lunes, 1 de octubre de 2012

Un beso en Londres capitulo 17


Capitulo 17

Nos estábamos friendo literalmente bajo el sol abrasador, pero no podía dejar de mirarle. ¡Había venido a buscarme!
-¡Estas aquí!- le miraba embelesada.
-Si...estoy aquí-beso mi pelo, suspiro y volvió a abrazarme fuertemente.
Los minutos pasaban, no me atrevía a soltarlo, pero hacía calor de verdad, Marc estaba transpirando. Las vecinas estaban comenzando a salir.
-¿Cómo me has encontrado?-vivía en el sitió mas recóndito de Almería.
-Gracias al GPS, ¿aquí nadie habla Ingles?- me dije para mí ¿si tu supieras?- Me he perdido un par de veces, creí por un momento que estaba en el desierto, pero desde luego solo pensaba en encontrarte y en volver a verte.
Las piernas me temblaban, me hubiese gustado arrastrar a Marc dentro del coche y dar rienda suelta a mis bajos instintos, pero allí estaba mi familia. Además Marc estaba al borde de la lipotimia. No estaba vestido para este clima. Todo de negro y encima con chaqueta, desde luego que le hacía falta beber algo fresco.
-Vamos a casa- me aterre- no te asustes por nada de lo que veas ¿vale?
-Tú nos has visto donde vivía yo antes- miro a su alrededor- este sitio es precioso.
Pensé para mis adentros que no había estado allí a las tres de la tarde, ¡Ups! No tenía aire acondicionado, claro que tampoco sabía el tiempo que iba a quedarse.
-¿Donde dejo el coche?
-Dame las llaves- Se las dí a mi tío era el municipal del pueblo sí molestaba el lo retiraría, esas son las ventajas de vivir en un pueblo tan pequeño.
Subimos por la pequeña cuesta que llevaba a mi casa, estaba nerviosa. No podía creer que Marc estuviese allí de verdad. Los vecinos se asomaban, para vernos pasar. Empezó a ponerse inquieto.
-No te preocupes, no tienen ni idea de quien eres- le sonreí con picardía.
-¿De verdad?- estaba perplejo, hace mucho tiempo que eso no le pasaba- ¿Pero nos miran?
-Porque eres el chico que llevo yo de la mano- alce nuestras manos entrelazadas para mostrárselo.
Enseguida llegamos a la puerta de casa, la mesa estaba totalmente llena de platos rebosantes de comida. Mi madre ya sabía que venía acompañada, mi padre aún no había llegado, pero seguro que estaba ya informado.
-Mama, este es Marc- le hice un gesto a mi madre, llevaba aún el mandil puesto- Marc esta es mi madre, Se llama Loles.
Mi madre lo miro bien de arriba abajo, me miro a mí y sonrío. Le dio un sonoro Le dio dos sonoros besos en la mejilla.
-Que alto y guapo eres- Marc no entendía nada- Niña ve y búscale ropa de tus hermanos que se ponga fresco.
Mire a mi madre alucinada, se perdió en la cocina. Aceptaba a Marc a la primera. Luego iría a la cocina a ver como tenía las escobas. Allí tenían la superstición, si se gira la escoba y se coloca al revés la visita se va en un periquete, mi madre era experta en eso.
Le tome de la mano y lo subí al piso de arriba, no podía dejar de tocarlo. Marc estaba mirándolo todo con los ojos como platos. Creo que no sabía si darle crédito a todo lo que veía. Las camas aún eran de hierro, las colchas de ganchillo, cortinas bordadas, todo del siglo pasado.
-Esto es...
-Horroroso, ya lo se- a esto no estaba desde luego habituado una estrella de cine.
-No, precioso muy autentico- tocaba con delicadeza el forjado de la cama.
-Todo esta muy viejo- seguía tocando la colcha, estaba en su mundo.
Le saque una camisa, unos bermudas y unas chanclas. Mis hermanos venían los veranos y siempre dejaban ropa. Una manera de sentir que seguían en casa. Salí discretamente del cuarto, necesitaba un poco de aire.
Desde mi habitación se veía el mar, que rustico debía parecerle todo aquello, las ventanas seguían siendo de madera con contras ventanas. Cuando me volví el aire escapo de pulmones. Un jovencísimo Mark Lewis me estaba mirando desde mi puerta. Desde luego esa ropa le favorecía, nada de negro mientras estuviese conmigo... eso era lo que no me atrevía a pensar hasta cuando.
-Estas guapísimo- estaba más delgado y muy pálido- ¡Ufff! Cuando te vea mi madre.
-¿Que me va a decir?- se miró de arriba abajo.
-Marc te va a cebar, estas muy delgado.
-Y tu muy morena- se acerco para acariciar mi hombro bronceado- mas bien diría que dorada.
Tome su mano para comparar el tono de nuestras pieles, desde luego había mucha diferencia. Acarició mi cara, me miro intensamente a los ojos.
-Estas guapísima- dijo mi misma frase pero con más pasión, me derretí.
Mi madre nos llamo desde el comedor, le di un rápido beso, el no se conformo con eso, se fundió literalmente con mi boca, me dejo atolondrada, fue él el que me tuvo que llevar arrastras por las escaleras.
Mi padre estaba ya en casa, estaba muy serio, ¿Que le habría dicho mi madre? Se levanto como si tuviese un resorte y tendió la mano a Marc, este ni se lo pensó, la estrecho sin vacilación. Punto para Marc, a mi padre le encantaban los apretones enérgicos.
-Este es mi padre, Pepe- y en español- este es Marc.
-¿Como estas?- Grito mi padre.
-Papa, habla Ingles no esta sordo- me reí con mi padre.
Marc estaba muy rígido observándonos, ahora le tocaba el turno de no enterarse de nada. Sabía lo frustrante que podía llegar a ser. Empecé a hacer de traductora.
