Capitulo 17
Nos estábamos friendo literalmente bajo el
sol abrasador, pero no podía dejar de mirarle. ¡Había venido a buscarme!
-¡Estas aquí!- le miraba embelesada.
-Si...estoy aquí-beso mi pelo, suspiro y volvió
a abrazarme fuertemente.
Los minutos pasaban, no me atrevía a
soltarlo, pero hacía calor de verdad, Marc estaba transpirando. Las vecinas
estaban comenzando a salir.
-¿Cómo me has encontrado?-vivía en el sitió
mas recóndito de Almería.
-Gracias al GPS, ¿aquí nadie habla Ingles?-
me dije para mí ¿si tu supieras?- Me he perdido un par de veces, creí por un
momento que estaba en el desierto, pero desde luego solo pensaba en encontrarte
y en volver a verte.
Las piernas me temblaban, me hubiese
gustado arrastrar a Marc dentro del coche y dar rienda suelta a mis bajos
instintos, pero allí estaba mi familia. Además Marc estaba al borde de la
lipotimia. No estaba vestido para este clima. Todo de negro y encima con
chaqueta, desde luego que le hacía falta beber algo fresco.
-Vamos a casa- me aterre- no te asustes por
nada de lo que veas ¿vale?
-Tú nos has visto donde vivía yo antes-
miro a su alrededor- este sitio es precioso.
Pensé para mis adentros que no había estado
allí a las tres de la tarde, ¡Ups! No tenía aire acondicionado, claro que
tampoco sabía el tiempo que iba a quedarse.
-¿Donde dejo el coche?
-Dame las llaves- Se las dí a mi tío era el
municipal del pueblo sí molestaba el lo retiraría, esas son las ventajas de
vivir en un pueblo tan pequeño.
Subimos por la pequeña cuesta que llevaba a
mi casa, estaba nerviosa. No podía creer que Marc estuviese allí de verdad. Los
vecinos se asomaban, para vernos pasar. Empezó a ponerse inquieto.
-No te preocupes, no tienen ni idea de
quien eres- le sonreí con picardía.
-¿De verdad?- estaba perplejo, hace mucho
tiempo que eso no le pasaba- ¿Pero nos miran?
-Porque eres el chico que llevo yo de la
mano- alce nuestras manos entrelazadas para mostrárselo.
Enseguida llegamos a la puerta de casa, la
mesa estaba totalmente llena de platos rebosantes de comida. Mi madre ya sabía
que venía acompañada, mi padre aún no había llegado, pero seguro que estaba ya
informado.
-Mama, este es Marc- le hice un gesto a mi
madre, llevaba aún el mandil puesto- Marc esta es mi madre, Se llama Loles.
Mi madre lo miro bien de arriba abajo, me
miro a mí y sonrío. Le dio un sonoro Le dio dos sonoros besos en la mejilla.
-Que alto y guapo eres- Marc no entendía
nada- Niña ve y búscale ropa de tus hermanos que se ponga fresco.
Mire a mi madre alucinada, se perdió en la
cocina. Aceptaba a Marc a la primera. Luego iría a la cocina a ver como tenía
las escobas. Allí tenían la superstición, si se gira la escoba y se coloca al revés
la visita se va en un periquete, mi madre era experta en eso.
Le tome de la mano y lo subí al piso de
arriba, no podía dejar de tocarlo. Marc estaba mirándolo todo con los ojos como
platos. Creo que no sabía si darle crédito a todo lo que veía. Las camas aún
eran de hierro, las colchas de ganchillo, cortinas bordadas, todo del siglo pasado.
-Esto es...
-Horroroso, ya lo se- a esto no estaba
desde luego habituado una estrella de cine.
-No, precioso muy autentico- tocaba con
delicadeza el forjado de la cama.
-Todo esta muy viejo- seguía tocando la
colcha, estaba en su mundo.
