lunes, 25 de junio de 2012

Un beso en Londres capitulo 5


Capitulo 5



        Me había llevado una gran bronca en el trabajo, por dejarles tirados toda la tarde. Todo lo que me estaba ocurriendo me parecía irreal, tuve  la cara dura de pedirme también esa tarde libre. La emoción me salía por los poros, era tan feliz, parecía como si flotase por la habitación. No paraba de mirar el reloj, los minutos no pasaban.
         Espere en la puerta de casa, quería que lo acompañara al aeropuerto a despedirle. Un taxi paro ante mi, Marc no se bajo del coche para no ser visto, Dani estaba sentado al lado del conductor, para darnos intimidad.
-¡Hey, Irene¡ ¿Cómo estas?-sus ojos brillaban.
-Bien- yo  me sentí un poco cortada.
         Me senté junto a él, salte como un resorte cuando paso un brazo sobre mis hombros. Estaba totalmente relajado, su sonrisa me puso la carne de gallina.
-Estas bien, nena- lo dijo en un susurro mientras acercaba su boca a la mía.
-Aja- me quede como tonta.
-¿Has dormido bien?- me acarició el brazo muy sensual,  estaba inclinado hacia mi, permitiéndonos cierta intimidad – para mi ha sido desde luego, una noche estupenda, la mañana también fue fantástica.
         Yo no necesitaba mas incentivos, su voz, sus caricias y el olor de su colonia, me tenían saturada. Puse las manos en su cara fuertemente para que no se me escapara, mi deseo era salvaje. No sabía como me iba a ser posible dejarle marchar.
         Hicimos el amor con nuestras bocas, totalmente ajenos a lo que nos rodeaba. Perdimos un poco el control, estaba recostada sobre el asiento, mientras Marc se cernía sobre mí.
                   Dani carraspeo para llamar nuestra atención, estábamos llegando. En la puerta de acceso nos esperaba la familia de Marc al completo. Esto si que no me lo esperaba.
-Todo despejado Marc, podéis salir.
         Estaba roja como un tomate, la respiración de ambos aún estaba agitada,  pase la mano sobre sus cabellos desordenados, con total amor en mis ojos, era mi despedida.
         Tomo mi mano y me saco del taxi, no me dio  tiempo a decirle que mejor yo me volvía a casa. Nos acercamos a ellos,  esto me daba más miedo que los periodistas, conocer a sus padres para mí era muy fuerte, pero pensé que en su cultura esto era de lo más normal.
-Irene, estos son Margie y Robert mis padres, a mis hermanas ya las conoces.
-Encantada- Les dí un beso a todos, ignore sus manos extendidas.
         Me saludaron cordialmente, pero no les pude entender casi nada, hablaban demasiado deprisa, yo sonreía y asentía. Pronto su atención se centro en Marc. Yo intentaba soltarme de su mano, pero él me tenía bien sujeta. No pille casi nada de su conversación, pero cuando volvía a insistir en soltarme,  se acerco nuestras manos enlazadas para besarme la mano.
-Tranquila.
         Me derretí allí mismo, permanecí a su lado disfrutando de nuestras manos entrelazadas. Se estaba despidiendo de su familia, supe que era mi turno cuando se volvió hacia mi.
-Nos veremos pronto, esta noche sin falta te llamo-apretó mi mano como para sellar un pacto.
-Aja- no podía hablar, estaba al borde de las lágrimas.
         Me dio un beso en la mejilla un último apretón de manos y desapareció en el interior de la sala de embarque.
         Me sentí toda cortada y desesperada por llorar, no quisieron dejarme marchar sola a casa. Tuve que aguantar el tipo, todo el viaje de vuelta, me hacían preguntas sobre mi y mi vida. Yo las contestaba lo más sinceramente posible. Esta vez el recorrido realmente se me hizo eterno.
         Suspire aliviada cuando llegue a casa,  este se convirtió en desesperación por la separación. No estaba preparada para sentir tanto amor, ya lo añoraba terriblemente.
        









