lunes, 18 de junio de 2012

Un beso en Londres Capitulo 3


CAPITULO 3


         Hacía frío y me  acurruqué más en el sillón, me desperté de un salto ¿Dónde estaba Marc?, mi saloncito estaba vacío, iluminado por el sol, en aquel país no se estilaban las cortinas. Estaba sola.
         Quizás todo había sido un sueño, pero mi ropa olía a él, mi cuerpo aún recordaba su tacto y mi cara estaba un  poco irritada por su barba.
Sí, había estado allí, pero había abandonado a su loca fan.
En la mesita  había dejado un papel, con un mensaje, la letra era peor que la mía. Lo intente traducir, pero al final tuve que echar mano de mi diccionario.
         Tengo una entrevista a primera hora, me encantó ese pan con canela, llámame luego.
                                      Un beso.

         Me había dejado su teléfono, busque aterrorizada mi móvil, las manos me temblaban, conseguí marcar su número y memorizarlo. Le di a “llamada” pero lo colgué enseguida. No podía molestarle en su trabajo, pero sí podía mandarle un  mensaje con mi nombre, para que me llamara cuando quisiera.
         La piel se me puso de gallina al recordar todo lo vivido la noche anterior. Después de habernos relajado viendo un poco la  tele, Marc sin previo aviso me inmovilizo en el sofá. Me miró como un halcón a su presa, mientras volvía a quitarse la camisa lentamente, como dándome tiempo a rechazarlo. Muy serio y controlado comenzó  a bajarme la cremallera,  la luz mortecina de la lámpara, sacaba destellos rojizos de su pelo. Me sonroje cuando me di cuenta que no me había vuelto a poner el sujetador.
-¡Guau! Necesitaba volver a verlas- estaba encandilado con esa parte de mi anatomía.
         Su cara  desapareció entre ellas, se quedo inmóvil y relajado, mis manos acariciaron su pelo, sentí que todo encajaba en su lugar. El amor que me estaba embargando en ese momento, se me hacía insoportable.  De un movimiento rápido, caímos al suelo esta vez yo encima de él.
-Estas sobre mi, ¿no me das un beso?- su voz era muy sensual.
         Tome su cara entre mis manos, tome aire, tenía que darle un beso que no olvidase en la vida. Besos tiernos y salvajes. El lugar se nos había quedado pequeño, se levanto conmigo sobre él, aferrada a su cintura, terminamos retozando de nuevo en el punto de partida.
         Aún me sonrojaba recordar todo lo vivido, todo esto era muy nuevo para mí. Si el no fuese un chico súper famoso, lo que había ocurrido sería el comienzo de una relación pasional, híper romántica. Pero no sabía como funcionaba con él las cosas, debería conformarme con lo que había vivido, que  ya era bastante.
          Quise llamar también a Charly, pero quién me iba a creer, esto era mi secreto, no quería despertar de mi sueño. Ninguna opinión que me lo estropease, no quería dejar de sentirme así, tan feliz.
         Pensé seriamente en no ducharme, para no perder su olor. Pero la vida sigue y alguien tiene que servir los cafés. Decidí hacer mi vida normal, como siempre.
         Mi té, mis tostadas con mucha mermelada…pero esa mañana algo había cambiado, no tuve fuerzas para abrir el portátil.  Nada de verle a través de una pantalla, ahora tenía mis propios recuerdos, ahora sabía que tacto tenía su piel, el olor que desprendía y la experiencia de ser amada por Marc Lewis.
         Charly me esperaba en el parque, para dar nuestro paseo quema-toxinas, durante el que me contaba sus peripecias en el trabajo y  en lo guapo que era su nuevo novio. Luego comíamos tortilla de patatas, todos los días le tenía que hacer una. Todo un ritual, casi me hace pensar en otra cosa.
         En el trabajo no me fue mejor. Sara no paraba de preguntar y tuve que mentir, le dije que él no había venido a recogerme. Ella me miró suspicaz durante toda la tarde, quizás me delataban mis constantes miradas al móvil. Pero éste no sonó.
         Mi alma al suelo, al comprobar que tampoco estaba el coche en la esquina. Mi vuelta en metro se volvió insoportable, no pude concentrarme en leer, nunca podía permanecer en un sitio estática sin hacer nada, pero me encontraba como sonámbula.
         Abrí el portal, pero mi pobre corazón antes frío como el hielo, chisporroteó al ver a Marc en el último escalón junto a la puerta esperándome.

