martes, 3 de julio de 2012

Un beso en Londres Capitulo 7


Capitulo 7

    Me despertó el sonido insistente de mi móvil, Charly debía de estar como loco buscándome. Me sorprendió ver tantas llamadas perdidas, había estado muerta para el mundo, agotada.
         Estaba amaneciendo, somnolienta le mande un mensaje. Charly sabía de la existencia de mi novio viajero. Me acurruque entre los brazos de Marc, me agarraba con mucha fuerza. Era un placer sentir su calor.
        
         Salí de su abrazo de oso, me preparé un té. La cocina estaba casi vacía, no fue difícil encontrar las cosas necesarias. Pare ellos tener Té era como para nosotros tener aceite de oliva. Me quedé en silencio, la cocina estaba en penumbras, me asaltaron las dudas, me angustiaba el no permitirme amarle.
-¿eh, que haces?-se acerco somnoliento.
         Tenía el pelo muy alborotado y la cara hinchada por el sueño. Desde luego en este momento no tenía el aspecto de un galán de cine, pero a mi me parecía el ser mas bello del mundo. Aunque llevase los calzoncillos mas horteras que había visto en mi vida. “Nota mental, llevarle de compras con Charly”.
-¿No querrás escapar tan pronto de mi cama, verdad?- Me abrazó, acariciándome sensualmente, me dijo al oído- aun no he terminado contigo.
         Me sentía protegida entre sus brazos, algo muy bello y frágil. Nunca me cansaba de tocarle y saborear su piel, me encantaba meter mis manos entre su pelo para acercar su boca a la mía.
         La mañana llego demasiado  pronto, pero esta vez nos encontró juntos entrelazados en la cama. Me desperece como un gato satisfecho, había partes de mi cuerpo que no volverían a ser lo mismo, un suspiro de felicidad escapo de mis labios.
         Él todavía se resistía a despertar, me quede contemplándolo, la vergüenza me sobrevino al comprobar las marcas que le había dejado en su blanca piel. Me sentí mas culpable cuando encontré la rojez en su cuello, lo había marcado, pase mis dedos levemente.
-Marcas de guerra-estaba contento con sus heridas- Eres una salvaje- se estaba relamiendo de gusto, me atrajo mas hacía el- Buenos días, gatita.
         Besos de buenos días, un maravilloso despertar. Me dejo pensando en las musarañas y se metió en el baño. La habitación era caótica, ropa por todas partes. Intente arreglar un poco, pero me lleve un chasco al comprobar que los cajones estaban vacíos. Creo que toda su ropa andaba por allí desparramada. Busque una de sus camisas y me fui al salón.
         El sofá era muy mullido y de un color rojo oscuro, desentonaba un poco con la decoración del salón más actual. Me pareció una pieza de museo, me arrellane en él, era suave y confortable, pasé mis manos sobre la tela de terciopelo, sentí el cosquilleo en mis dedos.
         Desde luego que podría quedarme con Marc allí eternamente, podía ver la calle a través de los grandes ventanales. Estaba en su casa, en su sofá y por un breve tiempo, realmente compartía su vida.
-Irene, vamos a desayunar a abajo…-lo note enseguida, había vuelto a la realidad como yo. No podía dejarse ver.
-No te preocupes voy yo a por algo- un denso silencio.
-Como quieras.-repuso de mala gana.
         Cuando salí al aire fresco de la mañana, el corazón latía fuertemente en mis oídos. Quería pasear eternamente, pero él me esperaba para desayunar. Me metí en la primera tienda que encontré.
         No pude comprar mucho, estábamos casi a fin de mes y andaba un poco justa de dinero. Me apetecía mucho comer chocolate, para reponer fuerzas. Salía de la tienda cuando me llamo la atención una revista, allí estaba mi galán de dormitorio. Guapísimo como siempre y con una chica fabulosa colgada del brazo. Unos celos terribles me nublaron la vista por un momento.
         Aunque se salía de mi presupuesto la compre,  tenía que leer todo el reportaje. Esta vez no me ataco por completo la ansiedad,  la causa de mis celos, la noche anterior había dejado claro todo lo que yo le importaba. Por lo menos en esas horas me perteneció a mí por entero.
         Al llegar a casa me metí directamente en la cocina, ordene mis pensamientos y prioridades. Sabía que el se marcharía pronto, pasaría este día lo mejor posible, escondí la revista en mi bolso.
