CAPITULO
3
Hacía frío y me
acurruqué más en el sillón, me desperté de un salto ¿Dónde
estaba Marc?, mi saloncito estaba vacío, iluminado por el sol, en
aquel país no se estilaban las cortinas. Estaba sola.
Quizás todo había sido
un sueño, pero mi ropa olía a él, mi cuerpo aún recordaba su
tacto y mi cara estaba un poco irritada por su barba.
Sí,
había estado allí, pero había abandonado a su loca fan.
En
la mesita había dejado un papel, con un mensaje, la letra era
peor que la mía. Lo intente traducir, pero al final tuve que echar
mano de mi diccionario.
Tengo
una entrevista a primera hora, me encantó ese pan con canela,
llámame luego.
Un beso.
Me había dejado su
teléfono, busque aterrorizada mi móvil, las manos me temblaban,
conseguí marcar su número y memorizarlo. Le di a “llamada” pero
lo colgué enseguida. No podía molestarle en su trabajo, pero sí
podía mandarle un mensaje con mi nombre, para que me llamara
cuando quisiera.
La piel se me puso de
gallina al recordar todo lo vivido la noche anterior. Después de
habernos relajado viendo un poco la tele, Marc sin previo aviso
me inmovilizo en el sofá. Me miró como un halcón a su presa,
mientras volvía a quitarse la camisa lentamente, como dándome
tiempo a rechazarlo. Muy serio y controlado comenzó a bajarme
la cremallera, la luz mortecina de la lámpara, sacaba
destellos rojizos de su pelo. Me sonroje cuando me di cuenta que no
me había vuelto a poner el sujetador.
-¡Guau!
Necesitaba volver a verlas- estaba encandilado con esa parte de mi
anatomía.
Su cara desapareció
entre ellas, se quedo inmóvil y relajado, mis manos acariciaron su
pelo, sentí que todo encajaba en su lugar. El amor que me estaba
embargando en ese momento, se me hacía insoportable. De un
movimiento rápido, caímos al suelo esta vez yo encima de él.
-Estas
sobre mi, ¿no me das un beso?- su voz era muy sensual.
Tome su cara entre mis
manos, tome aire, tenía que darle un beso que no olvidase en la
vida. Besos tiernos y salvajes. El lugar se nos había quedado
pequeño, se levanto conmigo sobre él, aferrada a su cintura,
terminamos retozando de nuevo en el punto de partida.
Aún me sonrojaba
recordar todo lo vivido, todo esto era muy nuevo para mí. Si el no
fuese un chico súper famoso, lo que había ocurrido sería el
comienzo de una relación pasional, híper romántica. Pero no sabía
como funcionaba con él las cosas, debería conformarme con lo que
había vivido, que ya era bastante.
Quise llamar
también a Charly, pero quién me iba a creer, esto era mi secreto,
no quería despertar de mi sueño. Ninguna opinión que me lo
estropease, no quería dejar de sentirme así, tan feliz.
Pensé seriamente en no
ducharme, para no perder su olor. Pero la vida sigue y alguien tiene
que servir los cafés. Decidí hacer mi vida normal, como siempre.
Mi té, mis tostadas con
mucha mermelada…pero esa mañana algo había cambiado, no tuve
fuerzas para abrir el portátil. Nada de verle a través de una
pantalla, ahora tenía mis propios recuerdos, ahora sabía que tacto
tenía su piel, el olor que desprendía y la experiencia de ser amada
por Marc Lewis.
Charly me esperaba en el
parque, para dar nuestro paseo quema-toxinas, durante el que me
contaba sus peripecias en el trabajo y en lo guapo que era su
nuevo novio. Luego comíamos tortilla de patatas, todos los días le
tenía que hacer una. Todo un ritual, casi me hace pensar en otra
cosa.
En el trabajo no me fue
mejor. Sara no paraba de preguntar y tuve que mentir, le dije que él
no había venido a recogerme. Ella me miró suspicaz durante toda la
tarde, quizás me delataban mis constantes miradas al móvil. Pero
éste no sonó.
Mi alma al suelo, al
comprobar que tampoco estaba el coche en la esquina. Mi vuelta en
metro se volvió insoportable, no pude concentrarme en leer, nunca
podía permanecer en un sitio estática sin hacer nada, pero me
encontraba como sonámbula.
Abrí el portal, pero mi
pobre corazón antes frío como el hielo, chisporroteó al ver a Marc
en el último escalón junto a la puerta esperándome.
-Espero
que te paguen lo suficiente, ¡Vaya horas!- Me apoyé en la pared
mirándole embelesada.
Cuando por fin pude
apartar la mirada de sus ojos, me di cuenta de que estaba vestido de
etiqueta.
-¡Que
guapo estás!- De repente me sentí como una rata vestida con mis
harapos.