Marc Lewis enamorado”

         Con ese titular despertó la ciudad, por un momento sentí pánico, pero me tranquilizo saber que solo eran especulaciones. Lo habían visto pasear con la chica de turno de esa semana.
          Me miré en el espejo comparando mi figura con la de la otra chica, por supuesto perdí en la comparación. Nota mental, solo verduras y frutas esa semana.
         Estaba otra vez desesperada, él llevaba de rodaje casi tres meses al otro lado del mundo, hablábamos por la noche de madrugada por el ordenador. Para ello realizaba todo un ritual, me acostaba en cuanto podía y una hora antes de la hora de contactar, sesión de maquillaje y peluquería.
         Me pasaba el día buscando en Internet su cara, sus noticias. Sabía que se lo podía preguntar, pero me daba vergüenza. Cada momento del día, pensaba en él, ¿qué estar haciendo ahora?, ¿Dónde dormirá esta noche? Y la peor de todas ¿dormirá solo?
         Pero nunca le preguntaba nada comprometido,  terminábamos teniendo conversaciones bastante tontas.
-¿Estas siendo buena? No te tires al cuello de nadie hasta que yo no este ahí contigo.
-No te preocupes solo me gusta tu cuello- si lo tuviese ahora a mi alcance…
-Umm, eso me gusta demasiado, ya lo sabes-se estaba poniendo cariñoso.
-¿Has conocido a otra loca fan?- No quería preguntar, prefería no saber.
-Nadie tan loco como tú-se peino el pelo con las manos- ni tan guapa.
         Recobrar la respiración, dejar de poner los ojos como platos. Aún no me creía que yo le pudiese gustar a Marc realmente. Temía cada día la hora de las noticias del corazón, que una novia oficial fuese presentada.
-Siempre me dices lo que quiero oír- intente darle un tono de broma.
-Me gusta ser complaciente con mi mayor fan.
-A mi me gusta que me lo diga mi actor favorito.
         Éramos dos tontos muy tontos, bastante empalagosos. Pero su trabajo era muy difícil, siempre de acá para allá. Por el móvil era casi imposible hablar, siempre estaba comunicando, o su manager lo tenía confiscado. En el último mes estaba siendo más complicado poder contactar.
          Pasaba por mi vida como un fantasma. Solo me llenaba de vida cuando podía verlo através de la cam. Era todo demasiado irreal, tener un novio en la distaría era demasiado duro. De todas formas tenerlo en la puerta de al lado tampoco sería nada fácil. No podríamos tener una relación normal, jamás.
         Por lo general intentaba mantenerme alejada de esos pensamientos tan oscuros, pero sabía que me estaban esperando, agazapados, hasta que bajara la guardia.  
-¿Qué crees que estas haciendo?- me decía mi voz interior, era bastante borde.
         Realmente no tenía ni idea, solo quería amarle, estar cerca de él. Conocer todos sus pensamientos, reírme de sus chistes malos, mirarle a los ojos.
-¿Y quién eres tú?- mi conciencia era una cabrona.
-Nadie no soy nadie- terminaba llorando amargamente.


         Mi vida social estaba otra vez peligrando, no me acordaba la última vez que había salido con mis amigos. Siempre pendiente del ordenador y del Messenger. En cualquier momento el portátil comenzaría a echar humo, lo dejaba todo el día encendido.
         Charly estaba muy enfadado conmigo, sabía que salía con un chico que viajaba, pero no le había dicho que era una súper estrella de cine. No se lo podía contar a nadie.
         En una entrevista que le hicieron a Marc, comentó que el amor a distancia le gustaba. Que así añoraba más a la persona amada y podía alegrarse más por volver a verla. A mi la verdad esto no me hizo mucha gracia, yo era la que debía esperar. Su agenda no era compatible con un romance clandestino. Supongo que si yo fuese rica, podría ir a verlo donde el estuviese, cuando me apeteciese. Lucir bonitos vestidos y estar siempre de fiesta, como esas chicas que veía en las revistas. Pero yo era camarera y no tenía ni voz ni voto en todo aquello. No entendía que es lo que se esperaba de mí. Este amor dolía demasiado.
         Contactar con él cada vez era más difícil, tenía muchos compromisos y el comienzo de una nueva película. No quería parecer un sargento, no le reprochaba nada, pero me dolía cada segundo que tenía que esperar para hablar con él. Yo estaba tan desesperada y a el parecía no importarle demasiado.
         Por supuesto que no lo importaba, tenía a todas esas chicas con las que distraerse. Seguro que estaba cansado de aguantarme, contactaba conmigo por compasión. Esto me sonaba mucho a “Chico mareando la perdiz”
         Quizás esa noche estuviese demasiado sensible, o más bien quemada.  Cuando pude contactar con él a las 4 de la madrugada, quería contarle todo lo que sentía y dejar las cosas mas claras ¿teníamos una relación en realidad?
         Me hizo esperar un rato, supuse que estaba hablando con su familia o con algún amigo.  Hacía dos días que no dormía. Cuando su WebCam se abrió me lleve un sobre salto, vestía un traje de etiqueta, lo note nervioso.
-Irene, preciosa no puedo hablar contigo, voy a recoger un premio. En cuanto pueda hablamos.
         Ni siquiera miraba a la cámara, junto a Marc había mas personas de etiqueta. Algunas eran chicas, le apartaron para decirme adiós con la mano y lanzarme un beso. No me dio tiempo a contestar, su ordenador estaba desconectado.
         Me quede con la boca abierta, en estado de shock, me dio un ataque de risa. Había estado esperando hasta las 4 de la mañana para esto. Tenía lo que me merecía por ilusa.
         La vida me había enseñado, a no confiar en ningún hombre, yo lo daba todo por este. Un desconocido. ¿Se puede ser más tonta?
         Por supuesto que se puede ser más tonta, llorar por alguien que se lo esta pasando bomba en ese momento, es de idiotas. Pues yo era la idiota mayor del mundo, no podía dejar de gimotear.
         Marc era mi capricho, llevado al máximo exponente. Alguien totalmente inalcanzable para una camarera de tercera. No entendía nada de lo que pasaba en su mundo.
         Desde luego que no encajaba en su vida, solo otra persona que se dedicarse a lo mismo podría comprenderle. Me lo tomaría con calma, no sabía lo que el destino me tenía preparado, pero no iba a seguir esperando.
         El seguía con su vida, no paraba de aquí para allá con su maravilloso trabajo, con toda esa gente sofisticada. Claro que no tenía tiempo para un españolita de a pie. Me sentí como el polvo seguro, un par de palabras bonitas y cuando vuelve al Londres aquí estoy yo derretida por él.
         Decidí que a partir del día siguiente, volvería a estar abierta al amor Un chico corriente, una vida normal.  Lo que me había pasado era un bonito sueño, del que tenía que despertar.
-No te lo crees ni tu-mi conciencia siempre tan dispuesta a meter el dedo en la llaga.
-Contigo no me hablo-el colmo, estaba hablando sola.

