10
Dani vino a buscarme al día siguiente
para llevarme otra vez al set, no me apetecía nada otra vez
pasarme todo el día sin hacer nada. Pero sabía que si Marc lo
había enviado era para volver a verme.
Me llevo directamente a la caravana, me
lleve una grata sorpresa al ver preparada la mesa para el desayuno,
me derretí de amor cuando descubrí el plato lleno de torrijas ¿De
donde las había sacado?
Marc entro caracterizado de su personajes,
no quería mirarme directamente a la cara, estaba avergonzado.
-Siento
mucho lo de ayer, fue un día loco, tuvimos algunos problemas- se
paro ante mí, yo no quería mirarle a la cara- Irene mírame.
Cuando estaba con él todas las decisiones
tomadas se desmoronaban como castillos de arena. No soportaba estar
tan cerca y a la vez tan lejos. Me sentía igual que cuando estaba en
Londres, sin voz ni voto.
Pero estaba allí con Marc, era lo
suficientemente importante para él, como para querer estar conmigo
mientras trabajaba y había conseguido torrijas.
Me levante y le ofrecí una rebanada, la
mordió sin dejar de mirarme a los ojos. Con mis manos repetí mi
caricia de nuestra primera vez. Fundir mi cuerpo contra él era
todo un placer. Su boca volvía tener sabor a canela y azúcar. No
nos dio tiempo a nada mas, habíamos comenzado ya a
“arrancarnos la ropa”, cuando llamaron a la puerta, su mirada lo
decía todo. Decepción.
Pase dos horas paralizada delante del
desayuno, no sabía que hacer, nadie con quien hablar, ni a donde ir.
La puerta se volvió a abrir de pronto, para dejar pasar a una señora
seca y amargada. Me miro desdeñosa.
-¿Chica
ya te has divertido suficiente?-Me miro de arriba a bajo, me sentí
fuera de lugar- Limpia todo esto y llévalo a la cocina.
Se marcho como había entrado, un nudo se
formo en mi garganta, tanto se notaba que era camarera. Decidí
ponerme en marcha e ir a la cocina.
Moverme por allí con una bandeja en las
manos no era nada fácil, por todas partes había cables y cajas de
embalajes. Un chico con un martillo en la mano, se paró un momento a
observarme, debía parecer una estúpida allí parada en medio de ese
caos sin saber que hacer.
-¿Puedo
ayudarte?-la bandeja tintineo, me tomo por sorpresa.
-Por
favor, ¿Dónde esta la cocina?-Puse mi mejor sonrisa, siempre
funcionaba.
-Claro,
te acompaño. Me tomaré un descanso.
Era el típico americano, ese chico
agradable que se ve en las películas, me hacía gracia, este país
estaba lleno de chicos guapos, por todas partes y este chico rubio
era uno de ellos.
Muy amable me indico el camino,
sonriéndome todo el tiempo. Me ponía un poco nerviosa ser el centro
de atención de otro chico, una campanilla en lo mas profundo de mi
cerebro me estaba indicando que algo no estaba bien.
El comedor era una carpa enorme, blanca
repleta de mesas y sillas. Estaban preparándolo todo para la hora
del almuerzo. La cocina estaba bastante bien equipada, un montón de
personas deambulaban por allí muy atareadas trabajando. Un chico
bajo y moreno se acerco a mi para llevarse la bandeja.
-Gracias,
señorita-me quede alucinada, por fin encontraba alguien que hablaba
español, buen español con acento latino.
-De
nada- el también me miró sorprendido, yo sabía que no parecía
española, pero mi español carecía de acentos.
-¿Española?-Solo
pude afirmar con la cabeza.
-Encantado
señorita, me llamo Jairo Martínez- estaba tan emocionado como yo.
-Yo
soy Irene González.
-¿Qué
hace por aquí esta rosa de España?
-¿Trabajo?-No
se de donde salió eso.
Me indico que esperara, estuvo hablando
con un hombre que parecía el jefe, era grande, corpulento y también
parecía latino, de echo allí había un crisol de nacionalidades.
Volvió en seguida con una sonrisa en los
labios. No me podía creer mi suerte empecé a trabajar ese mismo
día, en ese instante. Les ayudaría con los malditos gringos.
-Veo
que ya eres una de los nuestros, yo soy Bill- me había olvidado
totalmente de él.
-Creo
que si- me puse colorada.
-Irene-se
toco un sombrero imaginario y se despidió hasta la hora del
almuerzo.
Los chicos de la cocina pusieron música,
me pusieron a preparar las mesas junto a Puchi y Nana dos chicas
indias muy simpáticas, nos comunicábamos en un Ingles rudimentario,
ellas también eran nuevas en aquel país. Se movían entre las
mesas como unas expertas todo en ellas era femineidad y eficacia.
Pronto tomamos un buen ritmo, entre las
tres preparamos el comedor en un periquete. Nos toco llenar las
bandejas del Buffet, no me entro nada por ojo, demasiadas salsas y
especias.
Gerardo el cocinero jefe me estaba
vigilando, su cara seria me intimidaba, creo que no le gustaba nada.
Bueno el sueldo propuesto no estaba mal, para trabajar sin papeles,
al día ganaría unos cincuenta dólares, con la comida incluida. No
podía quejarme, había echo trabajos peores y por menos.
Me sentía satisfecha, no tendría que
tocar el sobre con dinero que me había dado Marc para gastos. Tomaba
otra vez el control de mi vida, era autosuficiente.
