viernes, 15 de junio de 2012

Un beso en Londres capitulo 1


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Sentada en lado izquierdo del autobús para ver el amanecer, nada se interponía ante mi vista, podía contemplar la salida del sol. El horizonte parecía una postal rojizo en la madrugada, con el mar tranquilo  y sereno.
            El amanecer, una nueva oportunidad  de volver a empezar. Aquel día más que nada en el mundo necesitaba presenciar el comienzo del nuevo día, sentirme  en paz con la vida que dejaba y esperanzada con la que comenzaba. No quería darme tiempo para pensar en lo que estaba haciendo, mi madre  me había perseguido por toda la casa prohibiéndome que me marchara, mi determinación flaqueo un poco, pero la decisión estaba tomada.
            Creí que mi padre sería un mayor obstáculo, pero creo que comprendía que aquel pueblo estaba muriendo. Mis malas experiencias del pasado me habían enclaustrado en mi habitación.  Los jóvenes en cuanto podían se marchaban, dejando un lugar cansado y triste. Me animó a viajar y a buscar la felicidad donde la encontrara.
            Así deje la casita de mis padres, era pequeña de dos plantas típica de la zona, pintada de blanco y con la puerta azul. A mi madre le encantaban las plantas, era la envidia de  las vecinas, tenía la fachada más bonita del pueblo. Ella aún vivía en los años 70, la cas limpísima y con tapetitos por todas partes. No tenía ni idea de lo que era un ordenador, ni quería saberlo. Aún recuerdo la primera vez que utilizó un móvil, le daba un miedo terrible, pero ahora no se separa de él. Mi padre siempre se quejaba de lo que le gustaba hablar y de lo cara que era la factura. Pero ella siempre andaba “colgada” hablando con alguno de mis hermanos, todos habían seguido su camino.
Este era mi momento, empezar una nueva vida fuera de la burbuja que era mi pueblo. Me daba miedo lo que me esperaba fuera, pero aún me aterrorizaba más no atreverme a vivirlo, no tenía nada que perder. Tomé todo mi dinero ahorrado y la dirección de mi primo Salvador “el rarito”, al menos no iba a empezar a ciegas, me esperaba casa y trabajo. Todo lo había dispuesto en una semana, pero no se lo dije a mis padres hasta el día antes de partir.
            Mi reflejo en la ventanilla me devolvía a la realidad. ¿Qué se me había perdido a mi tan lejos? Y lo peor de todo sin saber nada más que lo básico del idioma, realmente estaba loca. Siempre era demasiado impulsiva, hacía todo como me venía a la cabeza, mi cerebro y mi cuerpo iban a ritmos diferentes. Se me pasaba algo por la cabeza y de pronto me descubría a mi misma realizándolo.
            En Aguazul no tenía oportunidad de rehacer mi vida y buscar por Internet el amor me parecía algo frío e irreal. Terminé desistiendo, así que me inventé al chico ideal, esa persona perfecta y romántica ya existía: mi actor favorito Marc Lewis.
            Lo conocía todo sobre él, era un actor ingles, había tenido un gran éxito en una película americana. No había revista donde no apareciera ni programa donde no dieran alguna noticia sobre él. Las fans lo asediaban, casi no podía salir de casa, ni acercarse a nadie, el novio perfecto para mí por ser del todo inalcanzable.
           
Ese fue otro atractivo para decidir marcharme a esa ciudad, saber que él a veces andaba por allí. Todos los días buscaba noticias sobre Marc en mi portátil, ver su cara me alegraba el día y me permitía soñar, con un mundo rosa  lleno de amor.
            Era un chico de un metro ochenta desgarbado y con pinta de “yo solo pasaba por aquí”.  Estudiaba cada gesto que hacía en mi afán por conocerle, sabía que esto no era muy sano y podía acarrarme problemas. Pero cada día me perdía en sus ojos claros y me preguntaba que había tras ellos.
