martes, 7 de agosto de 2012

Un beso en Londres Capitulo 11




                      Capitulo 11

         Abrí como pude la puerta, no me atrevía a entrar. Marc no me miraba, estaba muy enfadado sentado en el sofá. Deje la bandeja sobre la mesita, me sentí como una niña esperando su castigo.
-¿Qué se supone que estas haciendo?
-¿trabajar?
-¿Por qué?- se levanto y logro amedrentarme un poco.
-Si piensas que voy a estar aquí encerrada, esperando que a ti se te ocurra aparecer- le clave un dedo en el pecho- estas muy equivocado.
-Bien si es eso lo que quieres- me tomo de la mano y me arrastro con el hacia la puerta de la caravana- ya tenía ganas de terminar con esta farsa.
         Me puse histérica,  intentaba  con todas mis fuerzas liberarme. Pero era imposible, cuando abrió la puerta de golpe, el aire escapo de mis pulmones.
-Marc, por favor- suplique.
-Toma tu lugar junto a mí, así no tendrás que esconderte.
         Saber que él realmente deseaba tenerme a su lado, me toco la fibra sensible.  Le atrape en el umbral de la puerta, me fundí con su cuerpo. Le echaba muchísimo de menos.
-Marc…-metí mis manos bajo su camiseta.
         Sus ojos me miraron llameantes, cerro la puerta tras de sí. Nos caímos en la estrecha entrada de la caravana. Me encantaba cuando reaccionaba de aquella manera, era tan impulsivo como yo.
-Creo que huelo a fritanga, lo siento- estar todo el día en la cocina traía sus consecuencias.
-hummm..., me he quedado con un poco de hambre- paso su lengua por mi cuello.
         Todo el bello se me erizo,  llevaba dos días sin tocarle. Mis instintos animales, volvieron a aflorar. Mordí y bese todo lo que se puso  a mi alcance. El calor me quemaba, un sudor suave cubría nuestros cuerpos. Lo de contener mi deseo no lo llevaba muy bien, siempre que estaba cerca sentía un vació, solo abrazándole y sintiendo su piel me completaba.
         Nada era comparable a la dicha de sentir que el me correspondía en cada beso y caricia. Me gustaba pensar que sentía el mismo deseo que yo, aunque un pellizquito en el corazón, me recordaba quien era yo realmente.
         Sabía que era imposible que me amara, pero en estos momentos era mío por entero. Lo apretaba a veces con demasiada fuerza, él se quejaba, intentaba reprimirme, retiraba mis manos y el volvía a ponerlas en su lugar. Creo que en realidad eso le gustaba.
         Tenía la piel tan delicada, su piel era muy pálida, aunque yo era rubia mi piel era de un color dorado. El era como los guiris que venían a mi pueblo, en un par de horas estaban rojos como salmonetes. Me lo imagine en la playa conmigo, sabía que por mucha crema que usase se pondría rojo.
-¿Marc por qué no vamos a la playa?-se me escapó.
-¿Ahora?-creo que se desconcentro un poco.
         Imaginármelo conmigo en el mar era toda una delicia, la brisa caliente. Mi mano se poso en su trasero.
-Solo era una idea…
-Iremos donde tu quieras-me lo prometió con pasión-¿Haití?- no dejaba de besar mi cuello.
-¿cabo de Gata?-dude al preguntar, no era un destino con mucho glamour.
         Dejo de besarme para mirarme sorprendido, paso su mano por el pelo. Cuando se sonrió un suspiro escapo de mis labios.
-¿Allí es donde esta tu familia?- parecía encantado.
-Si… ¿vendrías?- tenía miedo de su respuesta.
­-Estaba deseando que me lo pidieras- me lo dijo muy bajito en el oído.
         Atrape su leonina cabeza, para darle el beso mas caliente que le hubiesen dado jamás.