         Volví a salir con Charly de jarana por la ciudad, me presentaron a todos los solteros más guapos. Intente con todas mis fuerzas interesarme por alguno, pero estaba demasiado colgada aún de Marc.
         Necesitaba ser fuerte por él y por mí. Cortar  por lo sano, aunque mi corazón cada día sangraba un poco más. No podía evitar ver las revistas en los quioscos, mis dedos se crispaban ante la tentación de cogerlas y ojearlas. Esto debía quedar como un amor platónico y nada más.
-¿Qué te pasa princesa?
-Charly, perdona vamos a ver a ese amigo tuyo.
         Me sobresalte cuando nos acercamos a un chico que me daba la espalda, por un momento me pareció que era Marc. Mi alma a los pies cuando se dio la vuelta, se parecía un poquito a él. Era la primera vez que Charly me vio interesarme realmente por alguien.
-No se lo que pasa, pero tienes como una pantalla que te protege a tú alrededor. No dejas que nadie se te acerque demasiado. Ni siquiera yo.
-Creo que exageras- quiso probármelo, acerco una mano hacia mi, me aleje inconscientemente- lo siento.
-Aun no has cortado realmente con ese chico. Sigues colada por él.
-Tienes razón, pero es el quien no me quiere.
-¿Estas segura?
-Yo…
-Tienes que aclararlo para poder continuar con tu vida.
         Al llegar a casa intente encender el ordenador para intentar contactar con Marc.  Pero me pareció de lo mas absurdo, realmente yo no era nada en la vida de él, tenia que superarlo sola. Lloré amargamente toda la noche.
         Las cosas se empezaron a torcerse, mi primo regresó y me expulso de su hogar. Se traía a un guapo canadiense, quería vivir su amor.  Cogí todos mis trastos y me marche a casa de Charly. Me esperaba con los brazos abiertos y  con un Whiskey de crianza.
         Pensé en refugiarme en el trabajo, pero el destino estaba contra mí. Mi jefe me despidió, en cuanto se entero de la llegada de mi primo, con su nuevo amor.
         El día estaba gris, plomizo, el frío se me calaba en los huesos. Me sentí derrotada, mi corazón quería refugiarse en los brazos de Marc. En mi mano fría sujetaba el teléfono, allí en mitad de Londres me sentí muy sola. Solo quería oír su voz.
         No sabía si me contestaría, no había respondido a sus llamadas. Ayer no había sonado en todo el día, ya se había cansado de insistir. Mire mi móvil deseando que fuese una máquina de tele transporte. Mis dedos estaban rígidos, no pude evitar que se me escapara de entre los dedos, un charco acabo con su vida. Ahora si que había acabado con mi único contacto con Marc.
        

        
        
        



No hay comentarios:

Publicar un comentario