            Así que viajaba con mi portátil a buen recaudo y con una foto suya guardada en mi cartera, era capaz de enfrentarme a todo. Esto hacía que pareciera una acosadora, estaba a otro nivel respecto a mi madre y su amor por Manolo Escobar.
            Llegué al aeropuerto con tiempo suficiente, me senté muy quieta, no quería darme motivo de arrepentimiento. Supongo que fue solo pura casualidad, pero en ese momento dieron la noticia de la próxima vuelta de Marc a Londres, lo tomé como una señal divina. Me aferraría a cualquier cosa que me diera confianza en mi decisión.
            El vuelo fue de lo mas estresante, los oídos me dolían una barbaridad, menos mal que me tocó al lado una pareja de ancianitas que se durmieron en seguida  y no dieron mucha guerra.
            No me lo podía creer, a mi llegada a la terminal estaba ya anocheciendo, eran apenas las tres de la tarde. Seguí fielmente las instrucciones de mi primo, tomé el tren hasta la estación Victoria y desde allí a buscar el Pub donde el trabajaba.
            Ande rápida y segura, como si tuviese alguna idea de donde me dirigía. Pero no podía dejar de mirar de un lado a otro, me encantó la ciudad. El ambiente cosmopolita de la gente, de todas las razas imaginables. Me enamoré a primera vista. Llegue como en una nube al local donde mi primo me esperaba.
            Desde luego me costó mucho reconocerle, se había rapado la cabeza, los kilos que tenía de más, los había convertido en puro músculo, todo bien visible porque solo llevaba un chaleco de cuero negro. Me asuste mucho al verle, pero en  cuanto me saludo y me abrazó, reconocí en el a mi alocado Salvador.
            Tuve que esperar al final de la barra a que terminase el turno, no me atreví a buscar sola la dirección. Estaba muy distraída observando todo lo que pasaba a mi alrededor aunque solo hablaban en Ingles, era la primera vez que estaba en un sitio de ambiente. La verdad es que me preocupé cuando empecé a ver todo aquello bastante sexy, dos chicos besándose, ¡Muy interesante…!
            Ya de madrugada llegamos a su pequeño piso, estaba encima de una librería, era la única vivienda del edificio, tenía una larga escalera oscura para llegar al umbral de la puerta.
            El apartamento contaba con un diminuto salón todo decorado  en tonos verdes oscuros, contaba con una cocina americana pero la suciedad me impedía distinguir de qué color eran los muebles. La luz mortecina de la única lámpara que había en el salón, daba a todo un aspecto sórdido y pesado. Me rebote cuando me entere que tenía que  dormir en aquel sofá, su dudosa limpieza me hizo estremecer.
            Me quedé helada cuando Salvador me dijo que se marchaba a trabajar a Canadá por unos meses y que al día siguiente me dejaba aquel palacio  solo para mí. Con mi primo fuera de escena, podría adecentar aquel sitió sin ofender su sensibilidad, si es que tenía de eso.
            De madrugada oí el portazo que dio Salvador al marcharse, estaba tan cansada que no levante ni una pestaña.  A la mañana siguiente, a la luz del día, pude ver hasta que punto llegaba la suciedad de aquel lugar.
            Todo era peor de lo que esperaba, no había nada de comer y ningún producto para limpiar. Tenía que desinfectar todo aquello, el color  de la ropa era de un gris oscuro, sospechaba que en su origen eran blancas. Mi querido  primo solo me había dejado las llaves del piso en el mueble de la entrada y un papel arrugado con la dirección del trabajo que me había buscado.
            No tenía ni idea de donde ir para comprar todo lo necesario, solo contaba con las libras que había cambiado antes de venir, ¡Ups!  ¿Cómo iba el cambio?