Le saque una camisa, unos bermudas y unas
chanclas. Mis hermanos venían los veranos y siempre dejaban ropa. Una manera de
sentir que seguían en casa. Salí discretamente del cuarto, necesitaba un poco
de aire.
Desde mi habitación se veía el mar, que
rustico debía parecerle todo aquello, las ventanas seguían siendo de madera con
contras ventanas. Cuando me volví el aire escapo de pulmones. Un jovencísimo
Mark Lewis me estaba mirando desde mi puerta. Desde luego esa ropa le
favorecía, nada de negro mientras estuviese conmigo... eso era lo que no me
atrevía a pensar hasta cuando.
-Estas guapísimo- estaba más delgado y muy
pálido- ¡Ufff! Cuando te vea mi madre.
-¿Que me va a decir?- se miró de arriba
abajo.
-Marc te va a cebar, estas muy delgado.
-Y tu muy morena- se acerco para acariciar
mi hombro bronceado- mas bien diría que dorada.
Tome su mano para comparar el tono de
nuestras pieles, desde luego había mucha diferencia. Acarició mi cara, me miro
intensamente a los ojos.
-Estas guapísima- dijo mi misma frase pero
con más pasión, me derretí.
Mi madre nos llamo desde el comedor, le di
un rápido beso, el no se conformo con eso, se fundió literalmente con mi boca,
me dejo atolondrada, fue él el que me tuvo que llevar arrastras por las
escaleras.
Mi padre estaba ya en casa, estaba muy
serio, ¿Que le habría dicho mi madre? Se levanto como si tuviese un resorte y
tendió la mano a Marc, este ni se lo pensó, la estrecho sin vacilación. Punto
para Marc, a mi padre le encantaban los apretones enérgicos.
-Este es mi padre, Pepe- y en español- este
es Marc.
-¿Como estas?- Grito mi padre.
-Papa, habla Ingles no esta sordo- me reí
con mi padre.
Marc estaba muy rígido observándonos, ahora
le tocaba el turno de no enterarse de nada. Sabía lo frustrante que podía
llegar a ser. Empecé a hacer de traductora.
Nos sentamos juntos en la mesa, mi mano
entrelazada con la suya descansaba en su muslo. Mi padre quería saber todos lo
detalles de su viaje. Parecía interesarse demasiado, el también estaba
nervioso.
-¿A que te dedicas?- Marc me miró
alucinado, estrecho mi mano.
-Soy actor....
Mi padre se desilusiono, eso no le parecía
ningún buen trabajo, sentí como Marc se empequeñecía a mi lado.
-Ah, bueno...
-También he trabajado como cocinero.
-Eso si que es un trabajo con futuro.
Mi padre seguro que ya estaba pensando en
meterlo a trabajar en algún sitio. Tuve que intervenir.
-Papa el gana mucho como actor- le mire
colorada- es muy bueno.
-Si, claro- mi padre lo miraba por encima
del hombro- ¿Dónde vives?
-Ahora viajo mucho.
Otro punto perdido con mi padre, Marc lo
sabía. Pero también sabía que para ellos su fama no valía nada. No veían en la
televisión nada más que las noticias y a veces ni eso.
-Tengo cuatro casas-sonrió- le he comprado
un apartamento en Londres a su hija y...
-¿Quién eres tú para comprarle nada a mi
hija?- no lo pensé y lo traduje sin mas.
-Yo quiero a su hija, Señor- se puso de pie
dándole más énfasis.
-¿Por qué volvió destrozada entonces?
-Eso aun lo tenemos que hablar- mi cara
estaba ardiendo- pero lo que no hay duda es que quiero a su hija, he cruzado
medio mundo para decírselo.
El sonido de las cacerolas en la cocina
termino con la conversación embarazosa. Los platos de Marc estaban muy
colmados, me mirón con desazón.
-No te preocupes, come lo que tengas ganas.
Pero resulta que le gusto todo, creí que
iba a reventar. Todo estaba delicioso, mi madre estaba encantada. Para terminar
le dio una enorme tajada de sandía, fresca y roja.
