Capitulo
7
Me despertó
el sonido insistente de mi móvil, Charly debía de estar como loco
buscándome. Me sorprendió ver tantas llamadas perdidas, había
estado muerta para el mundo, agotada.
Estaba amaneciendo, somnolienta le mande
un mensaje. Charly sabía de la existencia de mi novio viajero. Me
acurruque entre los brazos de Marc, me agarraba con mucha fuerza. Era
un placer sentir su calor.
Salí de su abrazo de oso, me preparé un
té. La cocina estaba casi vacía, no fue difícil encontrar las
cosas necesarias. Pare ellos tener Té era como para nosotros tener
aceite de oliva. Me quedé en silencio, la cocina estaba en
penumbras, me asaltaron las dudas, me angustiaba el no permitirme
amarle.
-¿eh,
que haces?-se acerco somnoliento.
Tenía el pelo muy alborotado y la cara
hinchada por el sueño. Desde luego en este momento no tenía el
aspecto de un galán de cine, pero a mi me parecía el ser mas bello
del mundo. Aunque llevase los calzoncillos mas horteras que había
visto en mi vida. “Nota mental, llevarle de compras con Charly”.
-¿No
querrás escapar tan pronto de mi cama, verdad?- Me abrazó,
acariciándome sensualmente, me dijo al oído- aun no he terminado
contigo.
Me sentía protegida entre sus brazos,
algo muy bello y frágil. Nunca me cansaba de tocarle y saborear su
piel, me encantaba meter mis manos entre su pelo para acercar su boca
a la mía.
La mañana llego demasiado pronto,
pero esta vez nos encontró juntos entrelazados en la cama. Me
desperece como un gato satisfecho, había partes de mi cuerpo que no
volverían a ser lo mismo, un suspiro de felicidad escapo de mis
labios.
Él todavía se resistía a despertar, me
quede contemplándolo, la vergüenza me sobrevino al comprobar las
marcas que le había dejado en su blanca piel. Me sentí mas culpable
cuando encontré la rojez en su cuello, lo había marcado, pase mis
dedos levemente.
-Marcas
de guerra-estaba contento con sus heridas- Eres una salvaje- se
estaba relamiendo de gusto, me atrajo mas hacía el- Buenos días,
gatita.
Besos de buenos días, un maravilloso
despertar. Me dejo pensando en las musarañas y se metió en el baño.
La habitación era caótica, ropa por todas partes. Intente arreglar
un poco, pero me lleve un chasco al comprobar que los cajones estaban
vacíos. Creo que toda su ropa andaba por allí desparramada. Busque
una de sus camisas y me fui al salón.
El sofá era muy mullido y de un color
rojo oscuro, desentonaba un poco con la decoración del salón más
actual. Me pareció una pieza de museo, me arrellane en él, era
suave y confortable, pasé mis manos sobre la tela de terciopelo,
sentí el cosquilleo en mis dedos.
Desde luego que podría quedarme con Marc
allí eternamente, podía ver la calle a través de los grandes
ventanales. Estaba en su casa, en su sofá y por un breve tiempo,
realmente compartía su vida.
-Irene,
vamos a desayunar a abajo…-lo note enseguida, había vuelto a la
realidad como yo. No podía dejarse ver.
-No
te preocupes voy yo a por algo- un denso silencio.
-Como
quieras.-repuso de mala gana.
Cuando salí al aire fresco de la mañana,
el corazón latía fuertemente en mis oídos. Quería pasear
eternamente, pero él me esperaba para desayunar. Me metí en la
primera tienda que encontré.
No pude comprar mucho, estábamos casi a
fin de mes y andaba un poco justa de dinero. Me apetecía mucho comer
chocolate, para reponer fuerzas. Salía de la tienda cuando me llamo
la atención una revista, allí estaba mi galán de dormitorio.
Guapísimo como siempre y con una chica fabulosa colgada del brazo.
Unos celos terribles me nublaron la vista por un momento.
Aunque se salía de mi presupuesto la
compre, tenía que leer todo el reportaje. Esta vez no me ataco
por completo la ansiedad, la causa de mis celos, la noche
anterior había dejado claro todo lo que yo le importaba. Por lo
menos en esas horas me perteneció a mí por entero.
Al llegar a casa me metí directamente en
la cocina, ordene mis pensamientos y prioridades. Sabía que el se
marcharía pronto, pasaría este día lo mejor posible, escondí la
revista en mi bolso.