            Tuve un golpe de suerte, cerca de casa había una tienda pequeña, una especie  de tienda de barrio de toda la vida. El dueño era un hueso, pero pronto apareció un chico menudo, lleno de granos, hizo lo posible por entenderme. Me conforme con lo necesario para hacer la colada, algo para limpiar el suelo, la cocina y el baño, el mismo producto me tenía que servir para todo.
            La comida fue toda una odisea, me conforme con un gran paquete de pan de molde y algo de fiambre. Mi compra me costó una fortuna, me sentí estafada, tenía que enterarme de donde estaba el centro comercial.
            La limpieza del piso me llevo todo el día, a las diez de la noche caí exhausta en el sofá aún húmedo. No quería ser tan tiquismiquis, pero no podía vivir con tanta suciedad a mí alrededor. Puse la tele pero tuve que apagarla, no entendía nada de lo que decían, gracias a mi ordenador podría ver mi serie favorita y por supuesto saber algo de mi amado Marc.
            En pocos días iba a empezar a trabajar en un Starbucks, el dueño era muy “amigo” de mi primito, desde luego tenía que serlo para contratarme a mí que casi no sabía una palabra de Inglés. Con casa y trabajo mi aventura en Londres podía comenzar.
            Mi estreno fue bastante deslucido, estuvo toda una semana diluviando. Mis paseos de reconocimiento del lugar los hice como una rata mojada. Me matriculé en una escuela gratuita para aprender el idioma y conseguí una subvención para el transporte.
            El trabajo no fue un gran problema, servíamos cafés descafeinados y chocolates aguados. Mi compañera Sara resultó ser de lo mas simpática, me ayudaba mucho a aprender.
            Nuestra cafetería estaba bastante cerca del centro y en ocasiones no había tiempo de descansar. A mi todo me sabía a lo mismo, pero teníamos una gran selección de bebidas calientes, tuve memorizarlas y sobre todo aprender cómo sonaban en Inglés.
            Mi vida allí se hubiera vuelto de lo más rutinaria si no hubiese conocido a mi querido Charly, lo encontré como un gato abandonado en las escaleras de casa, tenía los ojos ojerosos y gimoteaba. Su aspecto era de lo mas chocante, fuera de lugar en aquella oscura escalera, estaba vestido a la última, con el pelo engominado brillante. Era como un modelo de pasarela, me agaché junto a él y le pasé un pañuelo de papel.
_ ¿Tu quien eres?_ su mirada era de lo más hostil.
_ ¿Eso no debería preguntártelo yo?_ me senté junto a él, las piernas me estaban matando_ Soy Irene y vivo ahí arriba.
_ ¿No querrás hacerme creer que de pronto ese mastodonte se ha vuelto hetero? – dejó de gimotear para mirarme del todo incrédulo.
_ Yo sólo soy su prima ¿Conoces a Salvi?
_ Ese gañán desagradecido, me ha dejado con un mensaje en el móvil_ me enseño el mensaje_ He venido porque no me lo podía creer.
            Le hice subir a casa para darle una taza de té, pero al final terminamos poniéndonos ciegos de whiskey, de eso el dueño del piso estaba bien surtido.
            Nos hicimos amigos al instante, sabía muy bien por desgracia como se sentía. Charly era el último novio oficial de mi primo, lo había abandonado cobardemente. Los hombres eran todos unos cerdos, menos mi Marc por supuesto.
            Hablamos una especie de mezcla de español e inglés, como lo hacen en Gibraltar. Nos contamos nuestras vidas y nuestros sueños. Desde ese día nos hicimos inseparables.
            Charly me enseñó cómo sobrevivir en la ciudad, las mejores tiendas y bares de copas. A cambió le revelé los secretos de la comida española, eso sí al estilo londinense, cocinaba con lo que podía encontrar.
            No se quedó tranquilo hasta conseguir un cambio de estilismo en mí. Me llevo a una peluquería para que transformaran completamente mi peinado, lo llevaba de un color indeterminado. Lo cortaron, me lo pusieron hacia la cara y de un rubio muy favorecedor, hacía resaltar mis ojos grises.
