Capitulo 14
La espera se me estaba haciendo
interminable, los días caían sobre mi a plomo. Parecía mentira que
Marc alguna vez volviese a aparecer por allí. Tenía la certeza de
su regreso,” le esperaban para grabar”. Me sentía ansiosa, me
agarraba al brazo de Dani sin parar, estaba azorado pero me
permitía hacerlo, él era el punto de unión de mi vida con Marc. Lo
había contratado él personalmente para protegerme.
No tenía muchas ganas de salir, pero era
el cumpleaños de Nana. Decidimos ir a la bolera y a cenar, todo muy
americano. Nuestro grupo destacaba mucho, en aquella ciudad. Cada vez
que podía, hablaba con Gerardo y Jairo en español. Se veía a lo
lejos que todos éramos de diferentes culturas, pero como teníamos
tan buen rollo, todos nos respetaban. La presencia de Dani también
ayudaba bastante.
En la bolera no pude dejar de reír,
solo había jugado en la videoconsola, no tenía ni idea. Los demás
tampoco estaban para dar lecciones. Dani y Bill se enzarzaron en su
guerra particular, eso si era un espectáculo.
Bill me estaba empezando a irritar, cada
vez que hacía una buena jugada, me cogía en brazos, daba un
par de vueltas y me soltaba dándome un sonoro beso en la mejilla.
Con el mismo espíritu festivo nos fuimos
a cenar, el restaurante era muy acogedor, tenía una gran vidriera
por fuera. Empezamos a pedir, yo no me quise arriesgar mucho y solo
quise pedir una ensalada. El tenedor nunca llego a mi boca.
El elenco de actores en su totalidad
estaban entrando por la puerta, el aire escapo de mis pulmones. Los
flashes de las cámaras iluminaban el interior, pude ver
claramente como Marc entraba con su compañera de reparto bajo el
brazo. Mirándola con una cara de enamorado, que daba asco. Me
levanté sin sentir nada, ni frío, ni calor, no sentía ni furia,
solo un gran vacío. ¿Por qué?
Sabía que esto iba a pasar y hasta pude
imaginarme el dolor que sentiría. Estaba en estado de shock, oía un
repiqueteo, no me di cuenta que eran mis manos sujetando la silla,
estaba temblando.
Bill eligió ese momento para salir del
baño, no se lo pensó dos veces y volvió a cogerme en brazos. Esta
vez lo recibí con alivio, me cogí a su cuello y solo pude suplicar.
-Sácame
de aquí.
Me miró muy serio, se dio cuenta de que
algo no iba bien. Le agradecí que no hiciera preguntas. Me saco en
brazos por la puerta trasera, directamente al aparcamiento. Yo solo
podía llorar, hipaba sin parar, ya había empezado a sorber por
la nariz.
En mi mente se repetían una tras otra
todas las imágenes de Marc en la revista, y en otro rincón mis
propios recuerdos. Me estaba matando la imposibilidad de saber, cual
había sido mi verdad. ¿Todo había terminado? Ayer mismo había
sido muy cariñoso conmigo.
Había dejado de espiarlo en Internet, ya
no seguía sus aventuras de discoteca. No había comprado ni una sola
revista, no quería saber nada. Hay estaba mi error, si lo hubiese
hecho ahora no me hubiera cogido de sorpresa.
Tenía tantas fantasías montadas con
Marc, pero realmente nunca las podía ni siquiera materializar en mi
imaginación. Quizás estaba escrito, por eso nunca veía un futuro
para los dos. Yo no veía para nada viviendo esa vida, y esa chica
realmente le cuadraba, era todo lo que yo nunca sería. ¿A quién
pretendes engañar?
-¿Qué
pasa?-Bill se había asustado con mi último estertor de dolor.
Ya habíamos llegado a su coche, era un
poco cómico ver como intentaba abrir la puerta sin soltarme. Me
sentí un poco culpable, no tenía derecho a hacerle pasar por esto,
era mi problema.
-¿Podrías
quitar tus manos de encima de mi novia?