Como trabajo temporal no estaba mal, pero
sabía que iba a ser agotador, pero así podía estar cerca de
él. Otra cuestión era saber como se tomaría el la noticia. Un
escalofrío me recorrió la espalda.
-Viene
el primer turno.
Nana dio el aviso justo cuando los
operarios entraban en tropel. Las voces inundaron el comedor, se
servían la comida a toda velocidad. Los actores principales se
sentaban apartados, eran los intocables. Su zona aun estaba
vacía.
Tuve que hacer una maratón para conseguir
mantener llenas mis bandejas asignadas. Se repitieron los guiños y
besos lanzados a la nueva, me puse colorada como un tomate. Las
mujeres estaban entre ellos ponían los ojos en blanco.
Estaba tan centrada en mi trabajo que no
me di cuenta cuando Marc y sus compañeros ocuparon sus asientos.
Nana tiro de mi brazo para que la acompañara.
Los actores se repartían en varias
mesas pero los principales no se relacionaban con los figurantes. Me
sentí torpe al repartir el pan, me sentía nerviosa no sabía la
reacción de Marc al verme.
El estaba haciendo alguna broma, porque
toda su mesa se reía sin parar, cuando me acerque a la mesa las
manos me sudaban. Me tembló un poco el pulso al soltar la bandeja
del pan.
Pero no ocurrió nada, Marc no me había
dirigido ni una sola mirada. Esto era de lo mas usual, el servicio
por arte de magia nos solíamos convertir en invisibles. Cuando
me recupere de la primera impresión, estudie la manera de hacerme
ver.
Repartíamos los platos calientes, aun me
quedaban unas pocas para llegar a él. Casi se me cae una sopa
humeante sobre un guapo chico moreno. No me podía concentrar con él
tan cerca. Las chicas de reparto estaban guapísimas, los celos me
devoraron. Sabía que el esperaba que le aguardara en la
caravana, bien escondida.
Se estaba acercando demasiado a una
increíble morena, le prestaba toda su atención. Me indigne cuando
la vi tomarle por las manos, me mordí la lengua para no gritar “eso
no se toca”.
Nana me miró furiosa, me había quedado
parada mirando fijamente la mesa de Marc y se estaba acumulando el
trabajo. Me puso dos platos humeantes en las manos.
Al fin me tocaba su mesa, uno, dos, tres,
al fin me tocaba él. Puse el plato ante él y volvió a ignorarme.
Acaricie su cuello, me miro sorprendido, se levanto con un gran
estrépito. Todos se nos quedaron mirando.
-¿Qué…?-estaba
muy nervioso.
-¿Quiere
algo más?- Le pregunte muy educada, dándole una salida.
Volvió a sentarse, pero no aparto
la mirada de mí. Yo le hice un saludo con la cabeza y seguí
satisfecha con mi trabajo.
Ahora la que lo ignoro fui yo, era una
buena venganza por dos noches sola. Su mesa siguió con el jolgorio
pero ya no volví a oír su voz.
Comenzamos a recoger las bandejas y a
repartir los postres, Marc tomo el suyo de mi mano. Sabía que
estaba enfadado, toco mi mano con sus dedos, hizo una presión de
advertencia.
Teníamos que hablar lo sabía, me
había estado preparando toda la mañana para este momento. Pero no
tenía ni idea de cómo iba a reaccionar él, espero que no se lo
tomara demasiado mal.
Estaba sumida en mis pensamientos, no pude
evitar tropezar y caerme en el regazo de un chico que estaba en las
mesas centrales. Mis brazos y piernas se agitaron intentado encontrar
un apoyo para levantarme.
-Irene,
que amable dejarte caer por aquí.
“Tierra trágame”, logre ponerme de
pié, estire mi ropa y le mire avergonzada.
-Lo
siento mucho.
Me había ido a caer encima del simpático
Bill. Desde luego acaba de tener un Deyavu pero a diferencia de lo
que me paso con Marc no había tenido un deseo irrefrenable de
besarle. Esperaba que no me hubiera visto hacer semejante ridículo.
-¿Tomamos
un café luego?- no esperaba que Bill parara mi huida.
-No
tomo café- me zafe de su mano.
Intente llegar de una pieza a la zona de
platos, necesitaba unos minutos para recuperar la compostura. Pero
Bill me seguía a poca distancia.
-Pues
tomemos otra cosa, ¿venga, qué me dices?-se acercaba a mi cada vez
mas, esto no me gustaba nada.
-¿señorita
me trae mas sal, por favor?- Marc venía a mi rescate.
-Por
supuesto señor, ahora mismo- Pero Bill no estaba dispuesto a
moverse.
-¿Puede
esperar? Esta hablando conmigo.
-Yo
soy la que no puedo esperar- Le di un buen empujón y salí muy
decidida, los platos tintineaban.
Pude oír a Bill algo sobre los malditos
ingleses, pero no se atrevió ha hacer nada, Marc era una estrella y
se jugaba su trabajo.
Estábamos recogiendo ya las mesas, mis
compañeras estaban enfrascadas en una conversación interminable, no
entendía nada de nada.
Me
reproche no haber hablado con Marc antes de haber aceptado trabajar
allí. Pero me encantaba tener algo que hacer.
Volvieron a poner la música, me encantaba
la bachata. Marc me pillo tatareando, tenía cara de pocos amigos.
-¿Señorita,
podría traerme un té a mi caravana, por favor? – lo decía como
una orden indiscutible, odiaba sentirme como una niña pequeña
pillada en una travesura.
Puedes seguir a Irene en Twiter @UnBesoEnLondres
ResponderEliminarBesis