            Por la moda no me preocupe mucho, allí podías ir como quisieras, aunque claro yo tenía que ir como le gustara a Charly. Gracias  a él conseguí un poco de estilo, antes de salir me pasaba revista. Ahora hasta me sentía guapa, él no paraba de decírmelo a todas horas, me gustaba creérmelo un poco.
            Charly siempre iba igual que un maniquí, trabajaba en un importante bufete de abogados. Un trabajo muy gris para él, pero le cubría sus facturas y gastos. Tenía suerte, Charly me había tomado bajo sus alas y me financiaba a mí. Así podía vivir a tope la vida nocturna de la ciudad que era mucha y variada.
            Al cabo de un año conseguí hablar un inglés bastante aceptable, aunque a veces me salía la vena española y soltaba alguna barbaridad. Pero mi apariencia no me hacía destacar, me mimetizaba a la perfección entre los ingleses. Desde  luego no era la típica española, morena y de ojos impresionantes. Tenía que jugar con lo que Dios me había dado, Charly me había ayudado a saber como sacarme partido. Gracias a él y a sus amigos era ahora totalmente desinhibida con los chicos.
            Mis expectativas sobre mi nueva vida se estaba cumpliendo, pero aún me faltaba el amor, lo buscaba en todos los hombres que iba conociendo mi ideal. Todos quedaban menguados cuando los compraba con Marc. ¿Pero qué me dirías si te dijese que lo imposible puede ocurrir?
            Esa noche igual que muchas otras fuimos de Pubs por Londres, estuvimos de fiesta casi toda la noche, estábamos bailando en un garito lleno de humo, el ruido de la música y las conservaciones eran ensordecedores, mi borrachera considerable. Creo que estaba haciendo un poco el payaso, bailando sin parar y gastando bromas a mi grupo.
            Charly estaba empezando a poner esa cara de “ya es suficiente”, sabía que tenía razón y pensaba despedirme de la forma más escandalosa posible, bailando sin dejar de girar.
            En uno de mis giros, fui a caer encima de un pobre incauto que estaba sentado con un grupo tan ruidoso como en nuestro. Quería levantarme pero no podía, la risa y la borrachera no hacían buenas migas. Pedía disculpas en español y en inglés entre carcajadas, hasta que me di cuente de el chico me estaba sujetando, le miré a la cara para llevarme la mayor sorpresa de mi vida. Marc Lewis me miraba igual de divertido. Fue un acto reflejo no lo pude evitar, el amor de mi vida a mi alcance. Le bese.
            Un beso urgente y avasallador, no quería darme cuenta de si estaba correspondida, solo quería sentir sus labios. Besar esa boca tan soñada por mí, probar su sabor.
            Volví a la realidad cuando sonaron las atronadoras voces de su grupo vitoreando mi acción, no me podía  avergonzar, lo había conseguido, conocerle, besarle, un rayo podía caer del cielo en ese momento.
            El me miró sorprendido y divertido, ante la algarabía que se había organizado, sólo era consciente de sus ojos se clavaron en mi con una pasión cegadora, me devolvió el beso con más intensidad que el mío, esta vez pude saborear su boca libremente, pero sólo puede tocar  el cielo unos momentos, Charly me arrancó de sus brazos, sólo pude decir -¡Adiós!- y encima en español. No se puede ser mas tonta, quise  volver pero mis amigos me lo impidieron.
            Cuántas veces había soñado con un encuentro y cuando sucede estoy borracha, al menos le había besado, aunque para ser más patética no me acordaba muy bien. En mi aberrante pensamiento comenzó a formarse la idea de que no fuera Marc, quizás me había confundido de persona, y si sólo se trataba de un chico que se le parecía, pero ¡madre mía que chico! Aun sentía su calor en mis labios.







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