Nos sentamos juntos en la mesa, mi mano entrelazada con la suya descansaba en su muslo. Mi padre quería saber todos lo detalles de su viaje. Parecía interesarse demasiado, el también estaba nervioso.
-¿A que te dedicas?- Marc me miró alucinado, estrecho mi mano.
-Soy actor....
Mi padre se desilusiono, eso no le parecía ningún buen trabajo, sentí como Marc se empequeñecía a mi lado.
-Ah, bueno...
-También he trabajado como cocinero.
-Eso si que es un trabajo con futuro.
Mi padre seguro que ya estaba pensando en meterlo a trabajar en algún sitio. Tuve que intervenir.
-Papa el gana mucho como actor- le mire colorada- es muy bueno.
-Si, claro- mi padre lo miraba por encima del hombro- ¿Dónde vives?
-Ahora viajo mucho.
Otro punto perdido con mi padre, Marc lo sabía. Pero también sabía que para ellos su fama no valía nada. No veían en la televisión nada más que las noticias y a veces ni eso.
-Tengo cuatro casas-sonrió- le he comprado un apartamento en Londres a su hija y...
-¿Quién eres tú para comprarle nada a mi hija?- no lo pensé y lo traduje sin mas.
-Yo quiero a su hija, Señor- se puso de pie dándole más énfasis.
-¿Por qué volvió destrozada entonces?
-Eso aun lo tenemos que hablar- mi cara estaba ardiendo- pero lo que no hay duda es que quiero a su hija, he cruzado medio mundo para decírselo.
El sonido de las cacerolas en la cocina termino con la conversación embarazosa. Los platos de Marc estaban muy colmados, me mirón con desazón.
-No te preocupes, come lo que tengas ganas.
Pero resulta que le gusto todo, creí que iba a reventar. Todo estaba delicioso, mi madre estaba encantada. Para terminar le dio una enorme tajada de sandía, fresca y roja.
Mi padre pasaba de nosotros, se despidió y se metió en su cuarto, Marc intento recoger la mesa pero mi madre le miro horrorizada.
-Es costumbre en su país, mama.
-Pues aquí no, anda ve y enséñale donde va a dormir- me guiño un ojo- Papa no va a subir para nada.
En el piso de arriba hacía muchísima calor, lo lleve a la ultima planta al cuarto de los aperos, mi padre tenía allí todos sus artes de pesca. Olía a pescado, pero también a sal y era un sitio fresco. Una cama estaba junto a la ventana, recibía toda la brisa del mar.
Nos acostamos juntos, en la estrecha cama, no podía dejar de mirarle. Muchas veces había tendido este mismo sueño, tenerle así junto a mí. Luego pensé en llevarlo a la playa para que tomara un baño y empezara a tostarse al sol.
-Tus padres son fantásticos, que comida tan buena- se relamió de gusto- el gazpacho estaba buenísimo.
-¿De verdad te ha gustado?- no quería darle a mi voz ese tono tan angustiado, pero estaba un poco emocionada. Tenía ojos en la cara y mi familia era buena pero bastante anticuada.
-Pero lo que me ha gustado más es volver a verte- me puse roja como una amapola- le debes una disculpa.
-Si tienes razón...
-Llegó a Londres por su cuenta por su cuenta, puso patas arriba toda la ciudad buscándote- acaricio mi pelo- gracias a él supe donde estabas. Lo siento.
-No eres tú, soy yo que soy idiota- me sentía tan culpable.
-El idiota soy yo, por hacerle caso a Malcom- me agarró por la cintura y me acerco más a él- no se como hacer esto, quiero que sea perfecto para que no tengas dudas de mí.
Me beso y me susurro que me quería. Tenía que creerlo, había venido por mí. Me repetía una y otra vez que no debía dudar.
-¿Qué es lo que te gusta de mí?- me mordí los labios pero tenía que saberlo.
-Esta boquita, tus ojos, tu olor, esto también me gusta- siguió la curva de mi espalda hasta descansar su mano en mi trasero, me beso en el cuello- que seas tan impulsiva y transparente. Todos preguntan por ti en el set, incluso en el hotel. Eres cariñosa y simpática por naturaleza, iluminas la habitación con tu luz. Y yo soy un tonto enamorado.
Ahora él estaba colorado, era muy tímido y encantador. Yo también le demostré lo que él me gustaba, acariciándole de la misma manera. Hicimos el amor lentamente, con la perezosa parsimonia de una tarde de verano.
Me quede dormida, cuando me desperté había oscurecido, me asuste mucho al no ver a Marc. Sabía que no se había marchado, había cruzado medio mundo para estar conmigo, pero ¿donde estaba?
Baje las escaleras corriendo, la casa estaba en un silencio sepulcral. Salí a la calle despavorida, para encontrarme a mi madre tan tranquila dos casa mas abajo sentada y charlando con las vecinas.
-Ya era hora hija, no me mires así. Marco esta con tu padre en el bar.
No podía entender que hacían Marc y mi padre juntos. Entre en casa corriendo, para ducharme, el sudor de mi cuerpo se había vuelto pegajoso.
Cuando terminé el baño, me lleve una agradable sorpresa. Mi padre había llegado, estaban los dos sentados tomando tinto de verano, al fresco en la calle.
La risa estridente de Marc me pillo por sorpresa, mi padre y él se entendían de maravilla. Lo mire con embeleso, el me hizo un gesto con la copa. Estaba totalmente relajado, aquí podía ser el mismo.

1 comentario:

  1. Me ha encantado el capitulo. Que bonito el reencuentro :) tu novela me esta enganchado mucho desde que la vi en tuenti. Besos.

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