Ya se había duchado y vestido, me empujo
hacia el salón, se acercó a mí y me dijo que se ocuparía de todo.
Esta vez sería mas duro dejarlo marchar.
Me había preparado la mesa en el salón,
preparó té y dispuso ante mi todo lo que yo había comprado.
Le sonreí tontamente, embelesada con él, desde luego esto iba a ser
muy duro.
Nos comimos todo, mas bien lo devoramos.
Le animaba a comer más y más, estaba muy delgado. Me pidió
que no le atiborrara, yo me reí de él metiéndole en la boca
otro trozo de bollo.
Terminamos el desayuno, pero no me dejo
ayudarle a quitar la mesa y se marcho con los vasos a la cocina.
Empecé a curiosear por la habitación, me sentí un poco mareada al
ver la maleta en un rincón, una muestra real de su pronta marcha.
No iba a ponerme histérica todavía,
tenía que comprenderlo era su trabajo y lo mejor de todo "yo no
era el polvo de una noche". Me deje caer en aquel sillón tan
confortable, empecé a soñar con una vida junto a Marc. Pero la
ilusión nunca llegaba a materializarse, solo veía ante mí la
soledad de la espera.
-¿Qué
haces cariño?- se acerco muy diligente, postrándose ante mí
tocándome las rodillas-¿Estas preparada?
-¿Ya
me tengo que marchar?-había llegado el momento.
-La
verdad es… ¿Te gustaría venir conmigo?-su mirada era intensa.
¡Yo con él!, por un momento me dieron
ganas de chillar y saltar de alegría, pero la realidad era como un
jarro de agua fría.
-Eso
es imposible no nos pueden ver por ahí juntos- me mordí el labio.
-Seremos
muy discretos, nadie lo sabrá-paso sus dedos por su pelo- Solo
quiero saber que estas ahí, que puedo verte en cualquier momento del
día-esperanza- ¿Podríamos probar?
Esa historia tenía muchos flecos, si al
final no salía bien ¿En cuales condiciones iba a volver a casa?
-
Me encantaría ir de verdad, pero tengo trabajo aquí, Me costo mucho
conseguirlo y además…- Paro mi discurso con la mano en mis labios.
-Eso
son excusas, trabajas poniendo cafés- se burlo de mí- ves este piso
te lo regalo, si no sale bien ya tienes donde volver.
-De
eso nada. ¿Intentas comprarme? Yo no quiero nada de ti, ni tu
dinero, ni tu fama. Solo el tiempo dirá si esto tiene posibilidades.
Se levantó nervioso, paseando por la
habitación como un león enjaulado.
-¡No,
no puedo dejarte atrás!- volvió a ponerse a mi altura- mi vida
ahora es caótica, no se cuando podré volver. Estos días sin saber
de ti han sido un infierno…te necesito.
Esa palabra me hacía sentir como un golpe
sordo en el estómago. Su cuerpo a mi alcance… no lo pude evitar de
un tirón lo puse bajo de mi en el sofá.
-Tienes
que contarme como consigues hacer estas cosas- me dijo entre
carcajadas- Eres tan impulsiva, loca y ardiente.
Nuestras bocas se tocaron, nuestros
cuerpos convulsionaron al menos eso es lo que me pareció a mí.
Besar no era su punto fuerte, a veces parecía que quería engullirme
con su boca. En ese momento tenía que tomar el control de la
situación, parando su loca acometida, indicándole que parase.
Pase mi lengua por su labio inferior para
luego succionarlo suavemente, besos suaves hasta que los dos
explotábamos de nuevo, entonces era yo la descontrolada.
Mi suerte estaba echada, esa misma tarde
viajaría con él. Lo que mas me llamo la atención, es que el ya
tuviese los billetes reservados. Desde luego tenía más que pensado
llevarme con él.
Cuando aparecí con Marc en casa de
Charly, los gritos se oyeron desde la calle. Charly parecía una
gallina clueca a su alrededor. Menos mal que Marc se lo tomo muy
bien, respondía a todas sus preguntas amablemente.
Mi amigo aprovechó la ocasión para
sonsacarle información, sobre los actores que a él mas le
gustaban. No paraba de hablar, Marc con la mirada me urgía a
que me diera prisa con mis maletas.
Besos y abrazos, Charly me asfixiaba entre
sus brazos, le prometí mil veces que le llamaría cada día, para
contárselo todo. Nos pareció mentira a ambos poder descansar dentro
del amplio taxi que nos llevo al aeropuerto.
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