         Tenía que volver al trabajo, seguíamos tendidos en el suelo. Marc jugueteaba con mi pelo y yo con el pelo ralo de su pecho,  su corazón latía  con fuerza. Era estupendo poder estar así.
-Tengo que volver al trabajo- intente levantarme pero me lo impidió.
-Yo te daré todo lo que necesites- su mirada me hipnotizaba.
-Pero yo necesito trabajar-le pare antes de que me interrumpiera- así podremos vernos fuera de estas paredes.
-¿Creí que ya habíamos arreglado ese punto?
-Seguimos como antes, aun es muy pronto-volvió la cara.
-¿y lo de conocer a tu familia?-era tan encantador.
-Eso sigue en pie- bese su hombro- en cuanto termines con todo esto.
         Se volvió y me abrazo envolviéndome entre sus brazos. Un suspiro me indico que algo no iba bien. Me quede paralizada, algo le estaba preocupando y sabía que a mi no me iba a gustar.
-Después del rodaje, estaré aún mas tiempo fuera- me acariciaba el pelo- de echo dentro de unos días me voy ha hacer una gira, por los canales de televisión. Esto va para largo- tomo aire- creo que por eso deberías dejar el trabajo.
-¿volverás?
-Si claro, aun no hemos terminado aquí.
         Sabía que él quería que lo acompañara, pero no me veía de aquí para allá. Sopese la situación, no me apetecía ser un lastre, seguiría escondida en los hoteles. Lo echaría mucho de menos, pero no me gustaba entrometerme en su trabajo.
-Te esperare-estaba decidida.
-¿Dónde?-se envaró.
-Pues aquí – me subí a horcajadas sobre él- estaré aquí cuando vuelvas.
-¿Por qué, quieres hacer eso?
-No quiero estar escondida, es tu trabajo y lo comprendo-puse mi pecho sobre el suyo- te echare mucho de menos.
-¿Cómo puedes decirme eso y estar pegada a mi como una segunda piel?-acariciaba mi espalda nervioso.
-Te echare de menos, pero te esperare aquí trabajando.
-Esto no me gusta- le interrumpió una llamada en la puerta-hablaremos luego.
         Mil besos después me dejo para irse a trabajar, era muy pesada con los mimos, pero eso a Marc no parecía importarle.
         Volví apesadumbrada al trabajo, ya no me apetecía tanto la independencia. Ya estaba echándole de menos y aun quedaban unos días para su marcha.
         Aún estaba en la cocina ayudando en la limpieza, cuando Jairo se acerco para darme un sobre con mi primer sueldo. Recuperé un poco de confianza en mi decisión, pero no me duro mucho el rodaje al día siguiente comenzaría a las seis de la mañana. No iba a dormir demasiado, el sueldo no pareció tan bueno después de hacer un cálculo mental de las horas, me sentí un poco estafada. Nota mental no decirle nada a Marc.
-¿Irene, a que hora terminas?-Me sobresalte al oír el vozarrón de Dani.
-Me queda un ratito.
-Estaré por aquí-se sentó en el comedor observándome.
         Esto era muy raro, Dani solía traerme y llevarme. Pero durante el día no le veía para nada, al rodaje aún le quedaba un buen rato. No pude evitar acercarme a preguntar.
-¿Qué pasa Dani?-me senté junto a él.
-¿Ya has terminado?
-¿Y tú?
-Si ya has terminado, yo también-esto era muy raro.
-¿Y Marc?
-Yo ya no trabajo para él-Me levanté de un salto, pensaba ir a decirle un par de cosas a Marc sobre las jugarretas a los amigos.
-¡Espera!-Se acerco a mí- Ahora trabajo para ti.
         Me quede paralizada, esto desde luego no me lo esperaba. Una camarera con guardaespaldas. Comencé a reírme histérica, me pareció la cosa más ridícula del mundo.
-¿No quieres que trabaje para ti?-Dani parecía ofendido.
