando sola.
Volví a salir con Charly
de jarana por la ciudad, me presentaron a todos los solteros más
guapos. Intente con todas mis fuerzas interesarme por alguno, pero
estaba demasiado colgada aún de Marc.
Necesitaba ser fuerte por
él y por mí. Cortar por lo sano, aunque mi corazón cada día
sangraba un poco más. No podía evitar ver las revistas en los
quioscos, mis dedos se crispaban ante la tentación de cogerlas y
ojearlas. Esto debía quedar como un amor platónico y nada más.
-¿Qué
te pasa princesa?
-Charly,
perdona vamos a ver a ese amigo tuyo.
Me sobresalte cuando nos
acercamos a un chico que me daba la espalda, por un momento me
pareció que era Marc. Mi alma a los pies cuando se dio la vuelta, se
parecía un poquito a él. Era la primera vez que Charly me vio
interesarme realmente por alguien.
-No
se lo que pasa, pero tienes como una pantalla que te protege a tú
alrededor. No dejas que nadie se te acerque demasiado. Ni siquiera
yo.
-Creo
que exageras- quiso probármelo, acerco una mano hacia mi, me aleje
inconscientemente- lo siento.
-Aun
no has cortado realmente con ese chico. Sigues colada por él.
-Tienes
razón, pero es el quien no me quiere.
-¿Estas
segura?
-Yo…
-Tienes
que aclararlo para poder continuar con tu vida.
Al llegar a casa intente
encender el ordenador para intentar contactar con Marc. Pero me
pareció de lo mas absurdo, realmente yo no era nada en la vida de
él, tenia que superarlo sola. Lloré amargamente toda la noche.
Las cosas se empezaron a
torcerse, mi primo regresó y me expulso de su hogar. Se traía a un
guapo canadiense, quería vivir su amor. Cogí todos mis
trastos y me marche a casa de Charly. Me esperaba con los brazos
abiertos y con un Whiskey de crianza.
Pensé en refugiarme en el
trabajo, pero el destino estaba contra mí. Mi jefe me despidió, en
cuanto se entero de la llegada de mi primo, con su nuevo amor.
El día estaba gris,
plomizo, el frío se me calaba en los huesos. Me sentí derrotada, mi
corazón quería refugiarse en los brazos de Marc. En mi mano fría
sujetaba el teléfono, allí en mitad de Londres me sentí muy sola.
Solo quería oír su voz.
No sabía si me
contestaría, no había respondido a sus llamadas. Ayer no había
sonado en todo el día, ya se había cansado de insistir. Mire mi
móvil deseando que fuese una máquina de tele transporte. Mis dedos
estaban rígidos, no pude evitar que se me escapara de entre los
dedos, un charco acabo con su vida. Ahora si que había acabado con
mi único contacto con Marc.
No hay comentarios:
Publicar un comentario