-Esto…
– Se miró y bufó despectivo- Es solo la ropa del trabajo, tengo
que ir a una fiesta- Un nudo se formo en mi garganta, se iba a
marchar.
-Estupendo…-
no pude terminar la frase.
-Esto…Irene…
¿Quieres venir conmigo?- Creí ver una luz de esperanza en sus ojos.
Me miré de arriba abajo,
no estaba preparada, pero estaba feliz porque me lo hubiese pedido.
Ante mis ojos pude ver claramente la portada de una revista del
corazón, con todos sus colores brillantes.
Flash
Marc
Lewis se compadece de una bendiga
(Marc
perfecto con su traje de diseño y a su lado una mendiga harapienta
mirándole embelesada, por supuesto esa chica soy yo)
-Gracias,
pero no creo que sea lo adecuado - Bajó las escaleras para tomar mi
mano.
-¿Por
qué no?- creo que esto no se lo esperaba.
-Soy
una chica normal, de hecho demasiado. Creo que no quedaría muy bien
en las fotos. Se la fama que tienes y no tardaría ni dos segundos en
aparecer en todas las revistas. No quiero ser carnaza de cotilleo, la
verdad es que me aterroriza.
-Mis
hermanas también van a venir, puedes ir con ellas.
Estar a merced de las
cámaras y de las revistas del corazón, donde lo revisaban todo. Un
escalofrío de terror me recorrió de arriba a bajo.
-Creo
que no es buena idea, ve tú y diviértete- ¡Mentira podrida! no
quería dejarlo marchar ¿y si lo encerraba en casa?, allí podía
arrancarle el traje a mordiscos.
No le miraba a la cara y
no lo vi venir, un beso desesperado en la boca. Entre susurros un
sutil-ven conmigo- como poder resistir.
-¿Cuándo
es la fiesta?
-¡Vendrás!-
no entendía tanto entusiasmo, la que tenía que estar como loca era
yo.
Asentí con la cabeza, en
mi mente estaba revisando mi vestuario. ¡Qué fastidio, no estaba
depilada! Así que unos pantalones y una blusa preciosa que había
encontrado la semana pasada, tenían que servir.
-Dentro
de una hora Dani vendrá a por ti- Me cogió las dos manos y me miro
seriamente a los ojos- No faltes, por favor.
Desapareció escaleras
abajo, con él se llevo mi confianza. ¡Era una locura! Atiné
a duras penas a abrir la puerta, me quité la ropa desesperada, la
ducha bien caliente, me lavé el cabello unas tres veces, mucha crema
reparadora.
Tuve que darle un
planchado rápido a la ropa. El pánico se apoderó de mí cuando me
di cuenta de que no tenía unas medias adecuadas, pillé un par
desparejado, esperaba que no se notara.
Flash
¡
Arrg, medias de cada color¡
(Foto
detallada de mi metedura de pata )
Descartados los tacones,
nunca había podido andar con ellos, así que saqué brillo a mis
socorridos zapatos planos. Charly tenía que estar ahí ayudándome,
pero aún no estaba preparada para contar lo que me estaba pasando.
No me dio tiempo a
pensármelo ya llamaban al timbre. La suerte estaba echada. En mi
monedero minúsculo para las ocasiones, metí dinero por si tenía
que volver en un taxi, no creía que me dejasen entrar.
El abrigo fue un
problema, pero no pude evitarlo aún no estaba acostumbrada a ese
frío, me gustaría ser como las chicas de por aquí, no llevan casi
nada puesto con una temperatura de un grado bajo cero, se las ve tan
felices.
Me envolví en mi plumas
negro, me costó la vida encontrarlo donde yo vivía, allí no hay
este frío que se te mete en los huesos. Una última mirada en el
pequeño espejo de la entrada, no estaba mal.
Dani me esperaba en la
puerta con un enorme coche negro, dentro estaban las dos hermanas de
Marc. Parecían simpáticas, me saludaron con la mano y me invitaron
a subir.
Rubí y Shila unas
simpáticas chicas del sur de Londres, estaban nerviosas como yo por
la fiesta. No podía dejar de apreciar el parecido que tenían con
Marc, los mismos ojos. Estaban muy delgadas y llevaban unos vestidos
deslumbrantes llenos de cristales brillantes de distintos colores.
Todo un espectáculo. No parecía importarles que su hermano invitase
a una desconocida, eran de lo más agradables.
Llegamos al local
demasiado pronto para mí, me indicaron que dejara el abrigo en el
coche. No estaba preparada para esto, una nube de fotógrafos estaban
en las puertas, esperando a los invitados.
Me colocaron entre las
dos, parecía una familiar tenía casi la misma estatura que ellas y
un tono de rubio similar. Me tranquilizó ver cómo los fotógrafos
nos ignoraban, una foto de vez en cuando y pasamos al interior.