         Ya se había duchado y vestido, me empujo hacia el salón, se acercó a mí y me dijo que se ocuparía de todo. Esta vez sería mas duro dejarlo marchar.
         Me había preparado la mesa en el salón, preparó té  y dispuso ante mi todo lo que yo había comprado. Le sonreí tontamente, embelesada con él, desde luego esto iba a ser muy duro.
         Nos comimos todo, mas bien lo devoramos. Le animaba a comer más y más, estaba muy delgado.  Me pidió que no le atiborrara, yo me reí de él metiéndole  en la boca otro trozo de bollo.
         Terminamos el desayuno, pero no me dejo ayudarle a quitar la mesa y se marcho con los vasos a la cocina. Empecé a curiosear por la habitación, me sentí un poco mareada al ver la maleta en un rincón, una muestra real de su pronta marcha.
         No iba a ponerme histérica todavía, tenía que comprenderlo era su trabajo y lo mejor de todo "yo no era el polvo de una noche". Me deje caer en aquel sillón tan confortable, empecé a soñar con una vida junto a Marc. Pero la ilusión nunca llegaba a materializarse, solo veía ante mí la soledad de la espera.
-¿Qué haces cariño?- se acerco muy diligente, postrándose ante mí tocándome las rodillas-¿Estas preparada?
-¿Ya me tengo que marchar?-había llegado el momento.
-La verdad es… ¿Te gustaría venir conmigo?-su mirada era intensa.
         ¡Yo con él!, por un momento me dieron ganas de chillar y saltar de alegría, pero la realidad era como un jarro de agua fría.
-Eso es imposible no nos pueden ver por ahí juntos- me mordí el labio.
-Seremos muy discretos, nadie lo sabrá-paso sus dedos por su pelo- Solo quiero saber que estas ahí, que puedo verte en cualquier momento del día-esperanza- ¿Podríamos probar?
         Esa historia tenía muchos flecos, si al final no salía bien ¿En cuales condiciones iba a volver a casa?
- Me encantaría ir de verdad, pero tengo trabajo aquí, Me costo mucho conseguirlo y además…- Paro mi discurso con la mano en mis labios.
-Eso son excusas, trabajas poniendo cafés- se burlo de mí- ves este piso te lo regalo, si no sale bien ya tienes donde volver.
-De eso nada. ¿Intentas comprarme? Yo no quiero nada de ti, ni tu dinero, ni tu fama. Solo el tiempo dirá si esto tiene posibilidades.
         Se levantó nervioso, paseando por la habitación como un león enjaulado.
-¡No, no puedo dejarte atrás!- volvió a ponerse a mi altura- mi vida ahora es caótica, no se cuando podré volver. Estos días sin saber de ti han sido un infierno…te necesito.
         Esa palabra me hacía sentir como un golpe sordo en el estómago. Su cuerpo a mi alcance… no lo pude evitar de un tirón lo puse bajo de mi en el sofá.
-Tienes que contarme como consigues hacer estas cosas- me dijo entre carcajadas- Eres tan impulsiva, loca y ardiente.
         Nuestras bocas se tocaron, nuestros cuerpos convulsionaron al menos eso es lo que me pareció a mí. Besar no era su punto fuerte, a veces parecía que quería engullirme con su boca. En ese momento tenía que tomar el control de la situación, parando su loca acometida, indicándole que parase.
         Pase mi lengua por su labio inferior para luego succionarlo suavemente, besos suaves hasta que los dos explotábamos de nuevo, entonces era yo la descontrolada.
         Mi suerte estaba echada, esa misma tarde viajaría con él. Lo que mas me llamo la atención, es que el ya tuviese los billetes reservados. Desde luego tenía más que pensado llevarme con él.
         Cuando aparecí con Marc en casa de Charly, los gritos se oyeron desde la calle. Charly parecía una gallina clueca a su alrededor. Menos mal que Marc se lo tomo muy bien, respondía a todas sus preguntas amablemente.
         Mi amigo aprovechó la ocasión para sonsacarle información, sobre los actores que a él mas le gustaban.  No paraba de hablar, Marc con la mirada me urgía a que me diera prisa con mis maletas.
         Besos y abrazos, Charly me asfixiaba entre sus brazos, le prometí mil veces que le llamaría cada día, para contárselo todo. Nos pareció mentira a ambos poder descansar dentro del amplio taxi que nos llevo al aeropuerto.




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