miércoles, 25 de julio de 2012

Un beso en Londres capitulo 10


                                       10


         Dani vino a buscarme al día siguiente para llevarme otra vez al set, no  me apetecía nada otra vez pasarme todo el  día sin hacer nada. Pero sabía que si Marc lo había enviado era para volver a verme.
         Me llevo directamente a la caravana, me lleve una grata sorpresa al ver preparada la mesa para el desayuno, me derretí de amor cuando descubrí el plato lleno de torrijas ¿De donde las había sacado?
         Marc entro caracterizado de su personajes, no quería mirarme directamente a la cara, estaba avergonzado.
-Siento mucho lo de ayer, fue un día loco, tuvimos algunos problemas- se paro ante mí, yo no quería mirarle a la cara- Irene mírame.
         Cuando estaba con él todas las decisiones tomadas se desmoronaban como castillos de arena. No soportaba estar tan cerca y a la vez tan lejos. Me sentía igual que cuando estaba en Londres, sin voz ni voto.
         Pero estaba allí con Marc, era lo suficientemente importante para él, como para querer estar conmigo mientras trabajaba y había conseguido torrijas.
         Me levante y le ofrecí una rebanada, la mordió sin dejar de mirarme a los ojos. Con mis manos repetí mi caricia de nuestra primera vez.  Fundir mi cuerpo contra él era todo un placer. Su boca volvía tener sabor a canela y azúcar. No nos dio tiempo a nada mas,  habíamos comenzado ya a “arrancarnos la ropa”, cuando llamaron a la puerta, su mirada lo decía todo. Decepción.
         Pase dos horas paralizada delante del desayuno, no sabía que hacer, nadie con quien hablar, ni a donde ir. La puerta se volvió a abrir de pronto, para dejar pasar a una señora seca y amargada. Me miro desdeñosa.
-¿Chica ya te has divertido suficiente?-Me miro de arriba a bajo, me sentí fuera de lugar- Limpia todo esto y llévalo a la cocina.
         Se marcho como había entrado, un nudo se formo en mi garganta, tanto se notaba que era camarera. Decidí ponerme en marcha e ir a la cocina.
         Moverme por allí con una bandeja en las manos no era nada fácil, por todas partes había cables y cajas de embalajes. Un chico con un martillo en la mano, se paró un momento a observarme, debía parecer una estúpida allí parada en medio de ese caos sin saber que hacer.
-¿Puedo ayudarte?-la bandeja tintineo, me tomo por sorpresa.
-Por favor, ¿Dónde esta la cocina?-Puse mi mejor sonrisa, siempre funcionaba.
-Claro, te acompaño. Me tomaré un descanso.
         Era el típico americano, ese chico agradable que se ve en las películas, me hacía gracia, este país estaba lleno de chicos guapos, por todas partes y este chico rubio era uno de ellos.
         Muy amable me indico el camino, sonriéndome todo el tiempo. Me ponía un poco nerviosa ser el centro de atención de otro chico, una campanilla en lo mas profundo de mi cerebro me estaba indicando que algo no estaba bien.
         El comedor era una carpa enorme, blanca repleta de mesas y sillas. Estaban preparándolo todo para la hora del almuerzo. La cocina estaba bastante bien equipada, un montón de personas deambulaban por allí muy atareadas trabajando. Un chico bajo y moreno se acerco a mi para llevarse la bandeja.
-Gracias, señorita-me quede alucinada, por fin encontraba alguien que hablaba español, buen español con acento latino.
-De nada- el también me miró sorprendido, yo sabía que no parecía española, pero mi español carecía de acentos.
-¿Española?-Solo pude afirmar con la cabeza.
-Encantado señorita, me llamo Jairo Martínez- estaba tan emocionado como yo.
-Yo soy Irene González.
-¿Qué hace por aquí esta rosa de España?
-¿Trabajo?-No se de donde salió eso.
         Me indico que esperara, estuvo hablando con un hombre que parecía el jefe, era grande, corpulento y también parecía latino, de echo allí había un crisol de nacionalidades.
         Volvió en seguida con una sonrisa en los labios. No me podía creer mi suerte empecé a trabajar ese mismo día, en ese instante. Les ayudaría con los malditos gringos.
-Veo que ya eres una de los nuestros, yo soy Bill- me había olvidado totalmente de él.
-Creo que si- me puse colorada.
-Irene-se toco un sombrero imaginario y se despidió hasta la hora del almuerzo.
         Los chicos de la cocina pusieron música, me pusieron a preparar las mesas junto a Puchi y Nana dos chicas indias muy simpáticas, nos comunicábamos en un Ingles rudimentario, ellas también eran nuevas en aquel país.  Se movían entre las mesas como unas expertas todo en ellas era femineidad y eficacia.
         Pronto tomamos un buen ritmo, entre las tres preparamos el comedor en un periquete. Nos toco llenar las bandejas del Buffet, no me entro nada por ojo, demasiadas salsas y especias.
         Gerardo el cocinero jefe me estaba vigilando, su cara seria me intimidaba, creo que no le gustaba nada. Bueno el sueldo propuesto no estaba mal, para trabajar sin papeles,  al día ganaría unos cincuenta dólares, con la comida incluida. No podía quejarme, había echo trabajos peores y por menos.
         Me sentía satisfecha, no tendría que tocar el sobre con dinero que me había dado Marc para gastos. Tomaba otra vez el control de mi vida, era autosuficiente.