Giro con migo aún en brazos, yo me había
quedado sin habla. Aún no podía mirarle, escondí mi cara en el
hombro de Bill. No podía dejar de llorar estaba muy avergonzada.
Estaba muy arrepentida, me había dado el lujo de soñar otra vez, la
realidad había vuelto a mí de la peor manera posible.
No lo miraba pero sabía que estaba cerca,
podía sentirlo. Alcé mi mano hacia el para pararlo. Una corriente
eléctrica recorría mi brazo, hasta extenderse en hondas por mi
mano, estaba transmitiendo mi dolor.
Marc tomo mi mano, comenzó a besar cada
uno de mis dedos. Mi mano estaba muerta, como mi cuerpo. No quería
sentir su calor, ni sus besos, pero los sentía.
No hubo dialogo entre Marc y Bill, este
había sido un testigo mudo de nuestro encuentro. No se lo que hizo
Marc para que me traspasara a sus brazos. Mi mente se resistió,
pero mi cuerpo se hundió en ellos como en el olvido.
-Perdóname,
perdóname, perdóname amor mío-me susurraba al oído.
Mi cuerpo volvió a cobrar vida propia,
mis brazos rodearon su cuello con fuerza, hundí mi cara en su
cuello. Era una simple espectadora de mis acciones. Hundí mis dedos
en sus cabellos, realmente lo amaba.
-Soy
un diota.
Se me ocurrían un montón de
calificativos, idiota era demasiado suave. No tenía fuerzas ni para
enfadarme, estaba imposibilitada para hablar. Solo pasaba mis manos
por su pelo con desesperación, me estaba despidiendo. No podía
mirarle a los ojos, aún no.
-¡Dime
algo, lo que sea!-Marc estaba comenzando a asustarse.
-¿Por
qué?-no podía casi hablar, las palabras quemaban en mi garganta.
-Es
todo mentira, puro marketing-quiso que le mirara a la cara, no pudo
conseguirlo-Estábamos actuando… además tu deberías saber porque.
Esto si me hizo mirarle a la cara, claro
que lo sabía, “¡todos los hombres eran unos cerdos, incapaces de
tener la bragueta cerrada!”, le mire con todo el disgusto que
sentía.
-Malcom
me dijo que te lo había explicado todo-estaba confuso- creí que
estabas al corriente.
Quería creerle con todas mis fuerzas,
pero esto era la confirmación a todos mis miedos. Son capaces de
decir cualquier cosa, hacer cualquier cosa para salir indemnes. Negué
con la cabeza, ya no era tan ingenua.
-Suéltame,
ya se me ha pasado-no podía mirarle a la cara, tenía miedo a que se
me escapara la mano.
Me dejo en el suelo, pero mis manos
seguían entrelazadas en su cuello, mi cuerpo se negaba a separarse
de él. Me permití por un momento sentir por completo su cuerpo
contra él mío, oler su colonia, le había echado mucho de menos. El
seguía muy quieto y callado, sus manos acariciaban mi espalda.
-¡Como
te he echado de menos!-me apretó con fuerza.
Apoye mis manos en su pecho para poder
tener el impulso necesario, para separarme de él, no podía
respirar. Me dejó que lo hiciera, me tome unos segundos para tomar
el control de mi cuerpo, la angustia quemaba mi cuerpo. Le mire a la
cara intensamente, estaba guapísimo, por un momento quede atrapada
en sus ojos, pero pronto comencé a darme cuenta de los detalles.
Estaba muy bien peinado y llevaba
maquillaje. Esto realmente era una prueba de lo que me estaba
diciendo. Le pase los dedos por las mejillas, sus cejas y por sus
labios. Su boca voló hacia la mía, hundí mis manos en sus
cabellos, yo también le había echado muchísimo de menos.
-No
digas más, por favor. No quiero saber nada-era mejor vivir en la
ignorancia.
-Pero…
No le deje hablar, mi boca sello la
suya, puse toda mi alma en aquel beso. Nuestras ropas empezaron a
incomodarnos, el calor se expandía como llamaradas entre nosotros.