Debía de ser toda una
inculta, no reconocía a nadie de la fiesta, quizá alguno de vista.
No desentonaba nada con las hermanas, ellas estaban tan alucinadas
como yo, según nos adentrábamos, me señalaban a tal persona de tal
serie, película o personaje famoso.
Pero todo ello no las
desvió de su objetivo la pista de baile, eran unas fiesteras. ¿Dónde
estaba Marc? Debía de estar dando alguna entrevista por alguna
parte.
La música de Rihana
comenzó a sonar, nos pusimos a bailar entre la flor y nata de los
personajes de Londres. No eran muy diferentes de nosotros los
normales, ya no tenía tanto miedo y comencé a relajarme un poco.
Cuando sentí su cuerpo
tras de mí, comenzamos a bailar muy juntos, podía oler su colonia y
sentir su calor. No podíamos bailar muy pegados, podían vernos, sus
hermanas nos cubrían, era muy divertido. Pronto se lo volvieron a
llevar par conocer a no sé quién.
Me quedé sorprendida del
montón de personas que querían conocernos, por ser familia de Marc.
Paseamos por todo el local, yo no hablé mucho, no encajarían bien
mi falta total de acento y la verdad entre la música y las
conversaciones, no entendía nada. Así que una sonrisa tonta y
adelante.
Bailamos con los chicos
más guapos de la fiesta, nos lo estábamos pasando genial. Creo que
eran modelos, de vez en cuando veía a Marc pasar, hablando con los
invitados. Me di cuenta de que estaba muy cansado, se tocaba
demasiado el pelo y su sonrisa no llegaba a sus ojos. Esto era su
trabajo, no sabía por qué me había traído a mí. Yo no
pintaba nada allí.
Otra vez mis malditos
impulsos, lo hice antes siquiera de haberlo pensado, lo tomé del
brazo y me lo llevé al centro de la pista. Era un buen actor,
pero no muy buen bailarín. Lo pasamos de miedo, aunque cometimos el
error en un momento dado de bailar abrazados, creo que se notaba
demasiado que estábamos liados. Pero Rubí nos echó una mano, nos
separó disimuladamente, devolviéndonos a la dura realidad. Una
mirada de disculpas, el deseo de mi cuerpo bajo control, creo
que él no lo tenía muy claro, bailaba demasiado rígido.
Rubí nos llevó afuera a
tomar el aire, sacaron los cigarrillos, no nos pudimos acercar uno
a otro porque estaban los fotógrafos haciendo fotos. Mis nervios
estaban a flor de piel, intentó acercarse y yo me retiré
asustada. Comprendí que no podía vivir con aquella presión. Yo
solo era el rollo de Marc, carne de una sola portada. Me aterrorizaba
pensar que en cualquier momento, se pudiera descubrir, para ser
odiada por miles y miles de fans del todo el mundo.
-¡Ey,
Ire!- Me había quedado ensimismada, absorta en mis pensamientos,
Marc movía sus manos delante de mi cara-¿Esto no funciona, verdad?
Realmente estaba apenado
¿Qué me había perdido? Le miré confusa, ¿Qué quería decir?
-Pensé
que sería divertido, pero esto es insufrible. No puedo acercarme a
ti.
-Sí,
tienes razón. Creo que me marcho a casa. Estoy cansada-Rubí me
rodeaba los hombros, para que la prensa no supiese con quien estaba
hablando.
-Sí,
quizás sea lo mejor- vi en sus ojos la desilusión-Mañana me marcho
al rodaje de mi nueva película, no podré volver en dos meses- otra
vez esa timidez tan extrema que me encantaba-¿Me llamaras?
-Por
supuesto, nos llamamos.
Dani apareció de la
nada, Rubí me acompaño para cubrir las apariencias.
Fui muy valiente hasta
llegar a casa, pero en la misma entrada me derrumbé. ¡Un maldito
desastre! Mi vida era un maldito desastre, pero no cometería los
mismos errores otra vez.
Me había marchado de mi
casa, de mi país y dejé a mi familia por culpa del desamor. Un amor
que devastó mi vida, dejándome sola y desesperada.
Y ahora mi cuerpo se
convulsionaba lastimeramente por la pérdida de un sueño, alguien
que nunca podía ser mío. Tenía que recomponerme, yo era una
camarera que vivía de prestado y que siempre sacaba ánimos de donde
fuera.
Él se marchaba a
hacer su trabajo y yo seguiría con el mío, costase lo que costase.
Solo había estado con él dos días y no sabía si era sincero o una
manera de dejarme tirada, nadie lo haría otra vez, ni siquiera el
hombre más deseado del mundo.
Irene solo pedía una nueva oportunidad y su deseo le fue concedido cuando....
ResponderEliminarChicas y chicos hay que leer el capitulo 4 ;)