-Espero que te paguen lo suficiente, ¡Vaya horas!- Me apoyé en la pared mirándole embelesada.
         Cuando por fin pude apartar la mirada de sus ojos, me di cuenta de que estaba vestido de etiqueta.
-¡Que guapo estás!- De repente me sentí como una rata vestida con mis harapos.
-Esto… – Se miró y bufó despectivo- Es solo la ropa del trabajo, tengo que ir a una fiesta- Un nudo se formo en mi garganta, se iba a marchar.
-Estupendo…- no pude terminar la frase.
-Esto…Irene… ¿Quieres venir conmigo?- Creí ver una luz de esperanza en sus ojos.
         Me miré de arriba abajo, no estaba preparada, pero estaba feliz porque me lo hubiese pedido.  Ante mis ojos pude ver claramente la portada de una revista del corazón, con todos sus colores brillantes.
Flash
Marc Lewis se compadece de una bendiga
(Marc perfecto con su traje de diseño y a su lado una mendiga harapienta mirándole embelesada, por supuesto esa chica soy yo)

-Gracias, pero no creo que sea lo adecuado - Bajó las escaleras para tomar mi mano.
-¿Por qué no?- creo que esto no se lo esperaba.
-Soy una chica normal, de hecho demasiado. Creo que no quedaría muy bien en las fotos. Se la fama que tienes y no tardaría ni dos segundos en aparecer en todas las revistas. No quiero ser carnaza de cotilleo, la verdad es que me aterroriza.
-Mis hermanas también van a venir, puedes ir con ellas.
         Estar a merced de las cámaras y de las revistas del corazón, donde lo revisaban todo. Un escalofrío de terror me recorrió de arriba a bajo.
-Creo que no es buena idea, ve tú y diviértete- ¡Mentira podrida! no quería dejarlo marchar ¿y si lo encerraba en casa?, allí podía arrancarle el traje a mordiscos.
         No le miraba a la cara y no lo vi venir, un beso desesperado en la boca. Entre susurros un sutil-ven conmigo- como poder resistir.
-¿Cuándo es la fiesta?
-¡Vendrás!- no entendía tanto entusiasmo, la que tenía que estar como loca era yo.
         Asentí con la cabeza, en mi mente estaba revisando mi vestuario. ¡Qué fastidio, no estaba depilada! Así que unos pantalones y una blusa preciosa que había encontrado la semana pasada, tenían que servir.
-Dentro de una hora Dani vendrá a por ti- Me cogió las dos manos y me miro seriamente a los ojos- No faltes, por favor.
         Desapareció escaleras abajo, con él se llevo mi confianza. ¡Era una locura!  Atiné a duras penas a abrir la puerta, me quité la ropa desesperada, la ducha bien caliente, me lavé el cabello unas tres veces, mucha crema reparadora.
         Tuve que darle un planchado rápido a la ropa. El pánico se apoderó de mí cuando me di cuenta de que no tenía unas medias adecuadas, pillé un par desparejado, esperaba que no se notara.
Flash
¡ Arrg, medias de cada color¡
(Foto detallada de mi metedura de  pata )