-¡Marc!
Le llamaban desde el restaurante, el
hechizo fue roto, se debía a su trabajo. Me miró con pena, mi
cuerpo volvió a quedarse vacío, me acarició la mejilla. Tenía que
regresar, le estaban esperando.
Dani apareció de repente junto a mí, me
paso su brazo por los hombros. Marc se despidió con un movimiento de
la mano mientras corría hacia la entrada. Dani me mantenía trabada
a su lado, comenzaba a conocerme.
Me metió en el coche con sumo cuidado,
a mi lado una caja de bombones, en ese momento lo ame. Me acerque por
detrás y le dí un beso en la mejilla.
-No
te preocupes, volverá muy pronto.
Yo lo dudaba mucho, ni siquiera sabía
donde vivíamos ahora, yo que estaba tan ilusionada con hacerle un
gran recibimiento. Desde luego era una tonta, la desilusión me
embargo por completo. Las lagrimas comenzaron a rodar por mi cara,
grandes y amargas. Dani condujo en silencio por el pueblo, hasta
llegar a nuestro pequeño apartamento. Para mi vergüenza, me tuvo
que coger en brazos, me había convertido en un ovillo, era incapaz
de moverme.
No dejo que me acostara, me preparo un
chocolate bien caliente. ¡Fantástico esa noche iba a morir de una
sobre dosis de chocolate!
-Esto
que ha ocurrido hoy, es muy normal. Les sirve de promoción, mañana
la noticia estará por todas partes-se sentó pesadamente junto a mí-
no ha sido nada personal.
-Eso
no te lo crees ni tú-era totalmente escéptica- ¿Por qué no me
dijo nada cuando hablamos? Tuvo muchísimas oportunidades.
Repase mentalmente todas nuestras
conversaciones, y no me acordaba para nada que lo que había pasado
aquella noche, se hubiera mencionado en ninguna.
-
Por eso no te lo dijo, esto ha ocurrido antes. Todo esto es por mi
culpa, yo tenía que mantenerte alejada- tomo sus cabeza entre sus
manos- soy imbécil, debí darme cuenta de que Malcom preparaba algo
como esto.
-No
se lo que os traéis entre manos, pero me parece de lo mas rastrero-
acabe subida sobre el sofá- ¿Qué es exactamente lo que ocurre?
Dani me ignoraba, estaba ensimismado en
sus pensamientos. No quería darle una oportunidad para que se
inventara cualquier trola. Le cogí por la solapa de la camisa, pero
me miró tan tranquilo.
-¡Todo
esto es obra de Malcom, esa bruja entrometida!, ella vario las fechas
para que esto ocurriese.
-¿Bruja?
-
Si una bruja seca y amargada.
Me vino a la mente mi incidente, mi primer
día en el set. Esa mujer sabía exactamente quien era yo, cuando me
echo de la caravana. Y ahora había conseguido, no se como, que Marc
y yo nos encontrásemos. Esto era demasiado rebuscado.
-Marc
la va a matar, cuando se entere-dijo como para si.
-¿Cuándo
hizo esto antes?
-Marc
tenía una novia cuando empezó esta locura, cosas como estas
acabaron con su relación. Por eso, planea muy bien su trabajo, para
que no interfiera con su vida personal, pero eso es casi imposible.
Lo siento Irene.
Yo no quería oírle, alguien tenía el
poder de manipular nuestras vidas a su antojo, no me gustaba nada. Y
desde luego saber que Marc, era tan fácil de llevar al huerto, me
parecía de lo más débil. Me levante para acostarme, necesitaba
meditar todo aquello.
-El
vendrá enseguida.
-No,
no vendrá.
Sabía que Dani no me refutaba, yo estaba
en lo cierto, esa noche no vería de nuevo a mi adorado Marc. Era
solo un actor, en busca de fama y dinero, no tenía escrúpulos. Los
regalos apilados por los rincones me daban nauseas, tenía que
escapar de todo aquello.
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