Mi padre pasaba de nosotros, se despidió y
se metió en su cuarto, Marc intento recoger la mesa pero mi madre le miro
horrorizada.
-Es costumbre en su país, mama.
-Pues aquí no, anda ve y enséñale donde va
a dormir- me guiño un ojo- Papa no va a subir para nada.
En el piso de arriba hacía muchísima calor,
lo lleve a la ultima planta al cuarto de los aperos, mi padre tenía allí todos
sus artes de pesca. Olía a pescado, pero también a sal y era un sitio fresco.
Una cama estaba junto a la ventana, recibía toda la brisa del mar.
Nos acostamos juntos, en la estrecha cama,
no podía dejar de mirarle. Muchas veces había tendido este mismo sueño, tenerle
así junto a mí. Luego pensé en llevarlo a la playa para que tomara un baño y
empezara a tostarse al sol.
-Tus padres son fantásticos, que comida tan
buena- se relamió de gusto- el gazpacho estaba buenísimo.
-¿De verdad te ha gustado?- no quería darle
a mi voz ese tono tan angustiado, pero estaba un poco emocionada. Tenía ojos en
la cara y mi familia era buena pero bastante anticuada.
-Pero lo que me ha gustado más es volver a
verte- me puse roja como una amapola- le debes una disculpa.
-Si tienes razón...
-Llegó a Londres por su cuenta por su
cuenta, puso patas arriba toda la ciudad buscándote- acaricio mi pelo- gracias
a él supe donde estabas. Lo siento.
-No eres tú, soy yo que soy idiota- me
sentía tan culpable.
-El idiota soy yo, por hacerle caso a
Malcom- me agarró por la cintura y me acerco más a él- no se como hacer esto,
quiero que sea perfecto para que no tengas dudas de mí.
Me beso y me susurro que me quería. Tenía
que creerlo, había venido por mí. Me repetía una y otra vez que no debía dudar.
-¿Qué es lo que te gusta de mí?- me mordí
los labios pero tenía que saberlo.
-Esta boquita, tus ojos, tu olor, esto
también me gusta- siguió la curva de mi espalda hasta descansar su mano en mi
trasero, me beso en el cuello- que seas tan impulsiva y transparente. Todos
preguntan por ti en el set, incluso en el hotel. Eres cariñosa y simpática por
naturaleza, iluminas la habitación con tu luz. Y yo soy un tonto enamorado.
Ahora él estaba colorado, era muy tímido y
encantador. Yo también le demostré lo que él me gustaba, acariciándole de la
misma manera. Hicimos el amor lentamente, con la perezosa parsimonia de una
tarde de verano.
Me quede dormida, cuando me desperté había
oscurecido, me asuste mucho al no ver a Marc. Sabía que no se había marchado,
había cruzado medio mundo para estar conmigo, pero ¿donde estaba?
Baje las escaleras corriendo, la casa
estaba en un silencio sepulcral. Salí a la calle despavorida, para encontrarme
a mi madre tan tranquila dos casa mas abajo sentada y charlando con las
vecinas.
-Ya era hora hija, no me mires así. Marco
esta con tu padre en el bar.
No podía entender que hacían Marc y mi
padre juntos. Entre en casa corriendo, para ducharme, el sudor de mi cuerpo se
había vuelto pegajoso.
Cuando terminé el baño, me lleve una
agradable sorpresa. Mi padre había llegado, estaban los dos sentados tomando
tinto de verano, al fresco en la calle.
La risa estridente de Marc me pillo por
sorpresa, mi padre y él se entendían de maravilla. Lo mire con embeleso, el me
hizo un gesto con la copa. Estaba totalmente relajado, aquí podía ser el mismo.
Me ha encantado el capitulo. Que bonito el reencuentro :) tu novela me esta enganchado mucho desde que la vi en tuenti. Besos.
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