         Descartados los tacones, nunca había podido andar con ellos, así que saqué brillo a mis socorridos zapatos planos. Charly tenía que estar ahí ayudándome, pero aún no estaba preparada para contar lo que me estaba pasando.
         No me dio tiempo a pensármelo ya llamaban al timbre. La suerte estaba echada. En mi monedero minúsculo para las ocasiones, metí dinero por si tenía que volver en un taxi, no creía que me dejasen entrar.
         El abrigo fue un problema, pero no pude evitarlo aún no estaba acostumbrada a ese frío, me gustaría ser como las chicas de por aquí, no llevan casi nada puesto con una temperatura de un grado bajo cero, se las ve tan felices.
         Me envolví en mi plumas negro, me costó la vida encontrarlo donde yo vivía, allí no hay este frío que se te mete en los huesos. Una última mirada en el pequeño espejo de la entrada, no estaba mal.
         Dani me esperaba en la puerta con un enorme coche negro, dentro estaban las dos hermanas de Marc. Parecían simpáticas, me saludaron con la mano y me invitaron a subir.
         Rubí y Shila unas simpáticas chicas del sur de Londres, estaban nerviosas como yo por la fiesta. No podía dejar de apreciar el parecido que tenían con Marc, los mismos ojos. Estaban muy delgadas y llevaban unos vestidos deslumbrantes llenos de cristales brillantes de distintos colores. Todo un espectáculo. No parecía importarles que su hermano invitase a una desconocida, eran de lo más agradables.
         Llegamos al local demasiado pronto para mí, me indicaron que dejara el abrigo en el coche. No estaba preparada para esto, una nube de fotógrafos estaban en las puertas, esperando a los invitados.
         Me colocaron entre las dos, parecía una familiar tenía casi la misma estatura que ellas y un tono de rubio similar. Me tranquilizó ver cómo los fotógrafos nos ignoraban, una foto de vez en cuando y pasamos al interior.
         Debía de ser toda una inculta, no reconocía a nadie de la fiesta, quizá alguno de vista. No desentonaba nada con las hermanas, ellas estaban tan alucinadas como yo, según nos adentrábamos, me señalaban a tal persona de tal serie, película o personaje famoso.
         Pero todo ello no las desvió de su objetivo la pista de baile, eran unas fiesteras. ¿Dónde estaba Marc? Debía de estar dando alguna entrevista por alguna parte.
         La música de Rihana comenzó a sonar, nos pusimos a bailar entre la flor y nata de los personajes de Londres. No eran muy diferentes de nosotros los normales, ya no tenía tanto miedo y comencé a relajarme un poco.
         Cuando sentí su cuerpo tras de mí, comenzamos a bailar muy juntos, podía oler su colonia y sentir su calor. No podíamos bailar muy pegados, podían vernos, sus hermanas nos cubrían, era muy divertido. Pronto se lo volvieron a llevar par conocer a no sé quién.
         Me quedé sorprendida del montón de personas que querían conocernos, por ser familia de Marc. Paseamos por todo el local, yo no hablé mucho, no encajarían bien mi falta total de acento y la verdad entre la música y las conversaciones, no entendía nada. Así que una sonrisa tonta y adelante.
         Bailamos con los chicos más guapos de la fiesta, nos lo estábamos pasando genial. Creo que eran modelos, de vez en cuando veía a Marc pasar, hablando con los invitados. Me di cuenta de que estaba muy cansado, se tocaba demasiado el pelo y su sonrisa no llegaba a sus ojos. Esto era su trabajo, no sabía  por qué me había traído a mí. Yo no pintaba nada allí.
         Otra vez mis malditos impulsos, lo hice antes siquiera de haberlo pensado, lo tomé del brazo y me lo llevé al centro de la pista.  Era un buen actor, pero no muy buen bailarín. Lo pasamos de miedo, aunque cometimos el error en un momento dado de bailar abrazados, creo que se notaba demasiado que estábamos liados. Pero Rubí nos echó una mano, nos separó disimuladamente, devolviéndonos a la dura realidad. Una mirada de disculpas, el deseo de mi cuerpo bajo  control, creo que él no lo tenía muy claro, bailaba demasiado rígido.
         Rubí nos llevó afuera a tomar el aire, sacaron los cigarrillos, no nos pudimos acercar uno  a otro porque estaban los fotógrafos haciendo fotos. Mis nervios estaban a flor de piel,  intentó acercarse y yo me retiré asustada. Comprendí que no podía vivir con aquella presión. Yo solo era el rollo de Marc, carne de una sola portada. Me aterrorizaba pensar que en cualquier momento, se pudiera descubrir, para ser odiada por miles y miles de fans del todo el mundo.
-¡Ey, Ire!- Me había quedado ensimismada, absorta en mis pensamientos, Marc movía sus manos delante de mi cara-¿Esto no funciona, verdad?
         Realmente estaba apenado ¿Qué me había perdido? Le miré confusa, ¿Qué quería decir?
-Pensé que sería divertido, pero esto es insufrible. No puedo acercarme a ti.
-Sí, tienes razón. Creo que me marcho a casa. Estoy cansada-Rubí me rodeaba los hombros, para que la prensa no supiese con quien estaba hablando.
-Sí, quizás sea lo mejor- vi en sus ojos la desilusión-Mañana me marcho al rodaje de mi nueva película, no podré volver en dos meses- otra vez esa timidez tan extrema que me encantaba-¿Me llamaras?
-Por supuesto, nos llamamos.
          Dani apareció de la nada, Rubí me acompaño para cubrir las apariencias.
         Fui muy valiente hasta llegar a casa, pero en la misma entrada me derrumbé. ¡Un maldito desastre! Mi vida era un maldito desastre, pero no cometería los mismos errores otra vez.
         Me había marchado de mi casa, de mi país y dejé a mi familia por culpa del desamor. Un amor que devastó mi vida, dejándome sola y desesperada.
         Y ahora mi cuerpo se convulsionaba lastimeramente por la pérdida de un sueño, alguien que nunca podía ser mío. Tenía que recomponerme, yo era una camarera que vivía de prestado y que siempre sacaba ánimos de donde fuera.
          Él se marchaba a hacer su trabajo y yo seguiría con el mío, costase lo que costase. Solo había estado con él dos días y no sabía si era sincero o una manera de dejarme tirada, nadie lo haría otra vez, ni siquiera el hombre más deseado del mundo.



1 comentario:

  1. Irene solo pedía una nueva oportunidad y su deseo le fue concedido cuando....
    Chicas y chicos hay que leer el capitulo 4 ;)

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