-Creo que eres el mejor- le palmee el hombro-¿Quién te ha tomado el pelo?
-Marc me ha dicho que te quedas, me ha contratado para ti.
         Lo decía en serió, no sabía si sentirme ofendida o agradecida. Estaba claro que él se preocupaba por mí, pero ya era suficiente con la habitación del hotel, el dinero que me había dado, no quería que se gastara el dinero en ponerme también un vigilante. Yo sabía cuidarme sola.
-Sabes, creo que ha habido un error-me cogí de su brazo para sacarle del comedor-vuelve con Marc, yo no te  necesito.
-Eso me lo dirá él- no dio un paso más.
         No quería ofenderle, él se había portado muy bien conmigo siempre. Pero me ponía de los nervios saber que estaba ahí observándome. Terminé corriendo mis tareas, y fuimos al coche.
         Cuando entro en la habitación conmigo y la registro, en ese momento empecé a subirme por las paredes. El colmó fue saber que ocupaba la habitación contigua a la mía, teníamos incluso una puerta interior que nos comunicaba.
         Estaba muy enfadada, empecé a pasearme por la habitación. Paso una hora, dos, intente relajarme tomando una ducha. Tenía miedo que Marc no pasará por allí, antes de ir a su habitación. Aún estaba picada por su abandono las dos últimas noches.
         Estaba haciendo un zapping cuando llamaron a la puerta, Marc entró con aspecto de estar muy cansado. Dani asomo la cabeza por la puerta interior, ¡No me lo podía creer! Saludo a Marc con la mano y desapareció.
-¡Marc esto no puede ser!- Le enfrente con los brazos en jarras.
-Tu decidiste quedarte-tenía un aire de suficiencia.
-Tu lo has dicho yo decido, y lo que quiero es quedarme aquí sola.
         No pensaba ceder, estaba decidida a imponerme. No me esperaba su reacción, me tomo en sus brazos para hablarme muy cerca.
-¿Cómo quieres que te deje aquí sola?
         Había bajado la intensidad de su voz a un susurro profundo, beso mi nariz. Me sentí como una niña caprichosa. Me tenía calada.
-Se apañármelas muy bien-sabía que había perdido.
-Yo estaría muy preocupado por ti, solo serán diez días-sobre mis labios-hazlo por mí.
         No se quién comenzó el beso, mis nervios  estaban a flor de piel, estábamos hablando de su marcha. Una punzada de dolor me atravesó el pecho.
-También puedes venir…-me beso el cuello, jugaba sucio.
         Estaba siendo claramente manipulada, era un actor, me estaba montando una escena donde yo era la tonta incauta. Pero su boca y manos me impedían pensar.
-No puedo…-no quería vivir a expensas de su tiempo- tampoco quiero un vigilante, es muy caro.
-No puedo marcharme y dejarte sola, eso no es nada ahora me puedo permitir casi cualquier cosa, me siento responsable de ti.
         Metí mis manos entre su pelo, le mire fijamente a los ojos. Estaba tan enamorada que dolía, no quería admitir que en el fondo estaba encantada, Con Dani no me sentiría tan sola.
-Vale-estaba un poco cortada.
-¿De verdad no quieres venir?
         Me lo decía muy en serio, quería que fuera con él. Mordí mi lengua para no decirle si, mi mente estaba saturada de imágenes de revistas, comentarios maliciosos y de la vida real.
-Aún no-una lágrima rodó por mi mejilla.
-¡no, no, no te preocupes no pasa nada!-me estrecho tiernamente entre sus brazos.
-¿Te quedaras a dormir?-las palabras se me atascaban en la garganta.
         No me contesto, me tomo en brazos y me dejo sobre la cama, cuando comenzó a subirse la camiseta ya no fui dueña de mis actos, le atrape por el pantalón y de un solo movimiento lo tuve bajo mis piernas.
-¡Como te voy a echar de menos!-Su risa inundo la habitación.


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