         Como trabajo temporal no estaba mal, pero sabía que iba a ser agotador,  pero así podía estar cerca de él. Otra cuestión era saber como se tomaría el la noticia. Un escalofrío me recorrió la espalda.
-Viene el primer turno.
         Nana dio el aviso justo cuando los operarios entraban en tropel. Las voces inundaron el comedor, se servían la comida a toda velocidad. Los actores principales se sentaban apartados, eran los intocables.  Su zona aun estaba vacía.
         Tuve que hacer una maratón para conseguir mantener llenas mis bandejas asignadas. Se repitieron los guiños y besos lanzados a la nueva, me puse colorada como un tomate. Las mujeres estaban entre ellos ponían los ojos en blanco.
         Estaba tan centrada en mi trabajo que no me di cuenta cuando Marc y sus compañeros ocuparon sus asientos. Nana tiro de mi brazo para que la acompañara.
         Los actores  se repartían en varias mesas pero los principales no se relacionaban con los figurantes. Me sentí torpe al repartir el pan, me sentía nerviosa no sabía la reacción de Marc al verme.
         El estaba haciendo alguna broma, porque toda su mesa se reía sin parar, cuando me acerque a la mesa las manos me sudaban. Me tembló un poco el pulso al soltar la bandeja del pan.
         Pero no ocurrió nada, Marc no me había dirigido ni una sola mirada. Esto era de lo mas usual, el servicio por arte de magia nos solíamos convertir en invisibles.  Cuando me recupere de la primera impresión, estudie la manera de hacerme ver.
         Repartíamos los platos calientes, aun me quedaban unas pocas para llegar a él. Casi se me cae una sopa humeante sobre un guapo chico moreno. No me podía concentrar con él tan cerca. Las chicas de reparto estaban guapísimas, los celos me devoraron.  Sabía que el esperaba que le aguardara en la caravana, bien escondida.
         Se estaba acercando demasiado a una increíble morena, le prestaba toda su atención. Me indigne cuando la vi tomarle por las manos, me mordí la lengua para no gritar “eso no se toca”.
         Nana me miró furiosa, me había quedado parada mirando fijamente la mesa de Marc y se estaba acumulando el trabajo. Me puso dos platos humeantes en las manos.
         Al fin me tocaba su mesa, uno, dos, tres, al fin me tocaba él. Puse el plato ante él y volvió a ignorarme. Acaricie su cuello, me miro sorprendido, se levanto con un gran estrépito. Todos se nos quedaron mirando.
-¿Qué…?-estaba muy nervioso.
-¿Quiere algo más?- Le pregunte muy educada, dándole una salida.
         Volvió a sentarse, pero no aparto  la mirada de mí. Yo le hice un saludo con la cabeza y seguí satisfecha con mi trabajo.
         Ahora la que lo ignoro fui yo, era una buena venganza por dos noches sola. Su mesa siguió con el jolgorio pero ya no volví a oír su voz.
         Comenzamos a recoger las bandejas y a repartir los postres, Marc tomo el suyo de mi mano.  Sabía que estaba enfadado, toco mi mano con sus dedos, hizo una presión de advertencia.
         Teníamos que hablar lo sabía,  me había estado preparando toda la mañana para este momento. Pero no tenía ni idea de cómo iba a reaccionar él, espero que no se lo tomara demasiado mal.
         Estaba sumida en mis pensamientos, no pude evitar tropezar y caerme en el regazo de un chico que estaba en las mesas centrales. Mis brazos y piernas se agitaron intentado encontrar un apoyo para levantarme.
-Irene, que amable dejarte caer por aquí.
         “Tierra trágame”, logre ponerme de pié, estire mi ropa y le mire avergonzada.
-Lo siento mucho.
         Me había ido a caer encima del simpático Bill. Desde luego acaba de tener un Deyavu pero a diferencia de lo que me paso con Marc no había tenido un deseo irrefrenable de besarle. Esperaba que no me hubiera visto hacer semejante ridículo.
-¿Tomamos un café luego?- no esperaba que Bill parara mi huida.
-No tomo café- me zafe de su mano.
         Intente llegar de una pieza a la zona de platos, necesitaba unos minutos para recuperar la compostura. Pero Bill me seguía a poca distancia.
-Pues tomemos otra cosa, ¿venga, qué me dices?-se acercaba a mi cada vez mas, esto no me gustaba nada.
-¿señorita me trae mas sal, por favor?- Marc venía a mi rescate.
-Por supuesto señor, ahora mismo- Pero Bill no estaba dispuesto a moverse.
-¿Puede esperar? Esta hablando conmigo.
-Yo soy la que no puedo esperar- Le di un buen empujón y salí muy decidida, los platos tintineaban.
         Pude oír a Bill algo sobre los malditos ingleses, pero no se atrevió ha hacer nada, Marc era una estrella y se jugaba su trabajo.
         Estábamos recogiendo ya las mesas, mis compañeras estaban enfrascadas en una conversación interminable, no entendía nada de nada.
Me reproche no haber hablado con Marc antes de haber aceptado trabajar allí. Pero me encantaba tener algo que hacer.
         Volvieron a poner la música, me encantaba la bachata. Marc me pillo tatareando, tenía cara de pocos amigos.
-¿Señorita, podría traerme un té a mi caravana, por favor? – lo decía como una orden indiscutible, odiaba sentirme como una niña pequeña pillada en una travesura.



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